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análisis

Otro paso hacia la vida de diseño

Pere Puigdomènech

Los laboratorios dirigidos por J. Craig Venter en Estados Unidos han anunciado esta semana un paso más en su camino para construir nuevos tipos de organismos vivos. Se trata de un éxito técnico indiscutible y de un paso adelante en el desarrollo de lo que se denomina la biología sintética, basada en la enorme cantidad de información que la biología moderna nos proporciona. Su utilidad para encontrar nuevas aplicaciones a estos organismos necesitará mucha dedicación en los tiempos venideros. Del mismo modo que hará falta establecer las reglas del juego para que estas nuevas posibilidades se hagan en condiciones deseables por todos.

El artículo que publica la revista Science es la continuación del esfuerzo de hace muchos años de los grupos dirigidos por uno de los personajes más emblemáticos de la biología moderna. Hace ya tiempo que está estudiando los micoplasmas, microorganismos caracterizados por tener genomas muy pequeños. En uno de estos trabajos, fue eliminando genes hasta obtener el genoma mínimo, esto es, el conjunto mínimo de genes que necesita un organismo para vivir y reproducirse. Otra de las direcciones de investigación de este grupo se basa en la síntesis química de los genomas. Actualmente, tenemos máquinas que sintetizan químicamente trozos de ADN. La dificultad del trabajo es que esta síntesis da pedazos pequeños de 80-90 elementos, y el genoma del micoplasma sintetizado tiene un millón de elementos. Ha sido necesario ensamblar la totalidad en varias etapas y hacerlo sin errores, porque algunos pueden hacer que el organismo sea inviable. Asimismo ha sido necesario saltar por encima de los mecanismos de defensa de las bacterias que los protegen contra la entrada de cualquier ADN extraño. Ha sido una labor complicada que ha costado millones de dólares.

El experimento demuestra que un ADN sintetizado químicamente dirige la vida de un organismo del mismo modo que lo hace cualquier ADN. Para hacerlo funcionar ha sido preciso utilizar la maquinaria celular de otro micoplasma, y en este sentido no se trata de una célula sintética. El ADN sintético del Mycoplasma mycoides se ha introducido en células de otro micoplasma (el Mycoplasma capricolum) del que se extrajo su propio ADN. La maquinaria del micoplasma ha hecho funcionar los genes y, tal como predecía la teoría biológica moderna, las células resultantes son de Mycoplasma mycoides. Es un paso más para demostrar que las propiedades de la célula están escritas en la estructura química del ADN, no en ninguna otra propiedad de la materia viva.

Este experimento se hace en un laboratorio privado que quiere proporcionar productos a las compañías que lo financian. Craig Venter habla de nuevos organismos que produzcan medicamentos o alimentos complejos, que degraden el petróleo y que tal vez produzcan nuevos combustibles. Se trata sin duda de proyectos interesantes y el instrumento de la biología sintética puede ayudarnos, ya existe algún ejemplo prometedor, pero para todo hay que dedicar mucho esfuerzo. Detrás de estas aproximaciones está la idea de que a estas bacterias sencillas podemos añadirles genes de diferentes procedencias (evidentemente patentados por empresas como las de Craig Venter) que, combinados adecuadamente, pueden hacer lo que queramos. La realidad suele ser más compleja. Una serie de resultados recientes demuestran que en los seres vivos todas sus funciones están muy relacionadas y que esta visión de baldosas (bio-baldosas, les llaman algunos) que permiten construir de uno en uno un mosaico predeterminado es seguramente simplista. El objetivo de la biología sintética es desarrollar herramientas para comprobarlo.

Por otro lado, estamos tratando con bacterias que en algunos casos son patógenas; por ejemplo, la Mycoplasma pneumonia es una de las causantes de las neumonías atípicas. Las nuevas técnicas pueden sintetizar fácilmente el ADN con la información de un virus y ahora de una bacteria. En un informe publicado en noviembre del año pasado, el Grupo Europeo de Ética de las Ciencias recomendaba que antes de autorizar las aplicaciones de la biología sintética era necesario asegurarse de que no causaran ningún problema de salud humana o animal, o efecto alguno sobre el medio ambiente. En Europa tenemos regulaciones que se aplicarían en este caso. No hace falta hablar de las posibles aplicaciones militares, que también están, ni de los aprendices de biotecnólogos (los llamados biohackers) para concluir que en este tema hay que avanzar con reglas bien definidas.

Pero a todos nos fascina que se pueda crear una nueva especie. Las discusiones sobre si a un organismo cuyo ADN está producido por síntesis química le podemos llamar ser vivo, o sobre si tenemos derecho a producir organismos que no han existido nunca parecen superadas por la realidad. La biología moderna ya nos ha demostrado que la vida sobre la Tierra es una etapa más de la evolución del planeta, y la especie humana, una más de las que ha vivido en él. El actual resultado confirma las ideas de la biología moderna, repetidas desde hace más de 150 años, según las cuales no hay separación entre el mundo vivo y el inanimado. La acción de nuestra especie es parte de esta evolución y es responsabilidad nuestra dirigirla con prudencia.

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