El SOS de los bosques

(y de la humanidad)

Sin bosques no podemos vivir y aun así no hacemos más que reducirlos.

Las árboles llenan nuestros pulmones. Se calcula que un ejemplar maduro y frondoso suministra el oxígeno diario para entre 2 y 10 personas.

Necesitamos los bosques para subsistir, aunque algunos de forma más directa que otros.

El 90 % de las personas en pobreza extrema depende de ellos para obtener alimentos silvestres, leña o una parte de su sustento.

Además, son cruciales contra la emergencia climática.

Los bosques son el refugio de la mayor biodiversidad terrestre y la biodiversidad sostiene la vida en la Tierra.

En estos ecosistemas viven:

Un tercio de la superficie de la Tierra son bosques, aunque no están distribuidos de forma uniforme en el planeta.

5 países concentran más de la mitad: Brasil, Canadá, China, Estados Unidos de América y la Federación de Rusia.

Pese a que dependemos de ellos, los humanos los deforestamos, fragmentamos y los convertimos en producción agrícola a gran escala.

Se calcula que un tercio de las especies de árboles está en riesgo de extinción. Hay más de 400 con menos de 50 ejemplares vivos.

Desde 1990, se han perdido unos 420 millones de hectáreas de bosques en el mundo. Una superficie similar a la India, Pakistán y Bangladesh juntos.

Casi un 20% de la superficie forestal, más de 700 millones de hectáreas, son áreas protegidas. Aun así, no bastan para conservar la biodiversidad. La razón es simple:

Un bosque es más que una suma de árboles.

Es una comunidad cuyos miembros se apoyan y se cuidan entre sí a través de una red subterránea de hongos y raíces, llamada micorriza (mico= hongo, riza= raíz).

Cuando un hongo conecta las raíces de dos o más plantas establece un puente de comunicación entre ellas.

Las células de los hongos interactúan con las de la raíz e intercambian carbono por nutrientes, pero también se avisan de plagas de insectos que les pueden enfermar o de si hay luz o agua, por ejemplo.

Bajo una sola pisada puede haber cientos de kilómetros de esta densa red, que funciona como Internet. Tiene nodos principales y nodos secundarios.

Los principales son los árboles madre, que pueden estar conectados a cientos de individuos. Nutren a los que crecen en el sotobosque.

Si se eliminan muchos árboles madre, el bosque se vuelve vulnerable porque su resiliencia depende de las conexiones entrelazadas.

Le cuesta defenderse contra infecciones y plagas. Se debilita. De ahí, la importancia de mantener los bosques primarios, con especies nativas y regenerados de forma natural.

Los bosques primarios representan la tercera parte de los que hay en el planeta. Por estar razón, aunque restaurarlos contribuye a frenar el declive, el mayor impacto lo tendría transformar la manera en que producimos y consumimos alimentos.

Sin duda, los bosques estarían mejor sin los humanos. En cambio, la humanidad no puede subsistir sin los bosques.


Esta pieza se ha documentado a partir del trabajo de la investigadora, doctora y profesora de Ecología Forestal en la Universidad de Columbia Británica en Canadá, Suzanne Simard, y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.