Desde la zona cero
Sara, voluntaria de Adamuz, tras el accidente ferroviario: “Las familias separadas estaban destrozadas; ha sido horroroso”
La atención psicológica a las víctimas durante las primeras horas de la tragedia ha sido clave, una vez superado el shock inicial

Voluntarios, vecinos y periodistas desplazados a Adamuz tras la tragedia ferroviaria. / Chencho Martínez
La atención psicológica durante las primeras horas de la tragedia ocurrida en Adamuz ha sido clave, especialmente una vez superado el shock inicial. Así lo relata Sara, vecina del municipio, que no dudó en ofrecerse como voluntaria para atender a los afectados y que describe la dureza de la situación vivida, sobre todo entre “las familias que habían quedado separadas”, una circunstancia que califica de “horrorosa”.
En su caso, tras enterarse de que se había producido un grave accidente a las puertas del municipio, no lo dudó. Se desplazó de inmediato para prestar apoyo psicológico a las víctimas. “Llegué a la caseta municipal y la situación era horrible”, explica mientras rememora escenas ocurridas hace menos de doce horas. “La gente te decía que estaba bien, que no le dolía nada, y que atendieras a otra persona”, cuenta.
Sin embargo, pocos minutos después muchos regresaban pidiendo una tila, un chequeo médico o, simplemente, un gesto de cariño. “Poco a poco la gente se venía abajo y empezaba a asumir lo que había pasado”, prosigue. Algunos le enseñaban sus heridas; otros le relataban cómo habían salido despedidos en el accidente. Pero lo que más le impactó fueron los casos de “familias que se habían separado”, algunas de ellas preguntándose desesperadas por el paradero de sus hijos. “Ha sido horroroso”, repite en varias ocasiones.
"Nadie está preparado para esto"
Sara destaca, al menos, haber logrado arrancar alguna sonrisa a los niños, a quienes llevó chucherías para animarlos. “Nadie está preparado para esto”, sentencia.
Juan, otro vecino de Adamuz, conoce la zona a la perfección y explica que colaboró con los servicios sanitarios y Protección Civil en la búsqueda de espacios donde atender a los heridos, más allá de la caseta municipal. “No dábamos abasto y al principio la caseta se quedaba pequeña”, relata. Más tarde, continuó ayudando aportando mantas y comida.
También Marian, Josefa y Vicente, vecinos del municipio y buenos conocedores del entorno, coinciden en que por muy poco se ha evitado una tragedia aún mayor. “Un kilómetro más arriba comienzan los túneles”, señala Vicente, convencido de que, de haberse producido allí el accidente, “habría sido un desastre mucho mayor”. Todos ellos destacan la rápida y solidaria respuesta del pueblo, aunque lamentan que “ahora Adamuz vaya a ser conocido por esto”.
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