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y cierre

Oír a Scariolo, placer de dioses

Emilio Pérez de Rozas

Viendo y oyendo (que no sé qué fue mejor, si ver u oír) el apasionante España-EEUU del domingo me acordé del bueno y espectacular Andrés Montes. No puedo quitármelo de la cabeza. Para bien, aunque muchos lo criticaron. Fue un atrevido, sí. Pero, qué quieren que les diga, innovador. También me acordé, mira por donde, de ese sector periodístico tan maltratado, tan ninguneado, como son los fotógrafos de prensa, los fotoperiodistas, que el viernes le entregaron una carta a Pep Guardiola para que les permita, al menos, seguir disponiendo de 15 minutos para poder fotografiar a sus futbolistas mientras se entrenan. No piden más. Ni menos. No es a ellos, dicen, a los que teme Guardiola sino a las cámaras de las televisiones enemigas. Que, al parecer, son legión. De Madrid, claro. Todo un peligro.

No deja de ser curioso que mientras unos se cierran para protegerse, otros, como la selección española de baloncesto y su seleccionador, Sergio Scariolo, se abren a la modernidad, a la televisión, al aficionado, al apasionado del básquet, al espectáculo. Tanto se abren que, incluso, se dejan colocar un micro en el cuello de la camisa para que se oigan sus instrucciones en los tiempos muertos. He de reconocer que fue una de las maravillas de la técnica y algo que debemos agradecer, no solo a La Sexta, sino también al bueno de Scariolo, cuyas instrucciones ofrece a través de una pizarra fantástica, cuya comercialización permitirá a la oenegé Cesarescariolo.org mimar a niños afectados de leucemia y linfoma. Puede ser que, de vivir el lenguaraz y atrevido Andrés Montes, no nos hubiésemos enterado de nada, pues mi comentarista preferido hubiese superpuesto su voz a la del maestro Scariolo en todos y cada uno de los tiempos muertos. Fijo. La suerte que tenemos es que Mel Otero, y Epi, y López Iturriaga (¡maravillosa pareja de estrellas!) sí dejan hablar y oír al mister. Y gracias a su silencio pudimos comprobar que el ajedrecista Scariolo no pierde los nervios ni siquiera cuando faltan 16.9 segundos y perdemos 85-86. Prepararon una jugada, dialogaron entre ellos, se chocaron, como no, las manos, se animaron, se desearon suerte, sonrieron, era tal el buen rollete que poco importó que primero Ricky y, luego, Rudy, fallarán la canasta. Me cuentan que puede que la FIBA prohíba ese micro en el Mundial. No me extrañaría. Sus dirigentes son tan antiguos como los de la FIFA. Unos aburridos, vamos.

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