Homofobia

Un año sin Samuel Luiz: su huella, reflexiones y legados

Asociaciones LGBTIQ + valoran los posos del asesinato del joven en A Coruña y la inseguridad que sienten las personas del colectivo

Un año sin Samuel Luiz: su huella, reflexiones y legados

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Marta Otero Mayán - Daniel Abelenda Lado

Los coruñeses jamás olvidarán el 3 de julio de 2021. Samuel Luiz Muñiz, de 24 años, perdía la vida en la avenida Buenos Aires de Riazor tras recibir una brutal paliza entre insultos homófobos cuando volvía de disfrutar de una noche de ocio nocturno en A Coruña. Un trance difícil de olvidar, no solo por lo cruento de los hechos, sino por la reacción social que despertó el asesinato del joven. Miles de personas llenaron las plazas y las calles de ciudades de todo el Estado para exigir justicia para Samuel, llorar su pérdida, confortar a sus allegados y también para reivindicar la desprotección y la vulnerabilidad que enfrentan las personas del colectivo LGBT todos los días. A punto de cumplirse un año de los horribles sucesos y con sus agresores en prisión, muchos se preguntan qué poso quedó en al sociedad de aquella reacción unánime de condena y duelo que unió a miles de personas en la misma causa. Las asociaciones LGBT de la ciudad, que en su momento bregaron para que no se omitiese el componente de odio en las investigaciones del crimen, mantienen opiniones y juicios dispares sobre los remanentes de lo ocurrido.

“Llevamos todo el año con esto presente. Fue un caso que golpeó muy muy fuerte a nivel moral y emocional a todo el colectivo de la ciudad”, reconoce Ana G. Fernández, presidenta de la asociación ALAS A Coruña. Para Fernández, el caso Samuel tuvo dos consecuencias para el colectivo: por una parte, el aumento de las denuncias de ataques LGBTfóbicos en los meses y semanas posteriores a los hechos. Por otro, el aumento de la visibilidad de este tipo de agresiones, tristemente familiares para las personas del colectivo. “La violencia y la discriminación no se ha terminado en este año, pero por suerte no hemos tenido un caso tan grave que haya resultado en la muerte de una persona”, reflexiona, que espera con tensión el momento en el que se celebre el juicio, que, asegura, “reabrirá heridas”. Para sacar conclusiones, advierte, todavía hace falta tiempo. “Dentro de cinco años podremos ver cómo están las cosas con datos y estadísticas en la mano. De repente, muere un chaval apaleado al grito de ‘maricón de mierda’ y toda la sociedad LBTI se levanta para decir que basta ya”, concluye. Un pesar que comparte Rubén Aleixandre, del Comité Anti Sida de A Coruña (Casco), que alerta del aumento de la sensación de inseguridad que padecen las personas del colectivo. “Nos sentimos desprotegidos, se siente más inseguridad. La de Samuel no fue la última agresión que hubo. No para de crecer la LGBTifobia y el odio”, lamenta Aleixandre, que asegura que, ante esta situación, las personas del colectivo han optado por construir sus propios espacios seguros, sobre todo en el ámbito del ocio nocturno, donde se concentran muchas de estas agresiones. “Acaba de abrir uno de los últimos locales LGBTI y se nota la afluencia porque la gente necesita sitios seguros en los que salir”, asegura.

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Coincide Andie Sánchez, responsable comarcal de Avante LGBT A Coruña y Orgullo Rebelde A Coruña (Orod). La entidad prepara un homenaje al joven para el próximo domingo, fecha en la que se cumplirá el año del crimen. Para Sánchez, el balance no es optimista. “Pensamos que lo de Samuel iba a ser un punto de inflexión, pero fuimos a peor”, asevera Sánchez, que siguió de cerca las agresiones homófobas que se hicieron públicas este año para ofrecer apoyo y consuelo a los afectados. “No sé si aumentaron las agresiones o es que ahora somos más conscientes. Cuando nos enteramos de una, contactamos con la persona afectada y le ofrecemos apoyo y entrar en la organización”, cuenta Sánchez.

El lema del Orgullo Rebelde de este año, precisamente, anima a poner el foco a las agresiones homófobas que ocurren en pubs y discotecas, que provocan que las personas del colectivo busquen “espacios seguros” que les permitan disfrutar y bajar la guardia. Una prudencia permanente a la que alude Sandra López, presidenta de la asociación Les Coruña, cuando piensa en el balance de este año. “En ese momento, la sociedad coruñesa se conmovió y salió a protestar contra un delito de odio. Cuando pasan estas cosas, la gente reacciona. Las personas LGBT llevamos el miedo en el cuerpo”, asegura López, que apunta situaciones cotidianas para cualquier ciudadano, como caminar por la calle de la mano de su pareja o dar un beso en público, como acciones que las personas gays, lesbianas, trans o bisexuales “se piensan dos veces”. Con todo, López desliga lo sucedido con Samuel de la realidad de la ciudad de A Coruña, dibuja un horizonte algo más optimista. “Pasó en A Coruña pero podía haber pasado en cualquier sitio. Es una ciudad abierta y libre, en la que hay energúmenos, como en todas. Creo que lo que le pasó a Samuel no es la norma”, defiende López.