Sin rastro desde el 24 de mayo de 2020

Jorge, el joven que desapareció en Huelva cuando salió a hacer deporte en pleno confinamiento

Algunas personas aseguraron haberle visto viviendo en la calle, desorientado y buscando comida en un contenedor

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Tamara Morillo
Tamara Morillo

Periodista

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"Era el primer fin de semana después de la pandemia y decidimos pasar el día en una casa que tenemos en Candón (Huelva)". Ahí comenzó la pesadilla. Quien habla es María José Alamillo, hermana de Jorge. Es la voz de una familia que lleva casi año y medio buscando respuestas.

Domingo, 24 de mayo de 2020, España apuntaba a la desescalada tras meses de restricciones (por aquel entonces empezaron las fases, los horarios y salidas con limitaciones, pero salidas al fin). Se caminaba hacia la nueva normalidad. Una normalidad que para ellos está marcada por dolor y ausencia. Desde entonces su días se traducen en esperar. En vivir sin él. Jorge Alamillo, de 41 años, salió a hacer una ruta por el entorno natural de la aldea beasina de Candón. Pensaban pasar el día en familia. Sus padres le esperaban para comer. No regresó.

Se ha peinado 70 kilómetros de campo con perros, drones y helicópteros, pero Jorge no está

"Salió de casa sobre las nueve", cuenta María José. "Sobre las once y cuarto mi madre lo llamó", recuerda. "Lo notó como agitado, como si estuviera corriendo. Le dijo que estaba cerca de la casa, que ya iba para allá”.

Su hermano no volvió. Desde entonces le buscan. Accidente, desorientación... Hipótesis hay muchas, certezas pocas. Se han batido 70 kilómetros de campo buscándole. No está. Su desaparición se ha convertido en un auténtico rompecabezas para la Guardia Civil. También para su familia, que no sabe de dónde tirar.

Jorge desapareció el 24 de mayo de 2020. /

Divertido, bromista, alegre y, sobre todo, activo: bici, rutas senderistas, MTB (Mountain Bike), trail running... Naturaleza y deporte, el combo perfecto para él. Tándem que exprimía siempre que podía. Jorge hizo de su pasión su profesión y en 2017 empezó a trabajar en Decathlon. Se convirtió en experto en Montaña.

La pandemia limitó sus salidas, su trabajo, pero la siguiente fase de desescalada ya se había anunciado. En unos días volvería con "la marea azul, los decathlonianos". Empezaba a ver la luz. Estaba feliz. "Si luchamos hasta el final conseguiremos lo que queremos (...) A pesar de todo lo que está pasando, a mí el confinamiento me está viendo bien", publicó en redes sociales el propio Jorge unos días antes desaparecer. "Estoy valorando cosas que no valoraba antes (ESTABA PERDIDO...) poco a poco se irá solucionando la cosa #quesalgaelsolpordondequiera". Escribió algunos mensajes más. Siempre dando ánimo. En todos recordando que, por donde fuera, pero siempre, siempre, saldría el sol. Serían sus últimos post.

Jorge en una de sus rutas. /

Aquel domingo salió a las nueve de la mañana con una botella de agua y su teléfono móvil. Un par de horas más tarde, en plena ruta, habló con su madre. Le dijo que ya estaba regresando a casa. Pero no llegaba. Volvieron a llamarle. No hubo respuesta. Intentaron contactar con él en más ocasiones, nunca respondió. A las cinco de la tarde su teléfono ya no daba señal. Jorge desapareció.

Antes del mediodía un operativo improvisado comenzó a batir la zona. Se hizo con carácter urgente y un único objetivo: auxiliarlo. Encontrarlo pronto por si le había pasado algo. Empezó su familia, se añadieron amigos y voluntarios y terminó uniéndose la Guardia Civil. María José, su hermana, enfermera -en primera línea de fuego contra la Covid- no terminaba el turno hasta las siete de la tarde. Fue cuando se enteró. La batida, preventiva entonces, se hizo firme. La búsqueda se mantiene desde entonces.

"Estaba desorientado"

"Cuando empezó el rastreo, un vecino nos contó que mi hermano entró en su finca sobre las once. Más o menos a la misma hora a la que habló con mi madre. Nos dijo que estaba desorientado y que Jorge le preguntó cómo regresar a Candón", cuenta María José. "Le indicó el camino, le trazó una recta para que volviera sin pérdida".

Horas después, y durante siete días, mapearon toda la zona. La sectorizaron. Se buscó por aire, tierra y agua. La Guardia Civil rastreó los múltiples embalses que rodean el entorno de Candón, perros de la unidad canina de Bomberos y del Instituto Armado peinaron los caminos.

Se sumaron helicópteros, drones. No hubo límite, tampoco respuesta. Se batieron 70 kilómetros cuadrados. Metro a metro. Palmo a palmo. Al operativo de expertos, se unieron un sinfín de voluntarios que recorrieron el camino tanto a pie como en coche, moto, caballo y bicicleta. No se halló nada.

Dispositivo de búsqueda por Jorge Alamillo. /

"Jorge está aquí"

Mientras se batía la zona, llegaron las llamadas. No fue una, sino varias, las personas que aseguraron haber visto a Jorge deambular por diferentes zonas de Andalucía. "La primera fue en Lucena del Puerto (Huelva), fuimos corriendo hacia allí", recuerda la hermana de Jorge. Avistamientos que inyectaron esperanza y a los que se les dio alta credibilidad porque Jorge toma y necesita medicación. La idea de que hubiera dejado atrás el campo y no supiera regresar era viable. Factible. La suma de los días podría aumentar la desorientación. Los esfuerzos se doblaron, buscaban en ciudades, pueblos, aunque no se dejó de mirar al campo, pues la idea de que Jorge hubiera tenido un accidente siempre fue una opción.

Algunas llamadas alertaban de que había sido visto buscando comida en algún contenedor. Perdido, desorientado. "Al principio, cualquier cosa que te dicen te la crees. Nos dieron aviso de todos los lados", cuenta María José. La incertidumbre, común en toda desaparición, se hacía y hace aún más fuerte con Jorge Alamillo. El vaivén emocional se activa. Hiere como un puñal: "Ya no sabemos qué pensar. A veces piensas que está bien, aunque desorientado... que volverá, y otras muchas creemos que a mi hermano le pasó algo en el camino. De hecho, ahora mismo yo dibujo esa posibilidad."

Familiares y amigos no cesan en la búsqueda. /

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La búsqueda no cesa. Jorge, el joven que parecía callado, incluso serio, pero disfrutaba riendo y haciendo reír. Bromista, excelente deportista, simpático, que celebraba la vuelta a la normalidad, no está. Sus hermanos, su primo, y sus padres -con quienes vivía-, se agarran a la esperanza de que termine todo. También sus amigos. Miran al campo, en Candón, dónde hablaron por última vez, y piden ayuda, "por si alguien recuerda haber visto algo". Pero sueñan con que vuelva caminando a casa. "Hace nada mi madre vio una bicicleta por el pueblo, le dio un vuelco al corazón".

No hay momento en que no le piensen, le recuerden. No hay día que no le esperen. Caminan sin detenerse, pero no es fácil. La montaña a la que se enfrentan, sin el experto, se hace inmensa, difícil, muy difícil de escalar.