Infraestructuras
Reinventar la antigua N340: Miami Platja y L’Aldea siguen con las obras para convertirla en un eje comercial
Alcaldes, comerciantes y vecinos aplauden la mejora de la calidad de vida con la salida del grueso del tráfico de los núcleos urbanos del Camp de Tarragona y las Terres de l'Ebre
La reforma para mejorar la seguridad en la carretera más peligrosa de España lleva dos años en el cajón del Ministerio

Vehículos en la N-340 a su paso por Mont-roig del Camp (Baix Camp). / ACN
Casi década y media después de que la mayor parte del tráfico de la carretera N340 dejara de cruzar las principales travesías de los núcleos urbanos del Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre, los ayuntamientos afectados siguen trabajando para transformarla en un paseo urbano. Después de invertir más de 15 millones de euros, en el núcleo de Miami Platja, en Mont-roig del Camp (Baix Camp), se inicia ahora la tercera fase para convertir la carretera en un 'eje comercial'. En L’Aldea (Baix Ebre), también están a punto de emprender la tercera fase de las obras de urbanización para que la vieja travesía de más de dos kilómetros cohesione los núcleos del pueblo. Gobiernos, comerciantes y vecinos aplauden la mejora de la calidad de vida a raíz de la transformación.
“Miami Platja nació a partir de una carretera”, la N340, “y creció condicionada por esta infraestructura y por la vía del tren”. Con estos términos describe el alcalde de Mont-roig del Camp, Fran Morancho, el profundo impacto que la travesía ha tenido sobre la vida de este núcleo. Lo explica, incluso, como experiencia personal en carne propia. “Yo he crecido con la nacional, con los camiones, con el ruido, con los restaurantes”, relata el alcalde. Sus padres tenían un negocio a pie de carretera y recuerda varios accidentes, algunos de ellos mortales, cuando pasaban vehículos constantemente. Incluso algún camión volcado, dice.
El jueves 16 de julio de 2009 supuso un antes y un después para este núcleo costero dentro del término de Mont-roig del Camp. Se abría al tráfico el tramo de autovía A7 entre Mont-roig del Camp y l’Hospitalet de l’Infant. De esta manera, la bautizada como avenida Barcelona dejaba de soportar el intenso tráfico que atravesaba Miami Platja. Maria Glòria Díaz es la tercera generación al frente de la pastelería ‘La Glòria’. Han estado situados en dos locales de la avenida Barcelona y recuerda que el día en que empezaron a desviar los camiones hacia la autovía quedaron con el grupo de amigos en la plaza Tarragona para “celebrarlo”. “Estábamos muy contentos”, exclama.
15 millones de euros
Mont-roig del Camp ya ha hecho obras en varios tramos de la antigua carretera para convertirla en un paseo con espacios para peatones, bicicletas y un carril por cada sentido de la circulación. En los últimos diez años se han invertido más de 15 millones de euros para transformar cerca de tres kilómetros de esta vía. Ahora la maquinaria trabaja en la tercera fase, con un presupuesto de 6,4 millones de euros. Se está remodelando el tramo entre la plaza Tarragona y la avenida Maria Cristina, en dirección a Cambrils.
La mayoría de comercios están satisfechos con el cambio. “Pasamos de una carretera nacional a un paseo, hay menos impacto acústico, más calidad de vida y mucha tranquilidad”, señala la propietaria de la pastelería ‘La Glòria’. “Ahora al menos podemos pasear, antes era complicadísimo”, continúa.
Pendientes del Ministerio de Transportes
El alcalde está preocupado por el tramo de la N340 que hay entre Miami Platja y Cambrils, en la zona de los campings. Un estudio del RACC situaba este trazado como el más peligroso de la red estatal de carreteras. Morancho explica que están “reclamando” al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible que ejecute el plan para “humanizar” este tramo.
Hace unos días, el alcalde señalaba que hay un proyecto hecho desde 2023 que “se ha enviado a Madrid para revisar y ha vuelto a Catalunya hasta cuatro veces”. La idea es hacer rotondas y un carril para bicicletas y peatones.
“Mucho temor” con la variante
En pleno centro de L’Aldea, desde su tienda de ropa, calzado y juguetes, Mercè Tafalla y su hijo Marc Borràs tienen una vista privilegiada sobre el cruce de la antigua N340 y la carretera N235 (que conecta el núcleo urbano con la nueva variante, la AP7 y la C42). Son la tercera y la cuarta generación, respectivamente, de una familia de comerciantes que durante siete décadas ha visto cómo la vida del pueblo, para bien y para mal, había girado en torno a esta vía, desde hace tiempo denominada oficialmente avenida Catalunya. Sus antepasados empezaron regentando un supermercado que tiempo después se convirtió en Sabates i Joguines Mercè.
