Por David Jiménez (textos) y Andrea Hermida (diseño)
Con la llegada del buen tiempo, el aumento de las temperaturas y los días en el que predomina las horas de luz se da el pistoletazo de salida de las actividades al aire libre en el entorno natural para gran parte de los ciudadanos que, en muchos casos, buscan salir del medio urbano practicando una actividad saludable.
El senderismo y el excursionismo es la actividad deportiva más practicada en España y Catalunya. Y es que, según el último estudio del Consejo Superior de Deportes (CSD) sobre hábitos deportivos, hasta 8,4 millones de españoles y casi un millón y medio de catalanes se movilizan para hacer sus caminatas aprovechando la singular orografía y biodiversidad que atesora el territorio.
Aunque esta cultura de la montaña no viene de nuevo, es a raíz del encierro forzado por la pandemia que la necesidad de salir a disfrutar del aire libre ha ido a más sumando una nueva tipología de excursionista ocasional que desea disfrutar de las bondades del entorno ya sea como reto personal o en familia. "Podemos constatar que estos últimos años la cultura del ocio se ha encaminado al medio natural", explica Pere Planagumà, sargento del GRAE dentro del cuerpo de Bombers la Generalitat.
Este repunte, que también ha impulsado el turismo rural, ha provocado en paralelo un aumento de incidencias, la mayoría de carácter menor que en algunos casos han necesitado de la intervención de los equipos de rescate y, en los casos más negligentes, hasta con la imposición del coste de esa ayuda solicitada.
"Antes eran actividades más 'indoor' o en medios controlados, pero al ser ahora cualquier incidencia en el medio natural, si son lugares de difícil acceso, pasa ya obligatoriamente por los Bombers", asegura Planagumà.
Las lluvias de los últimos meses, además de acabar con una agónica y larga época de sequía, nos está regalando una fastuosa estampa en las montañas teñidas de un verde esplendoroso e incluso nevado, con lo que las ganas por aprovechar los días festivos y vacaciones para subir a hacer caminatas por el entorno rural se disparan.
A su vez, un 2026 de récord de borrascas en el que los efectos de las 'llevantadas' (temporal de levante) ha estado generando muchos problemas tanto en la red viária y la urbana como en el entorno rural obliga a tomar todo tipo de precauciones para subir a la montaña, especialmente esta Semana Santa, donde la previsión es de tiempo inestable.
Desde El Periódico os ofrecemos una serie de consejos básicos (a partir de la premisa del Piensa · Planifica · Fórmate · Equípate · Minimiza riesgos) para disfrutar de esta actividad con todas las garantías de seguridad y respetando el entorno.
‘La montaña es tan bella como exigente. No hagas tú que la experiencia sea aún más dura’ puede ser una buena premisa para grabarse a fuego y que sirve para alertar de la necesidad de ser conscientes de nuestras limitaciones. Y es que antes de decidirse por una ruta resulta primordial realizar un análisis crítico de nuestras condiciones físicas para afrontarla.
"Has de saber en qué condición física te encuentras tú y los que te van a acompañar para saber cómo deberemos adecuar la actividad", detalla Pere Planagumà. Es por eso, que en las primeras salidas hay que evitar esfuerzos que difícilmente seamos capaces asumir y optar por actividades de baja dificultad, por caminos que estén bien señalizados, sin grandes desniveles y de corta duración. Por suerte, son muchos los parques naturales de Catalunya y España que presentan itinerarios para todos los niveles, pensados incluso si se hace una visita con niños.
Otro valor importante es el de la veteranía que tengamos en este tipo de entornos. "Con experiencia tendrán menos accidentes, y si los tienen habrá más posibilidades de que pueda salir por su propio pie. Si estás menos habituado, tendrás más posibilidades de padecer un accidente", explica Josep Maria Silvestre desde la FEEC.
¿Cómo se adquiere esta experiencia? Pues principalmente por dos vías: evitando salir las primeras veces en solitario y apostar por ir acompañado por gente más experta (ya sea porque está habituada a la montaña o porque se conocen la zona) o, incluso, picando a la puerta de algún club excursionista. Por otro, formándose para acudir a la montaña con las nociones aprendidas sobre meteorología, orientación, respeto al entorno y gestión de accidentes. En este sentido, en la FEEC disponen de una serie de vídeos y webinars con tutoriales realmente prácticos.
