Historia de los eclipses en España

Los eclipses totales de sol son acontecimientos extraordinarios que dejan huella en generaciones enteras. En España, sin ir más lejos, apenas se han registrado una veintena de eventos de este tipo desde que existen testimonios documentados. A lo largo de la historia, la repentina oscuridad generada por estos fenómenos han detenido batallas, desconcertado a ejércitos enteros y llevado a generales a rendirse tras ver en aquello una señal divina para deponer las armas. Los eclipses españoles también han atraído a científicos de todo el mundo para realizar observaciones y estudios fundamentales sobre el sol. Pero por encima de todo, estos eventos astronómicos han sido una fuente inagotable de asombro, capaces de emocionar a millones de personas y de convertirse en recuerdos imborrables para quienes tuvieron la fortuna de presenciarlos.
Eclipses que pararon batallas
El primer eclipse de sol del que se tiene constancia en España ocurrió el 19 de julio del año 939. El ejército de Abd al-Rahman III avanzaba para enfrentarse a las tropas del rey Ramiro II de León en la disputa de las tierras del Duero. Justo cuando ambos ejércitos se preparaban para una sangrienta batalla en las inmediaciones del río Pisuerga, el cielo comenzó a oscurecerse de forma inesperada ante el desconcierto de los soldados. El fenómeno sembró tal temor entre las tropas de ambos bandos que los comandantes decidieron frenar el enfrentamiento ante el miedo de que aquello fuera un mal presagio. Las crónicas de la época afirman que el desconcierto fue tal que la batalla se aplazó varios días.
El miedo a la oscuridad repentina generada por estos fenómenos también se ha reflejado en crónicas posteriores. Tras el eclipse del 29 de julio de 1478, por ejemplo, un sacerdote sevillano dejó escrito que el repentino acaecer de la noche en las localidades andaluzas de Los Palacios y Villafranca sembró tal pánico entre la población que numerosos vecinos abandonaron las calles y buscaron refugio en las iglesias incapaces de encontrar otra explicación para lo que sucedía sobre sus cabezas.
En la Guerra de Sucesión, que enfrentaba al archiduque Carlos de Habsburgo y a Felipe V por el trono, el 12 de mayo de 1706 justo mientras las tropas borbónicas se disponían a sitiar la ciudad de Barcelona, el cielo se oscureció durante unos instantes causando gran desconcierto. El fenómeno no detuvo del todo la batalla sino que, tras la conmoción inicial, el enfrentamiento prosiguió hasta la retirada de Felipe V. La coincidencia entre ambos acontecimientos fue aprovechada por la propaganda austracista que interpretó el fenómeno como una señal favorable a su causa. Incluso se acuñaron medallas tras la retirada borbónica mostrando el eclipse como un augurio de la derrota de Felipe V.
Observaciones científicas
Los eclipses dejaron de causar temor el día que se empezó a entender su naturaleza. Y justo entonces, además, el miedo se cambió por el anhelo de entender este fenómeno. El 24 de julio de 1778, por ejemplo, el científico y explorador español Antonio de Ulloa emprendió un viaje por el océano Atlántico para observar un eclipse y, gracias a ello, logró una de las primeras observaciones documentadas de la corona solar. En su relato para el rey Carlos III, Ulloa relata con gran maravilla la existencia de un "anillo luminoso que rodea el disco lunar" durante un eclipse y que "es de lo más asombroso y bello de contemplar" que jamás ha vivido.
El frenesí por estudiar los eclipses en España vivió uno de sus momentos más mágicos el 18 de julio de 1860. Ese día, el astrónomo británico Warren de la Rue se desplazó con todo su equipo a Ribavellosa, en Ávila, en busca de la primera fotografía empírica que demostrara la existencia de "protuberancias" en el sol, unas enormes estructuras de gas que hasta entonces no se habían podido observar con claridad debido al intenso resplandor solar. Los relatos de la época afirman que el evento conmocionó a muchos. Entre ellos se encontraba un niño de apenas ocho años llamado Santiago Ramón y Cajal, que quedó tan conmocionado por aquel espectáculo celeste y que, según se relata en los libros, se contagió de un amor por la ciencia que acabó llevándolo a cultivar una prolífica carrera científica que finalmente lo convirtió en el primer y único español galardonado con el Premio Nobel de Medicina.