Madre e hijo reconocen que vivieron “con mucho temor” la puesta en marcha de la variante que derivaba la mayor parte del tráfico fuera del núcleo urbano el 3 de octubre de 2013. Después de décadas viendo cómo la gente que iba de Francia a Andalucía “pasaba toda por aquí”, el nuevo panorama que se abría generaba desconcierto. Sobre todo entre los comerciantes, muchos de los cuales habían basado el crecimiento de su negocio en los compradores que pasaban por la N340.
Trece años después, sin embargo, las dudas se han acabado disipando. El miedo de los comerciantes ante la posibilidad de que los visitantes y clientes de los pueblos vecinos no acabaran entrando en L’Aldea, admiten, no se ha acabado materializando. Al contrario, aseguran, muchos ahora entran atraídos por un entorno más amable y mucho menos agresivo que una travesía por la que circulaban diariamente miles de vehículos, muchos de ellos pesados.
Ruido y contaminación
“Era muy inhumano: el ruido, la contaminación... Los cristales se volvían negros y cada dos o tres días tenías que limpiarlos. Ahora es mucho mejor: estamos más contentos, es más pueblo. Aún pasan coches, pero es más fluido, es tráfico del pueblo”, subraya Borràs. “La verdad es que lo mirábamos con un poco de respeto”, apunta el alcalde de L’Aldea, Xavier Royo, recordando la incógnita que suponía para unos comercios que “dependían entre un 25% y un 30% del negocio de la carretera”. “¿Sería un pueblo fantasma donde no pasaría nada ni nadie?”, añade.
A principios de 2019. el Gobierno español acabó cediendo la titularidad de la travesía al Ayuntamiento (según recuerda Royo, a diferencia de otros casos, el Estado no acabó aportando recursos ni para asfaltarla) y se puso en marcha un proyecto de largo alcance para reurbanizar y pacificar los 2,3 kilómetros de la N340 (así como el trazado urbano, inferior, de la N235) en sucesivas fases.
Durante las dos primeras fases, que han permitido remodelar un tramo de 1,5 kilómetros —incluyendo arbolado y carril bici—, se han invertido cerca de 1,15 millones de euros. En estos momentos, según el alcalde, están a punto de licitar la tercera y cuarta fase por 800.000 euros más. “Es una inversión que se alargará años”, precisa Royo. El coste final de toda la reurbanización puede irse hacia los cinco millones de euros, en buena parte a partir de subvenciones de otras administraciones y recursos propios.
Reinventarse o morir
Los comerciantes, asumen, han tenido que “reinventarse”, con productos y servicios nuevos, ante los cambios que esto ha supuesto, especialmente en el sector de la restauración. “Lo importante es que la gente ahora puede entrar en L’Aldea sin tener la presión del tráfico que había en la época: era imposible, porque la gente quería pasar rápido, no quedarse de compras. Ahora mucha gente que viene de fuera, de L’Ampolla, Camarles o del entorno, viene a comprar tranquila porque no hay la circulación que había”, asegura Tafalla, desde la puerta de su comercio en la misma travesía.
Las mejoras, remarcan comerciantes y gobierno municipal, han permitido también desdibujar la histórica barrera entre los barrios de l’Estació y l’Hostal, convirtiendo la antigua travesía en una vía para “recoser” el núcleo urbano de L’Aldea. “Ahora vas andando, en patinete o en bicicleta porque el acceso es muy bueno”, indica Borràs, quien asegura respirar más tranquilo, como padre, por la movilidad segura de los más pequeños, aunque admite que todavía cuesta que los conductores respeten los pasos de peatones. “El pueblo y los comerciantes somos conscientes de que tenemos que tener paciencia, pero las mejoras se están haciendo bien. Se nota y hay calor de vida”, concluye.
El alcalde, por su parte, cree que el pueblo ha sabido sobreponerse a lo que se vio como la pérdida de una arteria vital para su crecimiento. “Nadie me ha transmitido que eche de menos la carretera por un motivo u otro, de ninguna manera, porque el pueblo ha ganado mucho en tranquilidad, se ha pacificado mucho el tráfico”, asegura Royo, quien admite que el desarrollo del polígono industrial Catalunya Sud ha jugado también a favor de mantener la actividad comercial en el municipio.
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