Juicio en Girona
Nueva condena para el profesor de batería de Quart a quien ya habían impuesto 26 años y medio de prisión por abusar de alumnos
El acusado, que está en prisión, reconoce los hechos en la Audiencia de Girona y acepta una pena de 7 años

Juicio al profesor de bateria de Quart (Gironès, Girona). / Aniol Resclosa
Marina López / ACN Gerard Vilà / ACN
La Audiencia de Girona ha condenado a 7 años de prisión a Jordi Brull, el profesor de batería de Quart a quien el tribunal ya había impuesto una pena de 26 años y medio de prisión por abusar de cinco alumnos. El acusado se enfrentaba ahora a 10 años de prisión, pero como ha reconocido los hechos, la fiscalía, la acusación particular y la defensa han llegado a un acuerdo que ha evitado el juicio. En la sala de vistas, ha admitido que entre los años 2013 y 2018 abusó de otro alumno siguiendo el patrón descrito en el anterior juicio: se aprovechó de la relación de confianza que estableció con el menor, que empezó a ir a clases con él cuando tenía 13 años, y le hacía sentir "especial" para abusar sexualmente de él. El procesado está en prisión.
El profesor de batería de Quart se ha sentado este martes en el banquillo de los acusados de la sección tercera de la Audiencia de Girona. Es el segundo juicio al que se enfrenta por abusar sexualmente de alumnos a quienes daba clases particulares.
La fiscalía solicitaba una pena de 10 años de prisión por un delito continuado de abuso sexual con acceso carnal y prevalimiento de la relación de superioridad contra la sexta víctima. Jordi Brull ha llegado a la sala de vistas conducido por los Mossos d'Esquadra porque está en prisión después de que la Audiencia le impusiera, en octubre de 2023, una pena de 26 años y medio por abusar de cinco alumnos entre los años 2009 y 2020.
En esta ocasión, el acusado ha reconocido los hechos y la fiscal, la acusación particular encabezada por el letrado Benet Salellas y el abogado de la defensa, Carles Monguilod, han llegado a un acuerdo. El tribunal lo ha condenado de viva voz a 7 años de prisión. Además, no podrá acercarse a menos de 300 metros ni comunicarse con la víctima durante 5 años y deberá indemnizarla con 15.000 euros por el daño moral. También tendrá que asumir las costas de la acusación particular, de 3.000 euros. La fiscalía y las partes han renunciado a recurrir la sentencia, que ya es firme.
Monguilod ha expuesto que los hechos estaban "claros" y que han llegado a una conformidad para evitar "la revictimización" del joven al tener que celebrar un juicio. Además, según la ley, la nueva condena no afecta al tiempo máximo que el profesor de batería estará entre rejas porque su tiempo máximo de cumplimiento es de 21 años.
En la sala de vistas de la sección tercera, Brull ha suscrito el escrito de acusación de la fiscalía que describe el mismo 'modus operandi' que la Audiencia declaró probado en el juicio anterior. El menor empezó a recibir clases particulares en el sótano del procesado a finales de 2013, cuando tenía 13 años. "Empezó una relación de confianza entre ambos, el procesado le hacía sentir especial, le daba besos y abrazos y mantenía largas conversaciones con él por Whatsapp", recoge el escrito que el acusado ha reconocido.
De manera "reiterada y constante", el acusado se "prevalió" de la relación que había forjado con la víctima para abusar sexualmente de él entre los años 2013 y 2018. Siguiendo la misma conducta que con las otras víctimas, empezó haciéndole masajes y los abusos fueron progresivamente a más hasta llegar a tocamientos, felaciones y penetraciones perpetrados "sin ningún tipo de consentimiento". También ha reconocido que le enseñó material pornográfico por Internet a la víctima cuando todavía era menor de edad.
La víctima está en tratamiento psicológico desde el año 2022 como consecuencia de los abusos continuados sufridos desde los 13 hasta los 18 años. La fiscalía recoge que le han generado "repercusiones conductuales y emocionales" como hipervigilancia, ansiedad, pesadillas, sentimientos de culpa, vergüenza y baja autoestima.