Acertar con la ruta es determinante para poder disfrutar de una salida plácida por la montaña. Y en estas primeras veces el objetivo es el de disfrutar de la montaña sin ponernos retos inalcanzables, así que valoraremos más el deleite del camino que la épica de ollar una cima que suponga más riesgo del debido y siempre pensando en que “esa ruta debe estar pensada para la persona más débil del grupo que vaya a participar”, tal y como explican desde la FEEC.
Uno de los fundamentos básicos a la hora de planificar un trayecto es que este no se mide solo por la distancia. “Es muy importante tener información previa de la zona porque no es solo la distancia también hay que tener en cuenta el desnivel”, explica Silvestre. Es por ese motivo, que las señales de muchas rutas senderistas, además de la distancia, añade una estimación aproximada hasta el punto de destino en horas y minutos, algo que resulta bastante útil para saber el tiempo que podemos emplear para cubrirla.
“Si vas a un lugar que está a más de 5 horas, debes mirar que al mediodía se haya acabado la actividad. Hay que evitar apurar las horas de sol porque entonces puedes tener problemas”, afirma Planagumà que aconseja también marcar un punto de no retorno en aquellas rutas en el que el punto de salida y el de llegada son diferentes. “Un punto del recorrido donde es más fácil volver que tirar atrás por el mismo camino. En caso de que a cierta hora no llegues allí, debemos no continuar la ruta y volver al punto de origen”, explica.
Y nunca hay que bajar la guardia. Que el lugar de ‘peregrinaje’ sea una zona muy concurrida no significa que sea menos peligrosa. Camí de Ronda, Pedraforca o Montserrat lideran los rescates, en parte porque son de las más visitadas, pero también porque, a causa de eso, se genera una falsa sensación de seguridad en terrenos que esconden algunos puntos de alta dificultad.
¿Cómo saber si una ruta es más o menos fácil? Para calcular el nivel de dificultad de una ruta hay que tener en cuenta diferentes variables: la distancia, el desnivel, el tipo de terreno, los puntos de abastecimiento que tengas por el camino, las inclemencias meteorológicas que puedan suceder y, claro, en qué estado de forma la vamos afrontar y las horas que disponemos para realizar esa ruta, especialmente contando las horas de luz disponible.
Por lo demás, además de informarse correctamente sobre la meteorología que nos podemos encontrar, es fundamental conocer previamente qué tipo de señalización se nos presentará en esa zona. En muchos casos también podemos encontrar esa información en las casetas o paneles informativos al inicio de la ruta.
Para el excursionismo, los recorridos homologados se clasifican en tres tipos:
- Gran Recorrido (GR): más de 50 km de distancia.
- Pequeño Recorrido (PR): entre 10 km y 50 km de distancia.
- Sendero Local (SL): menos de 10 km de distancia.
Son marcas de pintura que encontramos por el camino, ya sea en rocas, postes o troncos, muy fáciles de entender y seguir. Pero no todos los senderos se rigen por este tipo de señalización. Así, nos podemos encontrar casos como el de Cavalls de Vent, en el Cadí-Moixeró, en el que la ruta se sigue con marcas de pintura de color naranja o Camí de Cavalls, en Menorca, que te guías por una serie de hitos de madera.
Pero la señalización no sustituye en absoluto la necesidad de llevar siempre un mapa encima y saber interpretarlo con la brújula, tal y como señalan desde el GRAE. “No hay suficiente con llevar GPS o teléfono móvil en el bolsillo, hemos de saber hacer servir el mapa, saber orientarnos y saber qué significa ganar y perder altura”, remarca Pere Planagumà.
“EL GPS es una gran herramienta de seguridad que, en un momento dado, te puede situar en un lugar que, por visibilidad, en un día de niebla con una mapa y una brújula no te podrías orientar porque pierdes los puntos de referencia. Pero el GPS tiene desviaciones y muchas veces no te acaba de situar bien”, señala desde la FEEC su jefe de seguridad.
“Todas estas herramientas son buenas, pero te has de haber formado para hacerlas servir. Si te quieres orientar bien, haz un curso de orientación. Aprende lo que es un mapa, como funciona sus coordenadas para saber indicarlas en caso de necesitar ayuda, no de las del GPS. Y después haz un curso de GPS y podrás validar si el lugar que te indica esta tecnología es el mismo que estás en el mapa”, remarca Silvestre.
