La jornada, minuto a minuto

De dormir en Atrio a dormir en la cárcel de Cáceres

Tres kilómetros separan el Relais&Chateaux de la prisión, la misma distancia que han recorrido en nueve meses los detenidos, Priscila y Constantin: del lujo a la trena

De dormir en Atrio a dormir en la cárcel de Cáceres

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Gema Guerra Benito - Miguel Ángel Muñoz Rubio - Lola Luceño Barrantes

Desde el lugar más fastuoso para dormir en Cáceres, el Atrio Relais&Chateaux (con sus placeres de dos estrellas Michelín), hasta el más desdichado de la ciudad, el centro penitenciario (con sus servicios carcelarios), hay justo tres kilómetros de separación física pero una tremenda distancia simbólica. Es la misma que han recorrido en estos últimos nueve meses Constantin Gabriel Dimitri y Priscila Lara Guevara, los detenidos por el robo de las 45 botellas de vino por valor de 1,6 millones de euros. En la madrugada del 27 de octubre de 2021, hospedados como clientes, lograron el botín de la bodega de Atrio tras hacerse con la llave maestra. En la madrugada del 5 de agosto de 2022 han pasado su primera noche entre las rejas de la prisión cacereña.

A ella llegaron a las 15.16 horas de este viernes los dos detenidos, tras la resolución de prisión provisional sin fianza dictada por la jueza de guardia, María del Ara Sánchez. Tardaron apenas unos minutos en ser conducidos a bordo de un furgón de la Policía Nacional desde los juzgados hasta el centro penitenciario. Su abogada, Sylvia (con y) Córdoba Moreno, había intentado ponerles en libertad, pero la magistrada no lo consideró. 

La mañana fue larga. La ‘puesta en escena’ en el entorno de los juzgados superó con creces las expectativas para un caso que se ha saltado todos los cánones de la burda delincuencia. Aquí hay botellas de vino de 310.000 euros, dos supuestos ladrones de guante blanco (ella ‘Miss Earth de Ecatepec’ de México, él un especialista con antecedentes), una persecución por media Europa orquestada por Europol e Interpol, medios nacionales desplazados a Cáceres... A primera hora ya se mascaba la intensidad de lo que vendría después. Los detenidos, trasladados en avión la tarde anterior desde Croacia, habían dormido en la comisaría de Cáceres. A primera hora, en El Globo, epicentro de los cafés de juristas y funcionarios, los periodistas tomaban fuerzas para la maratoniana jornada.

La abogada de los acusados, Sylvia Córdoba, en la sala de declaraciones. / Silvia Sánchez Fernández

A las 10.30 comenzaba el movimiento. Un furgón de la Policía Nacional desembocó en la ronda de San Francisco y cinco agentes se posicionaron a la entrada del garaje del juzgado, la que linda con el Materno, esperando de un momento a otro la llegada de los detenidos. "Estábamos aburridos y hemos decidido venir por aquí", bromeó uno de ellos a preguntas de este diario. 

Procedentes de los calabozos de la comisaría de Pierre de Coubertin, a las 10.48, Priscila y Constantin hacían entrada por la ronda de San Francisco desde uno de los accesos de la Ronda Este, en un furgón blindado y custodiados por dos coches de la Policía Nacional. Estaban a punto de realizar su primera declaración tras su arresto por el golpe más mediático de la historia contemporánea de la capital cacereña.

El interior del Palacio de Justicia se había convertido en un hervidero de cámaras y fotógrafos, imagen extraordinaria en agosto, prácticamente inhábil en los juzgados. "Esto altera la tradicional tranquilidad de este mes", dijo un funcionario atento a recibir instrucciones. Y las hubo, porque a las 11.00 comenzaron a verse los preparativos de la sala de vistas número 3, en la planta baja, donde finalmente tuvo lugar la comparecencia de los detenidos. Eso sí, a puerta cerrada.

La defensa

A esa hora, el pasillo principal del Palacio de Justicia era un trasiego de medios regionales y nacionales, agentes uniformados, policías de paisano, personal del juzgado... Entonces llamó la atención la entrada de la abogada penalista Sylvia Córdoba, procedente de Madrid, letrada de los detenidos y conocida, además de por su dilatada experiencia profesional, por su desafortunada ruptura con el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, cuya relación con Esther Doña, viuda del marqués de Griñón, llenó hace meses las primeras páginas del papel couché. Otra contribución (esa y el perfume de la letrada) a la excepcionalidad del caso Atrio, donde todo parece tocado por la varita de un glamour más o menos afortunado.

