Un reportaje de Valentina Raffio
La última vez que la humanidad viajó a la Luna, en diciembre de 1972, no existía ni internet ni los móviles, en las radios sonaban los 'hits' de David Bowie, los Rolling Stones y Aretha Franklin, en los cines se estrenaba la primera entrega de El Padrino y en las televisiones se veían imágenes de la Guerra de Vietnam. Medio siglo más tarde, en un mundo radicalmente distinto, nuestra especie ha decidido retomar los viajes hacia el satélite con el objetivo de establecer una base permanente y crear un trampolín para que, algún día, podamos viajar hasta Marte o quién sabe si más allá. Bajo esta premisa, este miércoles se espera el arranque de Artemis II, la primera misión tripulada que viaja a la Luna en 54 años (aunque sin pisarla).
Se trata del segundo vuelo del programa Artemis, el heredero del histórico proyecto Apolo con el que Neil Armstrong dio ese "pequeño paso para el hombre y gran salto para la humanidad". Tras más de una década de estudios y varios años de desarrollo, en noviembre de 2022 se realizó la primera prueba técnica para testar la seguridad del cohete, de la nave y de todos los elementos técnicos del programa Artemis. Ahora, en esta segunda expedición, la misión despegará junto a cuatro astronautas que se convertirán en los primeros terrícolas en viajar a la Luna tras más de medio siglo de ausencia. Según afirma la NASA, impulsora principal de este programa, el suyo se perfila como un viaje histórico que, además, aspira a sentar las bases de una futura colonia humana en la Luna.
Los cuatro protagonistas de la misión
Los cuatro protagonistas de la misión, seleccionados en 2023, son astronautas veteranos, con experiencia en misiones espaciales y con varios años de entrenamiento a sus espaldas. Se trata de los especialistas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el astronauta de Agencia Espacial Canadiense (CSA), Jeremy Hansen. Koch destaca por ser la primera mujer en viajar a la Luna y Glover en la primer afroamericano en formar parte de un proyecto así. Hasta hace un año, los impulsores de este proyecto presumían de la importancia de haber forjado la tripulación "más diversa y más inclusiva de la historia" pero desde la llegada de Trump al poder, y su veto a los programas de inclusión, se han eliminado todas las referencias a esta cuestión. Koch y Glover seguirán viajando al espacio pero desde la retransmisión oficial del evento no se hará mención alguna sobre el hito que supone su inclusión en una misión lunar.
El supercohete más grande y más potente de la historia
Artemis presume de tener el supercohete más potente y más grande de la historia. Se trata del llamado "Sistema de Lanzamiento Espacial", un gigante de casi 100 metros de altura, 8 de diámetro y más de 2.600 toneladas de peso. Según algunas estimaciones, su desarrollo ha costado unos 31.600 millones de dólares y 15 años de trabajo. Uno de los aspectos más curiosos de este colosal vehículo, muy criticado por algunos sectores por su coste desorbitado, es que cuenta con partes reutilizadas de otras misiones como, por ejemplo, el motor principal heredado del programa del transbordador espacial Atlantis y que ya ha volado al espacio varias veces.
El cohete Artemis II del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) de la NASA el sábado 17 de enero de 2026
La joya de la corona de la misión, integrada en la cúspide del cohete, es la nave espacial Orión, desarrollada en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA). Este instrumento será el verdadero encargado de llevar a los astronautas en su viaje de 10 días de ida y vuelta alrededor de la Luna. El corazón de este vehículo ha sido coordinado por el ingeniero español Guillermo González, quien explica con orgullo que "Europa proporcionará oxígeno y agua a los astronautas rumbo a la Luna".
El lanzamiento
El calendario de la misión está planeado segundo por segundo, maniobra por maniobra, y hasta en distintos escenarios. La misión tiene previsto arrancar desde el emblemático Centro Espacial Kennedy de Florida, el mismo lugar que en su día también fue el epicentro del programa Apolo. Tras el rugir de los motores, el cohete de Artemis alzará el vuelo, pondrá en marcha su viaje y tardará alrededor de ocho minutos en llegar al espacio. Una vez ahí, la nave Orión se desprenderá de la estructura principal del cohete y quedará flotando sola en el espacio.
Inspección de la trayectoria y verificación de los mecanismos
En las primeras 24 horas de misión, Orión volará sobre nuestras cabezas. La nave tiene previsto realizar varias órbitas justo por encima de la franja en la que se encuentran la gran mayoría de satélites de telecomunicaciones. Durante esta primera etapa de la misión, se espera que los astronautas lleven a cabo varias pruebas técnicas para asegurar el funcionamiento de la cápsula y de los elementos de viaje. Este proceso será esencial para asegurar la viabilidad de la misión. Si en cualquier momento del proceso los tripulantes detectan algún fallo de gran envergadura tienen la orden de realizar maniobras para volver a la Tierra.
