El cazador de eclipses: “Capturarlo con la cámara es un momento mágico que no se borra”
Por Bárbara Favant y David Jiménez
No siempre las imágenes que quedan en el recuerdo son aquellas que están preparadas con anterioridad, probadas una y mil veces y captadas después siguiendo un plan estricto, sino que son fruto de tener que sortear múltiples imprevistos y confiar ciegamente en el talento innato en el momento que toca saltar al vacío. Fue el caso de nuestra, permítame decirlo, maravillosa portada del 13 de agosto, que capta de forma espectacular un evento tan global como apasionante como es un eclipse solar.

Y esta magnífica fotografía (cuyo corte para la portada propuso él mismo), que muestra la devoción con el que la gente vive semejante espectáculo astronómico, es obra de una excelencia dentro de este ámbito como es el barcelonés Robert Ramos.
Esta es la historia de cómo se concibió y acabó haciéndose realidad la, para nosotros, mejor fotografía del eclipse

El cazador de eclipses
Mágico. Con los ojos llenos de ilusión y en menos de 1/250 de segundo, el fotógrafo Robert Ramos dispara esa única palabra para describir qué siente cada vez que toma fotos durante un eclipse. Nacido en Barcelona en 1958, Ramos es fotógrafo profesional y licenciado en Periodismo. Fue jefe de fotografía del Diari Avui y es colaborador de El Periódico desde hace diez años.
Para el eclipse de este año, empezó a prepararse hace dos, justo un minuto después de la última foto del cruce entre el sol y la luna que registró en México.
Para el 12 de agosto de 2026 hizo una innumerable cantidad de pruebas en su ordenador en diferentes puntos del país, con el fin de resolver la fórmula de composición perfecta que tenía en la cabeza: un eclipse + gente + contexto reconociblemente español. Su cámara abrazó cuatro sitios en los que vio potencial: Morella, Mequinenza, Daroca y Calatayud. Al encontrarse allí con cables eléctricos, formas raras en el horizonte, una corta duración del evento, nubes dudosas y alturas poco propicias, los terminó descartando.

Tenía una larga lista de espera de voluntarios que querían acompañarlo en esta aventura debido a su trayectoria y pasión profesional. Recortó de doce a ocho asistentes cuando encontró el lugar perfecto para colocar el trípode: un pequeño castillo con murallas y almenas en la frontera de Aragón (Pozuel de Ariza) y Castilla y León (Monteagudo de las Vicarías). Buscaba una combinación de intimidad y tranquilidad porque sabía que tan solo tendría un minuto y medio para hacer todas las imágenes que había planificado. Durante los últimos meses, y hasta esa misma tarde, había monitorizado con distintas fuentes meteorológicas cada nube que ha pasado para comprobar que el punto elegido fuera eficaz. “Y acertamos”, sonríe. Se ubicó a sus anchas porque sabía que tenía unos 525 metros de distancia sobre un campo para poder moverse si era necesario.
Una semana antes del día del eclipse, Robert Ramos nos abrió las puertas de su casa para explicarnos cómo estaba preparado sin descuidar ningún detalle una foto que llevaba pensando en ella desde hacía meses. Lo más importante, según Ramos, era saber el recorrido que haría el sol para calcular bien la distancia focal.

Una excelente foto pensada... y una mejor improvisada
Pero una cosa es tener definido sobre el papel y mentalmente la captura perfecta en las condiciones perfectas, una que Ramos había preparado hasta la obsesión en cuanto al marco y escenario -”Me pasé semanas haciendo cálculos y trigonometría”, explica-, y otra que la escena que esperas retratar se acabe dando tal y como estaba planteada sin que las vicisitudes de, en este caso, la parte humana altere esa concepción.
“Tenía claro que debía salir gente en la foto”, afirma. Y esa presencia humana la iba a protagonizar el grupo de espectadores que esperaba que se desplazasen hasta el castillo para contemplar desde ahí el eclipse. El problema surgió cuando, a falta tan solo de 30 minutos de iniciarse el espectáculo, la Guardia Civil hizo acto de presencia para expulsar a los visitantes, ya que unos pocos habían escalado los muros del monumento en busca de una posición privilegiada para ver el fenómeno astronómico. Todos fueron desterrados a las inmediaciones del castillo.
A falta de solo 15 minutos del inicio del eclipse, Ramos recibió la llamada de su hermano, que también se encontraba en el castillo, detallándole el imprevisto. Y en ese mismo instante el fotógrafo barcelonés inició una contrarreloj de cálculos matemáticos y decisiones trascendentales para poder salvar esa instantánea soñada desde hacía meses.
De forma “irracional”, porque uno de los principios del fotógrafo, explica, es el de que en el momento que tienes una ubicación fijada no te debería mover de ahí, decidió abandonar su puesto dejando allí la mayoría del equipo bajo la supervisión de la gente que le acompañaba y desplazarse con la cámara “unos 150 o 200 metros hacia la izquierda y hacia adelante” a través de un campo de cultivo ya segado.
La apuesta estaba hecha sin poder asegurar que el resultado acabase siendo el deseado. Pero es en este tipo de pequeños momentos estelares de la humanidad cuando se consigue la magia que se genera al confíar plenamente en tu talento y experiencia.