Sylvia Córdoba se presentó en los juzgados pasadas las once de la mañana, prácticamente cuando llegaron los acusados en el furgón policial. A los dos guardias civiles de control preguntó por el juzgado de guardia, lista para defender a los detenidos, que en Croacia han estado representados por un grupo de abogados entre los que se encuentra Zvonko Kristovic, que en declaraciones a los medios, ha defendido la inocencia de los imputados.

Pisando de nuevo la tierra, Raúl González, portavoz de la jefatura superior de la Policía Nacional, el hombre que nunca pierde la compostura, explicó que los detenidos por el robo de Atrio habían llegado de madrugada y pasaron la noche en comisaría. Relató que en todo momento, tras su aterrizaje en España, fueron custodiados por patrullas de la Policía Nacional.

Raúl González, portavoz de la policía, ofrece la última hora sobre los detenidos. / Carla Graw

En los calabozos

Entretanto, los arrestados permanecían en los calabozos del Palacio de Justicia, elefantiásico edificio inaugurado en el año 2000. La primera piedra se colocó el 24 de noviembre de 1997 y durante tres años se hicieron obras que superaron los 8 millones de euros de presupuesto. Las trenas se encuentran en los bajos del recinto, en habitáculos cerrados, sin conexión con el exterior a excepción de la puerta de entrada y salida. En ese área también hay salas de archivo. El subterráneo tiene acceso directo con las zonas de declaración para evitar, en los casos que así se estime oportuno, que los detenidos pasen por los pasillos principales del palacio. Las celdas miden cuatro metros de ancho por seis de largo. De paredes blancas, dos de ellas, en las que entraron Priscila y Constantin por separado, eran testigos de otra declaración histórica: la del robo del Relais&Chateaux de Cáceres.

Pasada una hora sobre la agenda prevista (13.06), la jueza llamaba a los dos acusados. "Están muy tranquilos", confirmaban en ese momento fuentes de la investigación. Personal de seguridad los trasladaba en ese instante a la sala de vistas, donde de manera inminente dio comienzo el interrogatorio, que duró menos de lo previsto, alrededor de tres cuartos de hora, justo en el momento en que agentes de paisano de la comisaría de Cáceres (13.45) abandonaron el Palacio de Justicia.

No tardó entonces en comparecer con luz y taquígrafos Sylvia Córdoba, que defendió la inocencia de sus clientes al término del interrogatorio. Concretó que los acusados se habían acogido a su derecho a no declarar y solo respondieron a las preguntas de la defensa. En ese sentido, rechazó la petición de fiscalía sobre la prisión preventiva porque aseguró que no había riesgo fundado de fuga. Sostuvo en todo momento que estos meses en los que han viajado por Europa "no han estado fugándose, estaban de vacaciones".

"Lo mismo me voy a Atrio"

Pero eran las 14.44 cuando la abogada, en una conversación informal con este periódico, vaticinó: "Me temo lo peor", al estimar la casi segura probabilidad de que sus defendidos entraran en prisión. La mediática jurista quería marcharse a comer: "¿Me recomendáis algún sitio?", preguntó a este diario, a lo que directamente ella se respondió entre risas: "Lo mismo me voy a Atrio".

Pero fue una salida fugaz. A la letrada no le dio tiempo a almorzar y enseguida accedió de nuevo al Palacio de Justicia para conocer el auto, que estaba a punto de hacerse público.

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En la puerta del centro penitenciario de Cáceres, las cámaras comenzaban a tomar posiciones a las tres de la tarde a la espera de que la jueza pudiera decretar el ingreso en prisión, que ya se daba prácticamente por seguro.

Y así fue, a las 15.22, María del Ara Sánchez cerraba el primer capítulo de este culebrón y enviaba a los detenidos a su nueva morada. Salieron por donde entraron, a bordo de un furgón y custodiados por otro coche del Cuerpo Nacional de Policía. El semáforo de La Hispanidad, largo donde los haya, seguía en rojo. Pero no importaba. Los agentes se lo saltaron que por algo son ellos la autoridad. Priscila y Constantin ya tienen check-in en su nuevo hotel.