24 oct 2020

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tú y yo somos tres

La justicia del rey

Ferran Monegal

En el segundo capítulo de la teleserie Toledo hemos visto que el paisaje de la carne sigue a todo trapo viento en popa. La hermosa musulmana Fátima vuelve a salir en pelotas. Y las escenas de frontis al descubierto se suceden con una alegría muy hermosa. Pero nada más comenzar el capítulo, la violación que sufre la pobre hija de un tabernero por parte de un canallesco pijito de la época, el joven Humberto, hijo del poderoso conde de Miranda, nos ha deparado una situación aleccionadora. Puesta la infame fechoría en manos de la justicia, le toca a don Rodrigo (Eduard Farelo) estudiar el caso y dictar sentencia. Y antes de que se pronuncie y emita veredicto el rey (Juan Diego) le manda llamar y tiene con él una luminosa conversación. Le dice, en tono persuasivo pero firme: «Rodrigo, hay cosas más importantes en el reino que el honor ultrajado de la hija de un tabernero. Miras amplias, Rodrigo, y sobre todo, ¡visión de Estado!». O sea, quiere el monarca que el canalla Humberto quede exculpado inmediatamente, porque su padre, el conde de Miranda, es un cortesano potente y desea tenerlo contento. Y el final de esta triste pero instructiva historia no puede ser más tremendo: es la propia hija del tabernero la que exculpa, a última hora, a su violador, porque el conde de Miranda le compra el alma con un puñado de monedas de oro. ¡Ah! Doble retorcimiento el que nos ha ofrecido esta teleserie. Por un lado, el corrompido sentido de la justicia por parte de un rey que, encima, pasó a la historia como Alfonso X el Sabio. Y por otro, la miserable prepotencia del noble y poderoso conde, aprovechándose de la desvalida y plebeya hija del tabernero. ¡Ah! Qué cosas pasaban en el siglo XIII, ¿verdad?

FRAGA.- He visto virtuosos trabajos televisivos alrededor de la muerte de Fraga. ¡Ah! La construcción de la necrológica, también llamada esquela, es un arte de gran delicadeza. Se trabaja con el cuerpo del finado todavía caliente y se busca conseguir un retrato edificante del muerto, cosa que la familia, y los amigos, agradecen muy sinceramente. En caso de que el desaparecido haya sido persona importante, la esquela puede alcanzar ribetes gloriosos. Se han dado casos en que la filigrana emotiva, e inmediata, de la necrológica no concuerda con lo que luego, más pausadamente, ha quedado del finado en la Historia. A veces la historia aumenta las virtudes expresadas en la esquela. A veces ocurre al revés.