Maniobras hacia la Luna
Una vez comprobado que todos los sistemas funcionan correctamente, la nave Orion realizará una maniobra llamada inyección translunar. En ese momento, el Módulo de Servicio diseñado por Europa encenderá sus motores para aumentar la velocidad de la nave y "escapar" de la gravedad terrestre. Esta maniobra, sin vuelta atrás, busca aprovechar la gravedad terrestre para minimizar el uso de combustible y poner rumbo a la Luna. En total se estima que, tras este movimiento, los astronautas iniciarán un trayecto que cubrirá más de 384.000 km y tardará entre cinco y seis días en completarse.
Vuelo lunar
Todo apunta a que la misión llegará a su punto más cercano a la Luna a lo largo del sexto día de misión, cuando se situará entre 6.400 y 9.700 kilómetros de distancia de la superficie lunar. Para entonces, se estima que los astronautas dedicarán la mayor parte del día a tomar fotografías y videos de la Luna y a grabar sus observaciones, ya que se convertirán en los primeros seres humanos en ver con sus propios ojos algunas partes de nuestro satélite natural como, por ejemplo, el enigmático lado oculto de la Luna. Tras un día sobrevolando este gélido mundo, Orión utilizará el impulso de la Luna para realizar una maniobra para poner de nuevo rumbo a la Tierra.
Trayectoria de regreso, reingreso y amerizaje
Si todo va como previsto, en el décimo día de vuelo, los astronautas de Artemis volverán a la Tierra. En esta última etapa de la misión, Orión se separará para dejar atrás los motores que han acompañado la nave durante todo el viaje y se quedará solo con la parte esencial de la cápsula durante la fase de reingreso a la atmósfera. Será entonces cuando se vivirá uno de los momentos más críticos de la misión. Cuando la nave esté en fase de caída libre, es probable que los técnicos de la misión tengan que cruzar los dedos para que el escudo térmico resista, a diferencia de lo que ocurrió en las pruebas técnicas. Después, también habrá que vigilar de cerca que Orion consiga desplegar sus paracaídas para frenar la caída y aterrizar, de forma controlada, en algún lugar del océano.
Recuperación del Artemis I
El amerizaje está previsto frente a las costas de San Diego, en plenas aguas del Pacífico. Y como suele ocurrir en estos casos, tanto la NASA como a Marina de Estados Unidos han afirmado que se desplazarán hasta el lugar para dar la bienvenida a los viajeros espaciales y recuperar los restos de la misión.
Importancia de una misión lunar histórica que no ha pisado la Luna
El segundo vuelo de Artemis aspira a hacer historia porque se convertirá en la primera misión tripulada en más de cincuenta años y en la primera que devuelve a los humanos a la Luna tras una larga ausencia. Pero su verdadera importancia reside en las esperanzas que siembra. Según ha anunciado recientemente la NASA, si este proyecto culmina con éxito en uno o dos años se lanzará una misión tripulada sobre el suelo lunar. Y si esto también funciona, Estados Unidos ha prometido lanzar hasta una misión al año con el objetivo de construir una base espacial permanente en la Luna cuyo despliegue coordinará el español Carlos García Galán. "Será la mayor aventura de la humanidad", afirma Jared Isaacman, administrador de la NASA, ante el inicio del que podría ser el programa espacial más revolucionario y ambicioso planteado hasta la fecha. Y que, lejos de despegar solo, compite con la iniciativa planteada por China, quien también promete desplegar una base en la Luna.
El Equipo Científico Lunar de Artemis II trabaja en el Centro de Control de Misión del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston.
"Apolo quiso llegar a la Luna para plantar una bandera, Artemis en cambio quiere quedarse. Con esta misión y las que le seguirán, la humanidad empieza a plantearse cómo habitar de forma permanente en otros mundos", explica el divulgador científico Josep Calatayud, creador del canal especializado en espacio 'Control de Misión'. En esta misma línea se pronuncia Mariella Graziano, directora de Estrategia y Desarrollo de Negocio de GMV, quien afirma que Artemis supone "un cambio de paradigma" para las misiones espaciales. "Ya no se trata de misiones puntuales de exploración, sino de construir infraestructuras permanentes en la Luna que permitirían habitar nuestro satélite natural", comenta. El objetivo final, según destaca la misma NASA, es que la Luna también pueda convertirse en un "trampolín" de cara a futuros viajes a Marte. Aunque para eso, matizan los expertos, aún falta mucho.
El viaje de Artemis arranca en un contexto geopolítico complejo, con varias guerras como telón de fondo y una sibilina pugna entre Estados Unidos y China por demostrar quién tiene más capital económico, tecnológico, industrial y hasta intelectual y, en definitiva, quién será el primero en establecerse de forma permanente en la Luna. La historia de la segunda carrera espacial empieza a escribirse ahora entre una compleja maraña de circunstancias en las que se entremezcla el entusiasmo por los proyectos científicos, las dudas sobre la evolución a largo plazo de este programa y el temor de que el caos y los conflictos terrestres se trasladen, algún día, al espacio.
Un reportaje de EL PERIÓDICO
Texto: Valentina Raffio
Fotos: NASA
Diseño e infografía: Alex R. Fischer
Coordinación: Rafa Julve