crónica

Un drama de honor de altura

La Compañía Nacional de Teatro Clásico cautiva al Victòria con 'El pintor de su deshonra', de Calderón

Serafina (Muriel Sánchez) y don Álvaro (Daniel Albaladejo), en la obra.

Serafina (Muriel Sánchez) y don Álvaro (Daniel Albaladejo), en la obra. / CHICHO

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CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

Nueva visita de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) al Teatre Victòria después de¿De cuándo acá nos vino?, de Lope de Vega. Y el salto de la comedia al drama deEl pintor de su deshonra,de Calderón de la Barca, se salda con una impecable, aunque minimalista, puesta en escena marca de la casa, en la que brilla tanto el juego de los actores como el papel que juega la música barroca, servida por un trío con un clave y dos violas de gamba, que acentúa y acompaña los momentos culminantes de la acción.

El montaje dirigido por Eduardo Vasco, director de la CNTC, se inscribe en la mejor tradición de la compañía. Todo está muy cuidado: la dicción del verso y la caracterización de los personajes, el detallista vestuario de inspiración romántica, el colorido de las escenas del carnaval. Una escenografía con marcos y cuadros ayuda al desarrollo de esta tragedia, expuesta en la versión de Rafael Pérez Sierra con fidelidad a la esencia del contenido.

CIERRE DE LA TRILOGÍA /El pintor de su deshonracierra la trilogía de los dramas de honor calderonianos, de la que también forman parteEl médico de su honrayA secreto agravio, secreta venganza.Y en el contexto del siglo XVII hay que acercarse a la función. Eran tiempos en los que un marido lavaba su honor con la sangre de su esposa –aquí, además, inocente–.

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La trama de esta tragedia, aderezada con toques de humor, se desarrolla entre Nápoles y Barcelona. El pintor don Juan Roca (excelente Arturo Querejeta) se siente dominado por la sospecha de adulterio de su fiel esposa Serafina (dulce Muriel Sánchez), raptada por don Álvaro (Daniel Albaladejo), y está atormentado por saldar su deuda de honor. Intenta plasmar la belleza de su mujer en un lienzo, pero no lo consigue lo que le hace sentirse indigno de merecerla e impotente en su capacidad como artista. La vergüenza y la deshonra le empujan al abismo pero su venganza le hace, de acuerdo con los códigos de la época, digno ante los demás.

Vasco logra que la maestría de Calderón en el manejo de los recursos dramáticos se materialice en un equilibrado y coral enredo. Además de los citados intérpretes, brillan José Ramón Iglesias como Juanete, una atractiva Eva Trancón como Porcia, Fernando Sendino como príncipe de Ursino y, en general, todo un reparto que nos traslada a la autenticidad de un teatro clásico de época.