“En el minuto y 40 segundos que duró el eclipse total me desplacé hacia atrás hasta tres veces”, explica Ramos. Comenzó a fotografiar con un ISO 100 y una velocidad 1/1000 para acabar con un ISO 800 y una velocidad de 1/50, siempre con una apertura de f/8. Todo para conseguir captar ese Sol totalmente ‘anulado’ sin perder de vista a las personas que los estaban disfrutando en la ladera .
En definitiva, casi todo lo planeado saltó por los aires. Pero valió totalmente la pena, y a las pruebas visuales hay que remitirse.

Y es que Ramos no tiene ninguna duda de en qué posición situaría la foto final que ha ilustrado la portada de El Periódico en su particular ranking: “El primero. Y no solo por la foto y todo lo que pasó para poder hacerla, sino por el mismo eclipse. He estado en cuatro y puedo asegurar que ninguno ha tenido la atmósfera de este. Aquellos -Alemania, Estados Unidos y México- fueron entre la mañana y el mediodía y es muy distinto a cómo se percibe cuando es por la tarde”, afirma convencido y con la "piel de gallina rememorándolo.
*Dale al play para ver y oir el eclipse total al completo
“Fue un momento muy especial. Fue brutal”, sentencia.
A por el quinto eclipse total

Para cualquier interesado en la fotografía o la astronomía, una tarde con Robert es una pasada. Las fases de la luna brotan de las paredes de su casa entre sus fotos favoritas, cuadros e ilustraciones que combinan también con su ropa. Cree que su interés surge de la semilla que implantó su abuelo: “Nos explicaba lo difícil que era de ver y lo mágico que era un eclipse, y me deslumbró. Creía que nunca los podría llegar a ver porque siempre pasaban en lugares muy remotos”.
Alemania
1999
Es amigo de la casa, no por nada le llamamos «el cazador de eclipses». Ha fotografiado muchos parciales y otros eventos meteorológicos importantes en España desde los 17 años, pero su primer gran evento internacional y eclipse total fue en Alemania en 1999. La tensión de esa cobertura estuvo marcada por las nubes que casi le impiden verlo en una época completamente analógica por la cámara y la escasa previsión meteorológica disponible. Lo logró en el último momento porque el cielo se abrió y recuerda: “Ver el sol tapado por la luna me creó una imagen que no se me borrará nunca. Ahí ya me cogió la fiebre. Empecé a gritar de emoción y toda la gente que tenía a mi alrededor estaba seria y sin decir nada; fue chocante".

Estados Unidos
2017
El siguiente fue en Estados Unidos en 2017, a donde viajó con toda su familia para hacer la imagen al mediodía de un día radiante. Es decir, con la luz cayendo totalmente perpendicular a la tierra y con muy poco margen para incluir personas en la foto. “De allí me sorprendió ver un camión de mercancías en pleno oscurecimiento: fue incapaz de parar a disfrutar de aquello que tanta gente había ido a ver”, recuerda.

México
2024
Y el que era su eclipse favorito —hasta que quedó totalmente embelesado con este de 2026— fue el de México en 2024, por el sufrimiento que le causó el tiempo nublado hasta el último segundo. Tenía reservas de hotel desde hacía más de un año y se las quisieron cancelar cerca de la fecha del evento por la alta demanda, pero luchó y fue con su pareja para retratarlo hasta el final. “De golpe empecé a ver la silueta de la luna y del sol, redonda, cuando antes solo veía un punto luminoso. Pensaba que no lo vería... y por la cámara apareció. Creo que fue el momento más mágico. También por el ambiente, porque toda la gente estaba emocionada, no como en Alemania”, ríe.
Con las gafas especiales ya guardadas, Robert ha empezado a planificar Cádiz 2027. Con el trabajo de ayer completado, la búsqueda de localizaciones, mapas y cálculos para el eclipse del año que viene ya ha comenzado. Los ojos se le ponen vidriosos de emoción al concluir: “Ahí voy a tener cuatro minutos enteros. Creo que será una situación mejor que este 2026, en el que solo he tenido un minuto y medio. ¡Va a ser una pasada!”.
Un reportaje de El Periódico
Textos: Bárbara Favant y David Jiménez
Diseño: David Jiménez
Coordinación: Ricard Gràcia, Bárbara Favant