Explotación sexual

Encerrada en una habitación del Raval y obligada a prostituirse durante las 24 horas

  • Los Mossos liberan a una mujer brasileña retenida en un piso de Barcelona y arrestan a dos de sus tres captores

  • El domicilio operaba como un burdel clandestino operativo en la pandemia, también durante la franja nocturna del toque de queda

  • Los investigadores creen que la banda ha abusado de más víctimas en una casa que también usaban para plantar marihuana

Bloque en el que los Mossos liberaron la mujer explotada y hallaron la plantación.

Bloque en el que los Mossos liberaron la mujer explotada y hallaron la plantación. / Guillem Sánchez

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Una llamada al 112 condujo a los Mossos d’Esquadra hasta un piso del Raval de Barcelona que funcionaba al mismo tiempo como un burdel clandestino y como escondite para un cultivo ‘indoor’ en el que se cultivaban más de 200 plantas de marihuana. La llamada logró hacerla una mujer de nacionalidad brasileña y de 35 años de edad que explicó que se encontraba encerrada contra su voluntad en una habitación del principal segunda del número 76 de la calle de Hospital de Barcelona.

Los agentes acudieron en auxilio de la mujer, que los esperaba asomada al balcón. Con gestos imploró que subieran a sacarla de allí. Los policías entraron en el edificio y llamaron a la puerta indicada. Desde el interior, la víctima explicó que no podía abrir porque no disponía de llave. Los agentes oyeron una segunda voz, varonil, que ordenaba a la mujer mantener la puerta cerrada. Los policías finalmente lograron entrar y la mujer contó que tres hombres –uno de los cuales era el que estaba junto a ella en ese instante– la mantenían encerrada en una habitación y que la obligaban a prostituirse durante las 24 horas. Los agentes arrestaron al hombre y la dejaron a ella, que se encontraba en buen estado de salud, en manos de los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona.

La investigación

Al registrar el domicilio, los policías hallaron la plantación de marihuana distribuida en dos habitaciones, cultivada gracias a una instalación que, posiblemente, esté detrás de los cortes de luz que han afectado a vecinos del bloque. “Últimamente se ha ido la electricidad en dos ocasiones”, explica una vecina que vive encima del piso del vivero. “Sin luz ni siquiera podemos enchufar las estufas eléctricas para calentarnos”, protesta otro vecino pakistaní del edificio, el mismo que señala que últimamente hay jóvenes que se situaban en la entrada principal e impedían a los inquilinos cerrarla. “Querían que estuviera abierta toda la noche”, asegura, antes de lamentar cómo se ha deteriorado la convivencia en la escalera. Los investigadores sospechan que quienes impedían que se cerrara la puerta actuaban en connivencia con los tres presuntos explotadores del principal: para facilitar el acceso a clientes en busca de servicios sexuales que prestaba –coaccionada– la mujer. En plena pandemia, exponiéndose al riesgo de contagiarse por covid-19 o de acabar propagándolo.

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Según fuentes consultadas por este diario, la víctima rescatada el lunes residía en este piso desde que acabó la Navidad. La captó un hombre de 26 años con diversos antecedentes policiales –por robo violento, hurto o atentado– que la convenció para que se prostituyera en esta casa. La ayudó a instalarse y cerró un acuerdo con ella. Viviría allí, le darían de comer y le pagarían una parte del dinero que ganara vendiendo su cuerpo. Sin embargo, según la víctima, el acuerdo no se cumplió porque ni respetaban su descanso, ni le daban la comida pactada, ni el dinero prometido. Tenía que acostarse con quien le ordenaran a cualquier hora del día, también durante la franja nocturna del toque de queda. La mujer protestó y su captador la encerró en una habitación y la retuvo bajo amenazas. Así aguantó durante tres días, hasta que logró llamar al 112. El hombre de 46 años que los Mossos arrestaron en el piso porque estaba junto a ella cuando llegaron ejercía la doble función de cuidador de las plantas de marihuana –las regaba y supervisaba la instalación– y de vigilante de la mujer retenida. No tenía antecedentes policiales.

Con la denuncia de la mujer, la Unitat de Investigació del distrito de Ciutat Vella arrancó unas pesquisas que condujeron hasta el hombre de 26 años, el supuesto líder de la banda, que fue arrestado en su casa un día después, el martes 26 de enero, en su residencia del Raval. Los investigadores no dan el caso por cerrado. Buscan al tercer miembro del grupo e indagan en el pasado de este piso porque sospechan que por allí, antes que la mujer brasileña, han pasado otras víctimas en una situación de explotación sexual tan denigrante como la última. Los dos arrestados, ambos de nacionalidad española, pasaron a disposición judicial y quedaron en libertad con cargos.