tú y yo somos tres

Rapado con cuchillo de cocina

Los himba se acicalan para la fiesta (’Perdídos en la ciudad’).

2
Se lee en minutos
Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

ver +

Ha concluido la estancia en España de los indios salvajes himba y mentawai (Perdidos en la ciudad, Cuatro) y aunque estos indígenas se van un poco tristes, porque son buena gente y nos han cogido cariño, la verdad es que no sabemos si van a quedar traumatizados de por vida después de las experiencias, o golpes, que les han propinado aquí. Uno de los momentos más duros fue cuando les llevaron al museo de cera. Se quedaron estupefactos. No aguantaron ni 10 minutos. Decían que aquello eran cadáveres, muertos embalsamados, y les dio unyuyuterrible. Pero seguramente el golpe más contundente fue llevarles al teatro a ver aNinacantando el musicalMamma mía. ¡Ah! Eso debe dejar una huella tremenda; muy profunda. Como golpe de simpatía anotemos el día que llevaron al sastre a uno de los indígenas. Quedó tan impresionado con el traje, la camisa y la corbata que durante la cena estuvo quietísimo, sin decir ni pío, porque«si me pongo a hablar, me muevo y se me puede arrugar el vestido». Aunque quizá pueden haberse impregnado de alguna de esas cosas inútiles que aquí llamamos civilización, la verdad es que sus costumbres no las han perdido. La noche de la despedida se acicalaron rapándose la cabeza con el cuchillo del pan de la cocina. Una cosa hay que agradecer al programa: en estos 30 días por las Españas no le hemos visto nunca, ni una sola vez, parados delante de un televisor mirando la papilla televisiva. ¡Ah! Es francamente elogiable esta preservación del cerebro de los indígenas.

DOCTOR MATEO .- Viven estos días los vecinos de San Martín del Sella (Doctor Mateo, A-3 TV) una excitación muy bonita, porque en el próximo capítulo recibirán la visita de los Príncipes. No sabemos si serán los auténticosFelipe yLetiziahaciendo uncameo, o quizá se optará por actores disfrazados en plan regio; pero en cualquier caso aMateoya le ha entrado un gran nerviosismo, y consciente de que es parco de palabra, enjuto de gesto y poco extrovertido, está siguiendo una terapia de desinhibición personal para causar buena impresión a los príncipes. Y lo primero que está aprendiendo es a contar chistes. Ya nos ha contado uno, el primero de su vida.«¿Qué le dice una uva verde a una uva morada?... Pues le dice: ¡Respira!». ¡Ahh! Gracia no tiene mucha, pero es blanco, inofensivo, incluso para niños, o sea, ideal para la principesca visita.