Explotación sexual
Los Mossos d'Esquadra detectan un auge de la prostitución ‘low cost’ en Barcelona
La policía alerta de que la ciudad se está convirtiendo en un destino de turismo sexual
La falta de denuncias por parte de las mujeres explotadas agrava la problemática
Una queja por malos olores destapa un local de esclavas sexuales en Barcelona

Los Mossos d'Esquadra detectan un auge de la prostitución ‘low cost’ en Barcelona / EFE / VÍDEO: EL PERIÓDICO

"Somos un país muy consumidor de prostitución", afirma en declaraciones a EL PERIÓDICO el subinspector de los Mossos d'Esquadra Luis Moreno. "Aquí [pagar por servicios sexuales] no está tan mal visto como en otros sitios y nos estamos convirtiendo en un destino de turismo sexual", avisa este policía, considerado el máximo especialista de la Divisió d’Investigació Criminal (DIC) en el delito de trata de seres humanos con finalidad de explotación sexual.
Que Barcelona, y su corona metropolitana, se hayan convertido en un lugar referencial para el consumo de servicios sexuales se percibe, por ejemplo, en los portales indexados en Google que permiten consultar toda la oferta disponible. Hay cientos de locales. El responsable de una de estas webs explica a este diario que solo 50 disponen de licencia. "Pero hace 20 años que ya no se conceden", aclara, negando que sea correcto referirse al resto como locales "clandestinos" dado que no pueden regularizarse.
En Barcelona y su área metropolitana solo 50 burdeles cuentan con licencia
Los burdeles que pueden anunciarse públicamente, incluso con carteles en el exterior, son los que acostumbran a entrañar menos riesgo para las mujeres que ejercen la prostitución. Su actividad es pública y las mujeres tienen libertad para entrar y salir. Pero a medida que los burdeles se van alejando de la vista pública, y esconden su verdadera actividad, el peligro para ellas aumenta.
Hacia la oscuridad
El subinspector Moreno explica que, durante la pandemia, cuando la prostitución se alejó de la calle pero siguió funcionando, el negocio se transformó. Particulares y organizaciones comenzaron a alquilar pisos y locales para convertirlos en "prostíbulos clandestinos". Su proliferación preocupa a los Mossos, a los que les resulta muy complicado saber qué ocurre en su interior. Rosa Cendón, que lleva años defendiendo los derechos de las mujeres explotadas, coincide en que cuando la prostitución se da en "espacios cerrados" es casi imposible ayudarlas.
A medida que los burdeles se van alejando de la vista pública, y esconden su verdadera actividad, el peligro para las mujeres aumenta
Los Mossos, además, han detectado que, en los últimos años, la explotación de algunas mujeres se ha agravado con el auge de los servicios sexuales 'low cost'. En estos locales o pisos, como el descubierto en la calle Arizala de Barcelona gracias a una queja vecinal por malos olores, se ofrecen "servicios rápidos y económicos". "Estamos viendo que algunos duran 15 minutos, es una lógica comercial que está rompiendo el mercado", explica el subinspector Moreno. "Son ofertas destinadas a puteros con poca capacidad económica y menos escrúpulos". Y que recaen sobre mujeres que padecen "situaciones lamentables", que “sufren mucho”, añade el subinspector.
"Las ofertas de prostitución 'low cost' están destinadas a puteros con poca capacidad económica y menos escrúpulos"
En Barcelona hay mujeres que ejercen la prostitución y que proceden de rincones muy alejados del planeta: China, Nigeria, Colombia, Rumanía. En algunos casos, como ocurre con la comunidad china, las barreras culturales hacen prácticamente imposible que, en caso de explotación, se atrevan a denunciar. "Es habitual que no lo hagan", explica Cendón, que ha acompañado a los cuerpos policiales en varios operativos. "Si hace poco tiempo que están aquí y se sienten engañadas tal vez alguna denuncie, pero si ya llevan mucho en una situación de invisibilidad es mucho mas complicado", distingue.
Sin denuncias, impunidad
Sin una denuncia, la justicia española no puede actuar contra los explotadores. "Estamos en contacto con fiscalía y con organizaciones humanitarias, hacemos lo que podemos, pero no confían en la policía”, reconoce Moreno, que aclara que el Estado no persigue la prostitución sino la explotación sexual. "Cualquier mujer puede hacer lo que quiera, pero lo que vemos es que son muy pocas las que la ejercen voluntariamente", insiste.
Las mujeres no denuncian: "Temen ser deportadas. Les asusta más volver a su país que seguir haciendo lo que hacen aquí"
El responsable de unos de estos portales de anuncios de servicios sexuales subraya que colabora con los cuerpos de seguridad, tanto Mossos como Policía Nacional –a cargo tambien de muchas de las operaciones que se hacen por delitos de trata de seres humanos–, y opina que el problema es que las mujeres "tienen miedo de ser deportadas: les asusta más volver a su país que seguir haciendo lo que hacen aquí".
En el pasado, numerosas investigaciones policiales han acabado sin condena contra explotadores sexuales porque las mujeres esclavizadas han tenido miedo de declarar durante el juicio. "Es un problema muy grande", lamenta Moreno.
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