“El equipamiento se debe escoger, no en función del clima de cuando sales, sino para lo peor que te puede pasar”, remarca Josep María Silvestre. Y ya no se trata solo de tener todo el material sino también de saber usarlo. Y para eso, claro, vuelve a ser esencial formarse. Estos son los básicos necesarios que hay que llevar siempre encima:
Ropa: la que llevamos y aquella que fuese necesaria ante las peores previsiones meteorológicas o en caso de que por cualquier incidencia nos toque pasar más horas de las calculadas en la montaña o en un entorno hostil (especialmente si cae la noche).
Calzado: Debe estar pensado en proteger más que en rendir: buen soporte, mejor agarre y primando también la comodidad. La mayoría de intervenciones menores que tienen que hacer los servicios de emergencia son en muchos casos a causa de un calzado no apto para este tipo de travesías.
Instrumentos de orientación: Mapa en papel de la zona, brújula y GPS (útil además si tiene activado el barómetro con aviso de tormenta).
Teléfono: con batería cargada y Apps de geolocalización, meteorológicas (las oficiales son meteo.cat o meteomuntanya) y para consultar el mapa y avisos de Protecció Civil (y así estar al tanto de las zonas de riesgo a evitar) y para activar el servicio de emergencia (My112).
Comida e hidratación: Siempre llevar algo de más de lo que necesitamos. El agua es indispensable y hay que transportar la cantidad necesaria teniendo en cuenta el total de la ruta aunque haya puntos de abastecimiento por el camino.
Elementos de seguridad: Un botiquín nos puede salvar de cualquier incidencia menor y sirve de primeros auxilios ante un incidente grave a la espera de los servicios de emergencia. No puede faltar manta térmica, frontal y silbato.
Documentación: DNI, seguro o licencia (si tenemos alguno contratado), teléfonos de contacto de conocidos, datos médicos y dinero (también en efectivo: algunos refugios no tienen capacidad para gestionar datáfonos). Todo siempre guardado en una bolsa impermeable para que no se estropeen a causa de la lluvia o el sudor.
“El equipamiento se debe escoger, no en función del clima de cuando sales, sino para lo peor que te puede pasar”, remarca Josep María Silvestre. Y ya no se trata solo de tener todo el material sino también de saber usarlo y para eso, claro, vuelve a ser esencial formarse. Estos son los básicos necesarios que hay que llevar siempre encima:
Ropa: la que llevamos y aquella que fuese necesaria ante las peores previsiones meteorológicas o en caso de que por cualquier incidencia nos toque pasar más horas de las calculadas en la montaña o en un entorno hostil (especialmente si cae la noche).
Calzado: Debe estar pensado en proteger más que en rendir: buen soporte, mejor agarre y primando también la comodidad. La mayoría de intervenciones menores que tienen que hacer los servicios de emergencia son en muchos casos a causa de un calzado no apto para este tipo de travesías.
Instrumentos de orientación: Mapa en papel de la zona, brújula y GPS (útil además si tiene activado el barómetro con aviso de tormenta).
Teléfono: con batería cargada y Apps de geolocalización, meteorológicas (las oficiales son meteo.cat o meteomuntanya) y para consultar el mapa y avisos de Protecció Civil (y así estar al tanto de las zonas de riesgo a evitar) y para activar el servicio de emergencia (My112).
Comida e hidratación: Siempre llevar algo de más de lo que necesitamos. El agua es indispensable y hay que transportar la cantidad necesaria teniendo en cuenta el total de la ruta aunque haya puntos de abastecimiento por el camino.
Elementos de seguridad: Un botiquín nos puede salvar de cualquier incidencia menor y sirve de primeros auxilios ante un incidente grave a la espera de los servicios de emergencia. No puede faltar manta térmica, frontal y silbato.
Documentación: DNI, seguro o licencia (si tenemos alguno contratado), teléfonos de contacto de conocidos, datos médicos y dinero (también en efectivo: algunos refugios no tienen capacidad para gestionar datáfonos). Todo siempre guardado en una bolsa impermeable para que no se estropeen a causa de la lluvia o el sudor.
Por supuesto, hay que probar la mochila (que debería ser lo más anatómica y preparada para la montaña posible teniendo en cuenta las horas que cargaremos con ella) para estructurar todos esos elementos con el fin de que nos resulte lo más cómoda posible. Aun así, se trata sobre todo, de ir seguros. Un gramo más en seguridad es un gramo más de tranquilidad.
