18 sep 2020

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tú y yo somos tres

«¡Socorro, quiero salir!»

Ferran Monegal

El concepto de terapia de choque que practica Pedro García Aguado en Hermano mayor (Cuatro) sigue siendo tan discutible como espeluznante. Esta semana agarró a Marina, una joven de 18 años totalmente desequilibrada, que agredía insultaba y mordía a su madre («¡Asquerosa, hija de puta, me das puto asco, te voy a vomitar en la cara!») y la encerró en un contenedor como método curativo. Allí dentro, a oscuras, Marina pedía socorro, auxilio, y gritaba, llorando desesperada, «¡Quiero salir!» Y Pedro, junto a la inmensa caja metálica, le decía que así comprendería lo que es la soledad.

Hombre, las intenciones de Pedro, y las maneras que tiene, no son canallas. Es de justicia resaltar que intenta hacer algo de utilidad. Pero el resultado del método que pone en práctica es sonrojante. Cada semana los ojeadores de este programa buscan por la España invertebrada las criaturas más cafres. Cada semana intentan superarse sacando chicas y chicos enfermos, violentos y descerebrados con el único fin de horrorizarnos. Televisivamente hablando es una escaladada de impactos. No sabemos si lo que pretenden es culminar con alguien que mate en directo a su madre o a su padre. Como terapia no conduce a nada: lo que necesitan estos muchachos no es sumergirse en un programa de televisión, sino ser ingresados en una institución médica y que les traten. Sorprende la noticia de que Hermano mayor haya sido comprado por La Sexta, una cadena que ya forma parte del árbol multimedia de Antena 3 TV.

PERFUME ANA ROSA .- Sigamos en la cadena Cuatro. El programa Callejeros acaba de presentarnos una edición especial titulada Señora prostituta. Ha sido de una sordidez demoledora. Han viajado a Madrid, Barcelona, Sevilla, Vigo, Santiago... a la caza de prostitutas mayores de 60 años. Paradas en las mugrientas esquinas de tristes barrios, la cámara las ha ido perforando de forma implacable. Podía haber sido un reportaje delicado. Les ha salido el infierno de Dante. Se merecían otro tratamiento estas ancianas señoras a las que la vida, y la tele, sigue golpeando. A una prostituta de Santiago, Lola, de 65 años, que estaba parada en una esquina de la calle de San Lorenzo, el reportero le ha preguntado qué llevaba en el bolso. Nos lo ha enseñado. Lleva un frasco de colonia Ana Rosa. Se perfuma tras cada servicio, para quitarse el olor a semen de loss clientes ocasionales.