Filtro delincuencial

El toque de queda facilita la captura de fugitivos

  • Parte importante de las personas que se saltan la prohibición nocturna tienen pendientes requerimientos judiciales o policiales

  • El portavoz de los Mossos d'Esquadra, Joan Carles Molinero, celebra la comprensión ciudadana con los agentes

  • Los delitos siguen un 40% por debajo de la media y la actividad de los juzgados de guardia disminuye en proporción

La Rambla durante los primera hora del toque de queda, hora de regreso a casa.

La Rambla durante los primera hora del toque de queda, hora de regreso a casa. / Ferran Nadeu (Ferran Nadeu)

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Una "parte importante" de los identificados por los Mossos d'Esquadra por quebrantar el toque de queda aparecen en "rojo". Es decir, al introducir sus datos en la base policial constan como personas huidas de la justicia. "Es una percepción que comparten los jefes de turno de las distintas regiones policiales pero que todavía no está contabilizada", explica el portavoz de la policía catalana, Joan Carles Molinero, que aclara que no se trata de reos fugados de la cárcel sino de ciudadanos con cuentas pendientes con la ley.

Casos de personas que, por ejemplo, habían ignorado una sentencia que les obligaba a ingresar en un centro penitenciario. O que no habían atendido una citación judicial. O que están en búsqueda y captura por una investigación. "Desde un punto de vista policial, el toque de queda ha venido bien para reducir la cantidad de personas con requerimientos", razona Molinero.

Alto cumplimiento

El grado de cumplimiento de la medida, en general, es muy elevado. Como lo es la comprensión que la ciudadanía demuestra al ser abordada por los agentes. "Durante los instantes inmediatamente posteriores a las 22.00 horas –cuando entra en vigencia una prohibición para contener la pandemia que se alarga hasta las 6.00 horas– hacemos pedagogía porque son casos de personas que se han despistado y que no tienen intención de quebrantar el toque", razona Molinero. Sin embargo, cuando la noche avanza, quienes persisten en romperlo forman parte de capas más "marginales" o "delincuenciales" entre los que abundan más los ciudadanos más acostumbrados a transgredir.

Control policial en la Meridiana de Barcelona, durante el toque de queda.

/ FERRAN NADEU

"Por la noche no puede haber nadie en la calle salvo quienes forman parte de los servicios esenciales o realizan trabajos como el de mensajería", describe Molinero. Un contexto que deja muy expuestos a los que desoyen el toque de queda y lo hacen, además, para cometer delitos, como alunizajes contra establecimientos comerciales. "Los arrestos in fraganti han crecido mucho estos últimos meses", coincide la intendente Silvia Catà, responsable de Seguretat Ciutadana en Barcelona.

Más denuncias por desobediencia

Las denuncias por desobediencia o resistencia a agentes de la autoridad han aumentado en 2020. "No solo a causa de la pandemia", remarca Molinero. Ya comenzaron a crecer en enero y en febrero. El portavoz achaca el crecimiento a una "pérdida" de respeto a la autoridad, no solo policial sino "a cualquier tipo de autoridad". Una tendencia que encarnan, sobre todo, colectivos negacionistas con el virus o de ideología "antipolicial" y que, de nuevo, no se corresponden con la actitud generalizada de respeto a las restricciones decretadas desde el pasado mes de marzo al inicio de la pandemia.

Un acatamiento que no esconde que el nivel de cansancio y desesperación crece. "No reaccionan de la misma manera ante una multa un ciudadano que tiene trabajo y una situación estable que uno que está en el paro y está sufriendo apuros económicos".

Menos juicios

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La delincuencia ha descendido en un 40% en relación a años anteriores. Un frenazo de la actividad criminal que también se nota en los juzgados de guardia de la ciudad de Barcelona, que han bajado su actividad. El número de detenidos que pasa a su disposición ha caído aproximadamente a la mitad, pasando de unos 14 diarios a 7 diarios. Además, los juicios rápidos por hurto –delitos leves, antiguas faltas– han pasado de 30 diarios a 7 diarios. Un decremento vinculado a la escasez de turistas, las víctimas favoritas de los carteristas. El hurto, el delito rey en Barcelona, ha caído en un 60% desde que se decretó el primer estado de alarma.

Otros datos significativos: disminuyen los atestados por alcoholemias y, en consecuencia, los procesos penales que arrancaban para dirimir este tipo de delitos, según explica una jueza de Barcelona. La gente no puede salir por la noche y los restaurantes cierran antes del toque de queda y, por tanto, se reduce exponencialmente la cantidad de conductores ebrios al volante.