El boom de ChatGPT se queda atrás
Goldman Sachs avisa: la siguiente fase de la IA no será escribir mejores textos, sino “entender cómo funciona el mundo”
El banco anticipa una nueva etapa de la IA, centrada en entender y predecir entornos reales, con impacto directo en industria, logística y productividad

Durante años, la inteligencia artificial ha aprendido a escribir. Ahora, según Goldman Sachs, empieza a aprender cómo funciona el mundo / IMAGEN DE RECURSO

Durante los últimos dos años, la inteligencia artificial ha deslumbrado al gran público por su capacidad para escribir o redactor textos, crear imágenes o mantener conversaciones complejas. Pero ese ciclo podría estar llegando a su fin. En un nuevo informe, el banco estadounidense Goldman Sachs advierte de que la siguiente gran revolución de la IA no consistirá en producir contenido, sino en comprender cómo funciona el mundo real.
El documento apunta a un cambio de paradigma que va más allá de herramientas como ChatGPT. Según el análisis, la industria tecnológica está entrando en una nueva fase basada en los llamados “modelos del mundo” (world models), sistemas capaces no solo de predecir palabras o imágenes, sino de simular entornos físicos y anticipar lo que ocurrirá en ellos. En términos sencillos, se trata de que la inteligencia artificial deje de limitarse a responder preguntas para empezar a tomar decisiones informadas en contextos reales.
“Si los modelos actuales aportan fluidez, los nuevos sistemas aportarán conciencia situacional”, resume el informe. Es un matiz técnico, pero con profundas implicaciones económicas.
La clave está en el salto del mundo digital al físico. Hasta ahora, la IA generativa ha tenido un impacto directo en sectores como el marketing, la programación o la creación de contenidos. Sin embargo, Goldman Sachs señala que el verdadero potencial –y, sobre todo, el gran negocio– está en la automatización de procesos en el mundo real, como fábricas, cadenas logísticas, vehículos autónomos o robots industriales.
En ese escenario, los sistemas de IA no solo ejecutarían órdenes, sino que serían capaces de “ensayar decisiones antes de llevarlas a cabo”, simulando múltiples escenarios posibles. Por ejemplo, un robot en una planta industrial podría anticipar fallos, optimizar movimientos o adaptarse a cambios en tiempo real sin intervención humana directa. Es una evolución que acerca la inteligencia artificial a una especie de intuición operativa.
Textil, energía o transporte: posibles beneficiados
Desde el punto de vista económico, este cambio es relevante porque redefine dónde se generará valor en los próximos años. La primera ola de la IA ha estado dominada por grandes empresas tecnológicas y aplicaciones digitales. La siguiente podría trasladar el foco hacia sectores más tradicionales, como la industria manufacturera, la energía o el transporte, que verían multiplicada su productividad.
No es casual que el informe subraye que este avance dependerá de factores distintos a los que han impulsado la IA generativa. Mientras que los modelos actuales se han entrenado principalmente con texto, los “modelos del mundo” requieren enormes cantidades de datos visuales y sensoriales –vídeo, movimiento, interacción física–, además de una capacidad de computación mucho mayor. Esto introduce nuevos cuellos de botella, desde el acceso a datos hasta el consumo energético.
Ahí reside también una de las grandes incógnitas. Aunque el potencial es enorme, la transición no será inmediata ni está exenta de riesgos. El coste de desarrollar este tipo de sistemas es elevado, y su aplicación en entornos reales plantea desafíos técnicos y regulatorios. Además, persiste la duda de hasta qué punto estas capacidades podrán escalar con la misma rapidez que lo hizo la IA generativa.
Con todo, el mensaje de Goldman Sachs es, básicamente, que el mercado podría estar entrando en una segunda fase de la revolución de la inteligencia artificial. Una fase menos visible para el usuario medio, pero con un impacto potencial mucho mayor en la economía global.
Una nueva fase
Para los inversores, esto implica mirar más allá de las aplicaciones de consumo que han acaparado titulares en los últimos meses. Para las empresas, supone prepararse para un entorno en el que la automatización ya no será solo digital, sino también física. Y para los trabajadores, abre un nuevo debate sobre el alcance de la transformación tecnológica, que podría extenderse a tareas hasta ahora consideradas difíciles de automatizar, como fontaneros, electricistas y otras profesiones tradicionales.
En definitiva, la advertencia del banco estadounidense apunta a una idea sencilla y disruptiva: la inteligencia artificial que viene no se limitará a escribir o conversar. Empezará a entender, predecir y actuar sobre el mundo que nos rodea. Y eso, más que una evolución, puede ser un cambio de era.
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