Auge de ciberestafas

Las extorsiones a clientes de la prostitución se disparan durante la pandemia

  • Hay más de 90 casos conocidos por los Mossos aunque la mayoría de hombres amenazados no comunica lo ocurrido a las autoridades

  • Las restricciones sanitarias han dejado a las trabajadoras sexuales más indefensas y a los clientes más expuestos a este tipo de delitos

Las extorsiones comienzan con un anuncio falso de servicios sexuales.

Las extorsiones comienzan con un anuncio falso de servicios sexuales.

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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La estafa comienza colgando un anuncio falso en portales en los que se ofertan servicios de prostitución. El cliente llama y responde una mujer que finge ser la trabajadora sexual que aparece en la fotografía del anuncio. Es la primera de varias conversaciones que, al final, no cristalizan en ningún acuerdo para que se produzca el encuentro. Ese era el plan, que a continuación entra en la fase de extorsión.

“Aprovechando que ya tienen su número de teléfono móvil, los extorsionadores envían un mensaje en el que explican a la víctima –el cliente– que debe compensar al proxeneta por haber mantenido ocupada a una de las trabajadoras para un servicio que al final no ha realizado”, explica el sargento Rafael de la Rosa, de la unidad de Secuestros y Extorsiones de los Mossos d’Esquadra. Uno de los usuarios del portal ‘sexomercadobcn.com’ ha colgado en la web capturas de ese primer mensaje, que acaba de forma intimidatoria: “(…) [Mi jefe] quiere mandarme a mí y socios a solucionar este problema a tu lugar de domicilio o de trabajo, pienso que todos tenemos una privacidad y discreción y no creo que sea necesario llegar a este extremo (...)”.

Amenazas

“Para solucionarlo, piden cantidades de dinero asumibles. De varios cientos de euros, normalmente. Aunque hemos visto un denunciante que ha llegado a pagar 10.000 euros”, aclara el sargento de la Rosa. Si tras ese primer mensaje, la víctima se niega a colaborar, comienza a recibir vídeos de ejecuciones o de cuerpos mutilados, grabaciones que los extorsionadores han obtenido de portales gore donde se cuelgan imágenes que, a menudo, pertenecen a países en guerra como Iraq o Afganistán. Es una amenaza doble. Por un lado, amedrentan al cliente asegurándole que si no accede a enviar el dinero solicitado, harán pública su condición de consumidor de prostitución. Por el otro, mandan estos vídeos –“que no tienen ninguna relación real con los extorsionadores”, subraya el sargento De La Rosa– para que las víctimas teman por su integridad. Y pagar solo empeora las cosas, advierte el policía. En cuanto los extorsionadores den con una víctima que accede a ingresar el dinero, “seguirán explotándolo”.

Mafia rusa con acento latino

Detrás de esta estafa hay varios grupos de personas que están “más o menos” en contacto entre sí, detalla el sargento. Muchos están físicamente en España y otros llaman desde el extranjero, sobre todo, desde México. “Lo más curioso del caso es que algunos afirman pertenecer a la mafia rusa y hablan con acento claramente latino”, ejemplifica para dejar claro hasta qué punto se trata simplemente de una estafa en la que no deben caer porque no constan casos en los que hayan llevado a cabo sus amenazas. “Aconsejamos que no paguen, que bloqueen el número desde el que los ha contactado y que denuncien los hechos a una comisaría”. En los últimos tres meses, los Mossos han recogido más de 90 denuncias de personas que han sufrido este tipo de extorsión solo en Catalunya. La Policía Nacional ha recogido más denuncias. Y se trata de una cifra que no refleja la magnitud del problema dado que el estigma que persigue a clientes y trabajadoras sexuales hace que casi todos eviten denunciar estos hechos. Para los Mossos es la extorsión más frecuentes de cuantas han proliferado en el marco de la pandemia. Por dos motivos. El primero es que mientras la delincuencia común se ha desplomado a causa de las mismas restricciones que han detenido la actividad económica, las estafas –en concreto las ciberestafas– se han disparado. El segundo es que el aislamiento social ha provocado que el porcentaje de clientes y prostitutas que contactan en el entorno virtual haya crecido exponencialmente.

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Desde ‘sexomercadobcn.com’ se añade un tercer motivo. La mayoría de portales que publicitan anuncios de prostitución “no verifican la autenticidad” de los contenidos. “Lo cual ha provocado que casi todos hayan terminado albergando falsos anuncios”, subrayan.

La ‘clandestinización’

Para Paula Arce, profesora de la Univeristat Autònoma de Barcelona (UAB) y parte del grupo académico Antígona que investiga el campo jurídico con perspectiva de género, "la pandemia ha acentuado la 'clandestinización' de la prostitución y ha deteriorado gravemente las condiciones de las trabajadoras sexuales dado que casi ninguna ha recibido ayudas del gobierno porque no cumplían los requisitos que se les exige". Con el cierre de los burdeles conocidos por las autoridades por motivos sanitarios, las mujeres han tenido que trasladarse a pisos ilegales o a la esfera virtual, vendiendo servicios a través de videollamadas. Este desplazamiento ha provocado mayor "vulnerabilidad" para ellas y también ha propiciado "un caldo de cultivo" para los extorsionadores de sus clientes, concluye.