Controles policiales

Viajeros con causa en una Catalunya reconfinada

Los ciudadanos tal vez desconozcan la letra pequeña de las nuevas restricciones pero ya no salen de casa sin un buen motivo

Un agente comprueba si un viajero puede desplazarse.

Un agente comprueba si un viajero puede desplazarse. / MANU MITRU

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Tras la moratoria de la Navidad, un periodo de vista gorda para reencuentros familiares y un balón de oxígeno para la economía amparado por los Reyes Magos, Catalunya ha vuelto a poblarse de controles policiales para reducir la movilidad. Desde la medianoche de este 7 de enero, el confinamiento municipal se ha estrenado en días laborables –hasta ahora operaba únicamente durante los fines de semana– y los Mossos d’Esquadra han dispuesto agentes en 258 puntos de carreteras para comprobar que se respetaba. Los cuerpos municipales, en paralelo, se han hecho cargo de regular los límites territoriales de sus poblaciones. Son medidas tan restrictivas que no hace tanto convertirían esa hora y esa fecha en un capítulo memorable para la historia pero actualmente, tras diez meses conviviendo con una pandemia mundial que solo en España ha robado más de 50.000 vidas, incluso costará no olvidarlo.

El balance de la primera noche de endurecimiento de las medidas sanitarias no ha pillado desprevenidos a los ciudadanos. La inmensa mayoría de los identificados en controles se desplazaban por motivos previstos en las excepciones que contempla el Govern de la Generalitat. Y además lo hacían con el certificado autorresponsable guardado en el bolso o en el teléfono móvil. Los agentes han levantado muy pocas actas de sanción. El grado de cumplimiento ha sido altísimo, ha reconocido el 'conseller' d'Interior, Miquel Sàmper. Los conductores se dirigían a su puesto trabajo o al médico o a hacerse cargo de un familiar vulnerable.

Control de movilidad este 7 de enero por la mañana en la Gran Via.

/ Ferran Nadeu

Policías en Sants

Por la tarde se ha extendido el dispositivo de supervisión policial a estaciones de transporte público como la de trenes de Sants en el centro de Barcelona. Tres agentes de los Mossos, rodeados por decenas de vigilantes privados –estos sin autoridad para revisar por qué motivos se desplazan los ciudadanos–, han comprobado que tampoco los que viajan en tren incumplen las restricciones.

Que casi nadie incumpla no significa que se esté al corriente de la letra pequeña y cambiante de las restricciones. De todos los viajeros que ha sondeado este diario, la mitad no sabía decir exactamente en qué había modificado el Govern la prohibición de desplazarse antes y después del 7 de enero. Sin embargo, ninguno viajaba sin una excepción contemplada en el reglamento antivirus. Una consecuencia de los nuevos tiempos: ha cuajado la percepción de que nadie debe viajar sin un buen motivo. O dicho de otro de modo: los casos de personas que se mueven por motivos no esenciales son extrañísimos. En Sants, por ejemplo, había una mujer que regresaba a Madrid después de pasar unos días con su familia, una universitaria despistada que buscaba el tren que debía devolverla a Sant Vicenç de Calders después de un examen en la facultad, un farmacéutica que se marchaba a casa después de terminar su jornada o un técnico de una energética que acudía a buscar el AVE porque habita entre las capitales catalana y madrileña.

Este último técnico echaba en falta más control en el transporte ferroviario. Según su experiencia, y a pesar de que coge casi a diario este tren de alta velocidad, nadie cuestiona a los viajeros que llegan a Madrid o a Barcelona por qué se mueven. “A mí no me lo ha preguntado nunca ningún policía. Conozco a algún compañero que sí se ha topado con agentes, pero yo con ninguno”.

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La estación de Sants estaba desangelada, como lo están aeropuertos, puertos o autopistas. Los restaurantes y locales de comida rápida tenían las mesas precintadas –solo pueden usarlas dos horas por la mañana y dos al mediodía– y los trabajadores servían bebidas y comida para llevar a los pocos clientes que se acercaban a pedir algo. Las tiendas de ropa, perfume y golosinas tampoco han notado mucha diferencia con el 6 de enero. “Hace mucho tiempo que las ventas han caído en picado”, razonaba una de las vendedoras.

El 'reconfinamiento' perimetral ha estrechado de nuevo la movilidad en Catalunya pero no ha alterado a ciudadanos que llevan mucho tiempo soñando con vacunas que eliminen certificados de autorresponsabilidad y permitan viajar sin un buen motivo.