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A FONDO

Bip Max, el reloj que convierte el “entreno de todo un poco” en un plan

Amazfit propone con el Bip Max, por debajo de los 100 euros, una herramienta para quienes buscan un reloj sencillo de usar, pero capaz de ordenar su semana deportiva. Combina pantalla grande, autonomía extensa y ecosistema de entrenamiento conectado

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Pilar Enériz

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Barcelona
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El Amazfit Bip Max llega al mercado para ser el reloj que se pone en la muñeca de quienes encadenan gimnasio, clases colectivas, primeras carreras y días de recuperación, y necesitan una solución para poner orden en ese entrenamiento híbrido sin obligar a entrar en ecosistemas complejos ni a pagar suscripciones. Se mueve en la franja de entrada, pero el discurso, las funciones y la ambición son más propias de un dispositivo que quiere convertirse en el centro de la vida deportiva cotidiana.

Un reloj que piensa en entrenar

La propia Amazfit define el Bip Max como un reloj para “aprovechar al máximo cada momento”, el producto se diseña desde la idea de acompañar todas las actividades, no solo los kilómetros de carrera o las series de ciclismo. El entrenamiento híbrido, tal y como lo plantea Zepp, combina resistencia, fuerza y recuperación en un sistema equilibrado orientado a mejorar el rendimiento a largo plazo, y el reloj es la cara visible de esa filosofía en la muñeca.

Desde el primer contacto se nota ese enfoque estructurado. Incorpora una biblioteca de entrenamientos integrados con rutinas predefinidas que pueden lanzarse directamente desde el reloj: sesiones básicas para empezar a moverse, trabajo aeróbico fundamental para quienes ya han dado el primer paso y necesitan regular la intensidad, y propuestas que buscan introducir ritmo y constancia en semanas que suelen ser caóticas. No se trata solo de grabar lo que se hace, sino de sugerir cómo hacerlo de forma más ordenada, sin necesidad de que el usuario se convierta en entrenador de sí mismo.

Pantalla y diseño: cuando los datos ocupan espacio

Uno de los rasgos más visibles es la pantalla AMOLED de 2,07 pulgadas, una diagonal que, en el contexto de los relojes deportivos asequibles, se ve grande. Amazfit la justifica con un objetivo muy concreto: “máxima visibilidad” y fácil lectura de datos bajo cualquier tipo de luz. En la práctica, esa superficie extra permite que ritmo, pulsaciones, mapas y notificaciones convivan sin obligar al usuario a entrecerrar los ojos ni a cambiar de pantalla cada pocos segundos.

El cuerpo ligero de aleación de aluminio, combinado con una estética minimalista de dos botones, lo sitúa en un territorio interesante: es claramente un reloj deportivo, pero no pretende disfrazarse de joya ni de gadget futurista. La elección de colores —Silver, Dark Blue, Carbon Gray— refuerza ese carácter sobrio que encaja tanto con la ropa técnica como con la rutina diaria. Es un reloj que ocupa espacio visual, sí, pero lo hace para que la información sea protagonista.

Autonomía y mapas: la tranquilidad de saber que el reloj “aguanta”

Si la pantalla es la cara visible de la propuesta, la batería es su argumento silencioso. Amazfit da hasta 20 días de autonomía con un uso normal, una cifra que cambia la relación emocional con el cargador: el Bip Max no pide estar enchufado todas las noches, sino cada varias semanas, incluso cuando se le exige seguimiento de actividad y salud durante todo el día. Para quienes se han acostumbrado a cargar el reloj casi tan a menudo como el teléfono, la idea de olvidarse del enchufe durante medio mes tiene más impacto en la experiencia real que cualquier especificación técnica.

Los 4 GB de almacenamiento interno para mapas sin conexión completan la apuesta por la autonomía, esta vez en clave de navegación. Desde la app Zepp se pueden descargar mapas detallados con instrucciones paso a paso y alertas si el usuario se desvía del recorrido, mientras el GPS, apoyado en cinco sistemas de navegación por satélite, se encarga de que las rutas tengan sentido en pantalla. El mensaje es claro: el Bip Max está preparado para que las salidas al aire libre, ya sea running, senderismo suave o ciclismo recreativo, dependan cada vez menos del móvil.

Zepp: la plataforma de soporte

Aunque el reloj se comercializa como producto independiente, la experiencia completa se construye alrededor de la app Zepp. Ahí se despliega el entrenamiento híbrido como concepto integral, con secciones que cruzan entrenamiento, nutrición y recuperación, y con herramientas que permiten establecer objetivos, recibir información personalizada y visualizar la evolución sin cuotas mensuales. La idea es que el usuario no solo tenga datos, sino contexto para interpretarlos en el medio plazo.