Y, por supuesto, respeto al entorno: más allá de seguir los caminos indicados, primar el silencio frente al ruido, no bañarse en ríos y estanques y no modificar ni intervenir en la flora y fauna del parque, hay que asumir que todo lo que lleves a la montaña debe estar de vuelta contigo, incluso los desechos. Para ello puedes añadir a la mochila una pequeña bolsa de plástico donde meter la basura (también la que te encuentras).
”Hay mucha gente que va a la montaña porque ha visto en las redes sociales unos paisajes que normalmente no ves, que son fantásticos, pero no explican toda la problemática para llegar a estos lugares y qué te puede pasar si tienes una incidencia en un lugar de estos”, comenta Josep Maria Silvestre.
Y es que la idealización del entorno natural que presenta a veces las redes sociales ha provocado que mucha más gente se haya sumado a visitar estos parajes sin tener asumidos los básicos en prevención, protección y, por supuesto, saber gestionar los incidentes que puedan ir surgiendo por el camino.
Es cierto que para tener cierta experiencia posiblemente antes hayamos tenido que pasar por alguna situación de crisis y que de ese error se acaba aprendiendo. También que hasta los más experimentados, por un exceso de confianza en alguna ocasión se han visto envueltos en situaciones de peligro por apurar más de lo que deberían. La diferencia está en la facilidad para solucionar esa incidencia, saber calcular el nivel de alerta que supone, cuándo hay que dar marcha atrás y, en los casos más extremos, cuándo toca recurrir a los servicios de emergencia.
En este sentido uno de los actos más inteligentes es saber decir no a una salida por muchas ganas, tiempo y dinero que hayamos invertido. “Siempre se ha de saber renunciar a la actividad. La montaña estará ahí siempre, y si ese día no toca porque por la tarde va a cambiar el tiempo, no nos la juguemos, volvamos otro día con mejores condiciones y ya nos haremos las fotos que queramos”, aconseja Pere Planagumà, del GRAE.
En este punto es básico revisar previamente la previsión meteorológica a través de una fuente fiable y oficial y saber en qué estado se encuentra el terreno. Para ello, si estamos ya en la zona de la ruta, podemos apoyarnos en los guardias de los refugios. “Ellos tienen toda la información de la gente que sube y baja esa montaña, además de su propio conocimiento. La experiencia de esta gente es brutal y muy útil para el excursionista”, sostiene el jefe de seguridad de la FEEC.
¿Cómo actuar en caso de accidente?
1· Protección y valoración: Mantener la calma y priorizar la autoprotección, valorar si estamos situados en una zona de peligro y toca moverse a una zona más segura para evitar más accidentes. Desde ese momento, analizar la gravedad y efectos del accidente para recabar la suficiente información a la hora de contactar con los servicios de emergencia.
2· Avisar e informar: El 112 es el teléfono oficial para contactar con el servicio de emergencias, en este caso, los Bombers. Se requiere ser muy precisos con la información que se facilite: lugar del accidente, situación meteorológica, personas implicadas y su edad, además de explicar el estado del o los accidentados (grave, leve, si está consciente, si sangra…).
3· Socorrer al accidentado: A la espera de la llegada del GRAE, evitemos mover a la víctima si ello puede resultar fatal para su salud. Primemos el cubrirla para protegerla del sol y el frío; para ello tenemos un artículo de seguridad tan maravilloso como barato como es la manta térmica. También se debe evitar dar de comer o de beber al accidentado.
¿Cómo actuar en
caso de accidente?
1· Protección y valoración: Mantener la calma y priorizar la autoprotección, valorar si estamos situados en una zona de peligro y toca moverse a una zona más segura para evitar más accidentes. Desde allí, analizar la gravedad y efectos del accidente para recabar la suficiente información a la hora de contactar con los servicios de emergencia.
2· Avisar e informar: El 112 es el teléfono oficial para contactar con el servicio de emergencias. Se requiere ser muy precisos con la información que se facilite: lugar del accidente, situación meteorológica, personas implicadas y su edad, además de explicar el estado del o los accidentados (grave, leve, si está consciente, si sangra…).
3· Socorrer al accidentado: A la espera de la llegada del GRAE, evitemos mover a la víctima si ello puede resultar fatal para su salud. Primemos el cubrirla para protegerla del sol y el frío; para ello tenemos un artículo de seguridad tan maravilloso como barato como es la manta térmica. También se debe evitar dar de comer o de beber al accidentado.
Un reportaje de El Periódico
Textos: David Jiménez
Diseño: Andrea Hermida-Carro
Agradecimientos: FEEC, Bombers de la Generalitat
Coordinación: Rafa Julve