24 oct 2020

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tú y yo somos tres

Peris-Poirot, detective de hotel

Ferran Monegal

Está resultando un notable éxito la serie Gran Hotel (A-3 TV). Y la incorporación de Pep Antón Muñoz encarnando al detective Ayala nos está deparando momentos muy disfrutables. Caracterizado al más puro estilo Hércules Poirot, resuelve siempre los misterios con una pasmosa celeridad. Su perspicacia, y su olfato, son fantásticos. Por ejemplo, se escucha un disparo, y mientras todos los del hotel creen que es un cazador furtivo que está disparando a algún conejo, aparece Muñoz/Ayala y advierte: «Lo dudo. Esto ha sonado a disparo de arma corta, pistola o revólver para ser exacto», y efectivamente, es el director del hotel que ha asesinado de un pistoletazo al recepcionista Pascual. Y claro, deja a todos pasmados. Tiene además la virtud este detective de aparecer siempre cuando menos se le espera, en los momentos más insospechados, y deja al personal completamente maravillado. Ataviado siempre con la extrema pulcritud que caracterizaba a Poirot, como en aquella definición que hizo de él su inseparable amigo el Capitán Arthur Hastings («Una mota de polvo en su gabán le habría causado más dolor que una herida de bala»), nuestro admirado Pep Antón Muñoz borda este personaje. A veces nos hace sonreír en casa porque aquí en Catalunya es inevitable asociarlo a su potentísimo e inolvidable personaje de Peris en El cor de la ciutat. Eso no es un lastre. Es solo un honroso pintoresquismo que este excelente actor, en Catalunya, llevará siempre asociado.

EL DÍA MÁS TRISTE DE MACIÀ .- La potencia de la televisión, como instrumento de colonización cerebral, es muy superior a la del cine o el teatro. El caso de Pep Antón Muñoz, al que siempre asociaremos al Peris, se da tambien en muchos excelentes actores que han participado en este valioso trabajo de Manuel Huerga y Toni Soler titulado 14 d'abril, Macià contra Companys (TV-3). Les vemos y nos acordamos de sus potentes registros en Polònia, Crackòvia, La Riera y hasta Plats bruts. De esta excepcional película, recreación histórica ficcionada con gran maestría, cabe elevar a categoría la última escena de Macià, tras claudicar de su República Catalana en favor de la República Española. Abatido, le dice a su esposa: «Avui es el dia mes trist de la meva vida. Ho he fet per ells, per estalviar-los una guerra». Efectivamente, a diferencia de los vascos, los catalanes siempre hemos querido ayudar a arreglar España. Y así nos va.