Naturaleza
La isla más grande de Catalunya que casi nadie puede visitar y es una joya natural
Las tierras catalanas presumen con orgullo de lugares naturales tan bellos como este.

Illa de Buda, la más grande de Catalunya, en las Terres de l'Ebre. / Viajar / Alberto-g-rovi
El delta del Ebro esconde una de las joyas naturales más preciadas de Tarragona. La isla de Buda se extiende a través de unas mil hectáreas que se componen de una rica biodiversidad. Se trata de una isla fluvial que supone un ejemplo único de los ecosistemas húmedos mediterráneos, además de ser un lugar privilegiado en el que desconectar del mundanal ruido de la ciudad para introducirse en otro mundo completamente diferente que acostumbramos a llamar naturaleza.
La isla comenzó a formarse en el siglo XVIII y durante 200 años fue creciendo hasta pasar de 30 jornales a más de 5.000. A partir del año 1950 hizo la acción contraria de retroceder de forma muy rápida hasta el día de hoy. Todas las infraestructuras que quedan en pie tienen un mínimo de antigüedad de 60 o 70 años, como alguna casa que se conserva de las que habitaban los antiguos vecinos de la zona.
Al norte delimita con el propio río Ebro y al sur con el mar Mediterráneo, por lo que no es complicado adivinar que se encuentra en el tramo final del río. Aunque su acceso es restringido, se puede llegar a través de embarcaciones con el fin de preservar su preciado y precioso entorno. Gracias a esta limitación se ha podido conservar su enorme riqueza ecológica, al contrario que en otras áreas del delta donde el desarrollo humano ha interferido en el devenir natural de las cosas.
Una rica fauna y flora
Forma parte del Parque Natural del Delta del Ebro, una de las zonas húmedas más importantes de Europa que alberga una gran cantidad de flora y fauna. Su inclusión en este entorno ha garantizado la protección de todas las especies que allí habitan. Entre las vegetales destacan algunas como juncos, carrizos y salicornia, vegetación que se adapta a las condiciones salinas y húmedas y dominan un bonito paisaje que se complementa con las verdes áreas de pinares en mitad de los humedales.
Todo ello conforma un hogar ideal para la avifauna, o lo que es lo mismo, aves acuáticas. Flamencos, garzas y patos encuentran en la isla de Buda un hábitat perfecto, siendo también un punto de parada muy importante para aves migratorias que viajan entre África y Europa. De hecho, de las 600 especies censadas en el viejo continente, 350 viven en la isla de Buda. Se torna, por tanto, en un destino ideal para los ornitólogos y amantes de las aves, así como de la vegetación y de cualquier forma de naturaleza habida y por haber.
Importantes límites para los humanos
Sin embargo, la actividad humana está fuertemente regulada. Con prohibiciones como la construcción o la pesca y la caza se evita cualquier impacto negativo en el ecosistema. Aun así, históricamente ha sido un lugar utilizado para la agricultura y la ganadería, siendo testigo de grandes extensiones de cultivos de arroz que aprovechaban las condiciones húmedas del delta. Actualmente, quedan algunos que se quieren defender ante el avance sostenido del mar.
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