El 22 de diciembre de 1870, España volvió a ser agraciada con la sombra de un gran eclipse. Entonces, un equipo de científicos liderados por Charles Young viajó hasta Jerez de la Frontera y Cádiz para estudiar el fenómeno y, gracias a ello, se consiguieron algunas de las primeras observaciones documentadas del espectro de la cromosfera solar y de la luz polarizada que desprende la corona.

El último trío español de eclipses
En el siglo XX, España vivió una tríada de eclipses con menos de 15 años de diferencia. El 28 de mayo del año 1900, ante la llegada de un eclipse, decenas de científicos españoles se movilizaron hasta Elche y Plasencia para observarlo. Muchas instituciones invirtieron grandes cantidades de dinero para comprar telescopios de última generación que, según los relatos de la época, llegaron apenas una semana antes del evento y tuvieron que ser "transportados en carretas tiradas por bueyes" hasta los puntos de observación designados. El esfuerzo valió la pena porque, gracias a ello, se pudo observar la misteriosa "raya verde" que en ocasiones aparece durante estos eventos.
En Catalunya, los astrónomos jesuitas Ricardo Cirera y Salse y Lluís Rodés y Campderà construyeron tan solo un año antes el Observatori de l'Ebre, en Roquetes, para poder presenciar este fenómeno en todo su esplendor. En los relatos de la época se explica que la oscuridad causada por este evento volvió locas a las gallinas que, al ver que caía la noche, entendieron que era hora de irse a dormir.
El 17 de abril de 1912 se vivió el último gran eclipse total de sol en España. En los diarios de la época, las noticias del evento se solaparon con las del naufragio del Titanic y con el angustioso recuento de los españoles a bordo. Se dice que tan solo duró unos segundos pero lo suficiente para que el astrónomo Josep Comas i Solà lograra capturar la primera grabación cinematográfica de un eclipse. En los diarios de ese día se dice que la nubosidad enturbió la visibilidad del eclipse desde muchos puntos pero que, aún así, se trató de un momento mágico. En Galicia se suspendieron las clases para que los niños pudieran ver el fenómeno. En Zaragoza la gente salió de la ciudad en "bulliciosa romería" para verlo. Y en Barcelona, pese al mal tiempo, el eclipse fue de tal magnitud que la temperatura bajó cinco grados en cuestión de un instante
Tribuna canaria
El eclipse total de 1959 oscureció Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura y atrajo a Canarias a numerosas expediciones científicas internacionales
El episodio pasó a la historia por el Concorde 001, que despegó de Gran Canaria con un grupo de científicos y persiguió la sombra de la Luna sobre África a velocidad supersónica. Gracias a ello, pudieron permanecer dentro de la totalidad durante 74 minutos, un récord extraordinario para la observación de un eclipse
El eclipse del 2026
Desde aquel eclipse de 1912, la España peninsular ha mirado al cielo esperando el regreso de uno de los fenómenos más extraordinarios de la naturaleza. Han pasado más de cien años desde la última vez que la luna se interpuso entre nosotros y el sol provocando una mágica oscuridad repentina. Ahora, el próximo 12 de agosto, este impresionante fenómeno volverá a dejarse ver por estas mismas tierras para devolvernos, por unos instantes, la misma mezcla de asombro, emoción y curiosidad que durante siglos han despertado los grandes eclipses españoles.
Un reportaje de El Periódico
Texto: Valentina Raffio
Diseño: Ramon Curto
Imágenes: Recreaciones con IA
Coordinación: Ricard Gràcia