26 años y medio de prisión
El primer juicio se celebró del 3 al 5 de octubre de 2023 y la sección tercera de la Audiencia de Girona hizo pública la sentencia el día 26 del mismo mes.
El tribunal argumentó que Jordi Brull se aprovechó de la "situación de superioridad" que tenía respecto a las víctimas, que comenzaron las clases particulares con él siendo menores de edad, y que ejecutó "un plan premeditado": "Se fue ganando la confianza de sus alumnos con la intención de convertirse en un 'padre-colega' y en su protector. Así, conseguía este vínculo con los alumnos mediante "manipulación emocional" y, después, pasaba a "la acción" para perpetrar los abusos".
La sentencia recogía que, tal como explicaron los jóvenes en el juicio —que también se personaron como acusación particular de la mano del letrado Benet Salellas—, el maestro de batería actuaba siguiendo un patrón: "El procesado se valió de su ascendiente sobre los alumnos —y del temor de ellos a hacerle daño, a perderlo como adulto referente o a perder las clases de batería con él— para, lenta y progresivamente, ir compeléndolos a aceptar las prácticas sexuales a las que los sometía".
"El procesado difícilmente podía desconocer que no estaba obteniendo un consentimiento libre por parte de ellos, sino forzándolos mediante conductas manipuladoras", subrayaba la Audiencia.
La sentencia consideró probado que abusó sexualmente de cinco alumnos entre los años 2009 y 2020 en el sótano de su casa, donde tenía el estudio en el que impartía las clases particulares, y lo condenaron como autor de tres delitos continuados de abuso sexual con penetración y dos delitos de abuso sexual, uno de ellos con penetración.
"Perpetradores de abusos"
El tribunal señalaba que el comportamiento del procesado siguió "casi al detalle" todas las pautas que la psicología moderna detecta "en los perpetradores de abusos a niños o jóvenes", como son formar relaciones, probar los límites, tantear tocamientos "en exceso", intimidar, compartir material sexual y comunicarse en secreto.
Así, la Audiencia exponía que Brull escogía víctimas "en diferentes fases de construcción de su personalidad" y hacía creer a cada uno de ellos que eran los mejores alumnos y que tenían un futuro prometedor en la música: "La situación de superioridad del acusado en relación con los cinco denunciantes resulta evidente: no solo por la desproporción de edades entre él y los alumnos —entre 32 y 46 años— y por el hecho innegable de ser su profesor, sino también por el hecho de ser la persona en quien todos ellos habían depositado sus esperanzas de futuro".
El procesado declaró al final del juicio, después de haber escuchado a todos los testigos y a los peritos, y solo respondió a las preguntas de la defensa. Brull, que anteriormente había negado los hechos, alegó que había mantenido relaciones sexuales consentidas con cuatro de las cinco víctimas, precisamente los que tenían más de 13 años en el momento de los hechos y que, por tanto, según la ley de entonces podían llegar a prestar consentimiento. El tribunal no se creyó su versión y llegó a decir en la sentencia que era un relato calculado "al milímetro" para intentar eludir las consecuencias penales de sus actos.
"La declaración del señor Brull no nos merece ningún crédito, pues nos parece incompleta, parcialmente inveraz y, sobre todo, formulada como mera intención exculpatoria. Aunque eso sí, el procesado la expuso con la misma tranquilidad y frialdad con la que, según declaró un agente de policía, recibió la noticia de su detención", concluía la sala.
El tribunal concluyó que la declaración del profesor de batería intentó ser una "vía de escape", pero que, al final, solo sirvió para reforzar aún más el relato de las víctimas. Y, en este punto, la sala añadió que el procesado no solo no reparó el "daño incalculable" que causó a las víctimas, sino que, además, actuó con "falta de empatía", e incluso "cierta crueldad", cuando prestó declaración en el juicio.
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