25 minutos de riesgo para los ciudadanos

El conductor de la persecución de Mataró: "Me llevaré a algún policía por delante"

  • Esta persecución ha puesto sobre la mesa la necesidad de dotar de pinchos a las patrullas para evitar el uso del arma de fuego

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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El conductor de Mataró que protagonizó una huida que acabó a tiros el pasado miércoles 26 de mayo recorrió unos 20 kilómetros durante unos 25 minutos y puso en riesgo la vida de incontables conductores y peatones de las poblaciones de la capital del Maresme, de Llavaneres, de Sant Vicenç de Montalt y de Arenys de Mar. Sobre todo de esta última localidad: accedió a su casco antiguo. Según fuentes policiales consultadas por EL PERIÓDICO, durante esta escapada se saltó semáforos y numerosas señales de stop, condujo en sentido contrario, superó los límites de velocidad tanto como le permitió el motor de su Skoda, obligó a apartarse a la cuneta a conductores que venían de frente y efectuó varios frenazos que amenazaron la integridad de las cuatro motocicletas de la Policía Local de Mataró de las que huía.

A la una del mediodía, el conductor del Skoda, un joven de 23 años y de nacionalidad española, fue identificado en un control aleatorio dispuesto por el cuerpo municipal de Mataró en el polígono El Rengle. El coche tenía la ITV caducada y no disponía del seguro obligatorio. Lo sometieron a un drogotest y dio positivo por marihuana. Los agentes le informaron de que iban a proceder a inmovilizar el vehículo e iban a practicarle una segunda prueba, de alcoholemia. Su reacción fue exclamar que si fueran agentes de la Guardia Civil “ya estarían muertos” pero que aún podía “llevarse por delante” a algunos policías locales. Pisó el acelerador y se dio a la fuga. No había ninguna barrera de pinchos que se lo impidiera.

La huida se alargó hasta que un cabo de los Mossos d’Esquadra y un sargento de la Policía Local de Mataró lograron detenerlo a tiros en un tramo de la N-2, junto al cámping del Toro Azul, antes de entrar en Canet de Mar. El sargento del cuerpo municipal había seguido por emisora la huida y había intuido que seguiría por la N-2 en dirección a Francia. Decidió interceptarlo en ese punto y ahí se encontró también con un coche de los Mossos en el que viajaba el cabo. Los dos policías cruzaron los vehículos en la calzada, apartaron a cuantos conductores pudieron y, con el arma en la mano, esperaron al fugado, que apareció enseguida. Le dieron el alto, hizo caso omiso y ambos dispararon a los neumáticos, un tiro cada uno. El cabo le dio al conductor, en el abdomen. El coche entró en la cuneta y acabó estrellándose con una furgoneta junto a la que había un grupo de ciclistas que a punto estuvieron de acabar embestidos.

Ya en el hospital y fuera del peligro, el conductor tomó consciencia de lo sucedido. La investigación judicial no ha hallado, de momento, indicios de que los policías cometieran delito alguno al usar el arma de fuego, a pesar de que una de las balas acabó alojada en el cuerpo del conductor. Cuando tal fallo judicial se confirme, el cuerpo autonómico abrirá una información reservada para valorar si hubo o no mala praxis por parte del cabo. Sobre el conductor sí existen indicios de varios delitos y afrontará en las próximas semanas una causa por los delitos de desobediencia y atentado a agentes de la autoridad, lesiones, conducir bajo los efectos de substancias estupefacientes y contra la seguridad viaria.

 Los sindicatos  

 El episodio ha abierto de nuevo el debate del material que deben tener a mano las patrullas de seguridad ciudadana de los Mossos. A pesar de que los sindicatos respaldan la actuación de los policías, subrayan que usar un arma de fuego no es el medio adecuado.

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El portavoz del SPC, David Miquel, detalla que las barras o tiras de pinchos son un material que llevan habitualmente los efectivos de Trànsit o de la ARRO para montar controles. Sin embargo, cuando una persecución surge en caliente quienes deben actuar son las patrullas. "Siempre hemos reclamado que deberían haber pinchos en los coches". "Nos dan lo mínimo, que es muy poco en comparación con otros cuerpos europeos", subraya. Toni Castejón, portavoz de FEPOL, recuerda que cuando se produjeron los atentados terroristas del 17-A y se activó un dispositivo para tratar de rodear al conductor de La Rambla "faltaron pinchos" en muchos puntos. "El caso de Mataró es de manual. Dotar o no de esta herramienta a los patrulla es un tema intermitente en los consejos de policía pero que siempre queda en una declaración de buenas intenciones".

Desde USPAC, Albert Palacios, razona que en este tipo de persecuciones los policías tienen la obligación de detener el vehículo porque pone en riesgo la seguridad del resto de ciudadanos pero subraya que esa misión, sin barras de pinchos y con un arma de fuego –"con l poca de formación de tiro que recibimos"–, es muy arriesgada.