La integración con plataformas externas refuerza esa idea de herramienta conectada. El Bip Max importa planes de entrenamiento estructurados de servicios especializados como TrainingPeaks, Runna e Intervals.icu, y a la vez sincroniza automáticamente las actividades completadas con Strava para que los entrenos no queden encerrados en un único sistema. Para el deportista popular que ya utiliza alguna de esas herramientas, es una forma de sumar un reloj a su rutina sin tener que renunciar a la analítica que conoce.

Otra capa interesante es la gestión del equipamiento: el reloj permite registrar el kilometraje y el uso de zapatillas de correr, ropa de ciclismo y otros elementos clave junto al historial de entrenamiento. Es una función que añade una capa de racionalidad a decisiones que, con frecuencia, se toman por intuición (“estas zapatillas ya no van igual”) y que aquí se apoyan en números que ayudan a decidir cuándo es momento de rotar o sustituir material.

Bienestar, recuperación y métricas: el cuerpo como dato central

El disositivo se aleja del enfoque más superficial de algunos wearables de entrada y apuesta por métricas que explica cómo está el cuerpo, no solo qué ha hecho. BioCharge es la pieza central de ese enfoque: una puntuación de energía que se adapta desde el momento en que el usuario se despierta, en función de las actividades diarias, los entrenamientos y los niveles de estrés. Es, en esencia, un indicador que condensa sueño, carga y recuperación en un número fácil de consultar.

A esto se suma una batería de métricas de rendimiento que el reloj mide de forma continua y que la plataforma presenta como herramientas para optimizar el entrenamiento: VO₂ máx, equilibrio del estrés del entrenamiento, carga y efecto del entrenamiento. Lejos de ser tecnicismos pensados solo para deportistas avanzados, funcionan aquí como semáforos que indican si se está entrenando demasiado, demasiado poco o en un punto razonable, y sirven de base para que Zepp Coach genere planes de entrenamiento personalizados que se ajustan con el tiempo al rendimiento y a la recuperación.

En el día a día, el control del dispositivo se alinea con la idea de reloj que se adapta. El usuario puede ajustar el tamaño de la fuente en seis niveles para priorizar la legibilidad de la información clave, y Zepp Flow añade una capa de control por voz que va más allá de los comandos básicos. Desde el reloj se puede modificar ajustes, consultar la puntuación BioCharge, enviar respuestas a mensajes de WhatsApp, grabar notas de voz y gestionar otras acciones cotidianas sin depender únicamente de la pantalla táctil.

Para quienes buscan algo más que contar pasos

No está pensado para quien solo quiere mirar cuántos pasos ha dado al final del día. Su público natural son usuarios que buscan un reloj capaz de acompañar un entrenamiento híbrido real —con días de fuerza, días de cardio, días de descanso activo—, que quieren ver qué impacto tiene esa rutina en su recuperación y que agradecen una guía organizada para no vivir permanentemente en el “voy improvisando”.

Entran aquí perfiles muy concretos: personas que han empezado a correr y mezclan rodajes suaves con gimnasio; usuarios que se mueven en ciudades como las catalanas, combinando desplazamientos activos en bicicleta con clases colectivas y salidas de fin de semana; deportistas que valoran poder dejar el móvil en la taquilla mientras el reloj se ocupa de mapas, métricas y notificaciones esenciales. Ofrece una combinación de pantalla clara, batería que reduce la fricción de uso diario y datos estructurados que ayudan a entender el propio cuerpo y el propio rendimiento más allá del titular de “hoy he entrenado”.

Precio y valoración final

El Amazfit Bip Max se comercializa a 99,90 euros, situado en ese umbral en el que muchos usuarios deciden si dan el salto desde las pulseras básicas a un reloj que se toma en serio el entrenamiento.

Como producto, destaca por la coherencia de su propuesta: pantalla grande para que la información sea legible en cualquier ambiente, batería de larga duración que reduce la dependencia del cargador, mapas sin conexión para moverse con seguridad, integración con plataformas de entrenamiento y una lectura de la salud y el rendimiento que entiende el cuerpo como pieza central, no como dato accesorio. Con sus límites propios de un dispositivo que se mantiene por debajo de los 100 euros, la sensación general es la de un reloj que ofrece más orden, más contexto y más autonomía de la que su segmento suele prometer; para los usuarios que buscan un reloj que de verdad les acompañe “en todas sus actividades” y ponga lógica en su entrenamiento híbrido, la valoración final es claramente positiva.