A partir del lunes, líderes de todo el mundo se reunirán en Belém (Brasil) para debatir sobre cómo hacer frente de una vez por todas a la crisis climática y, con un poco de suerte, sellar el acuerdo más ambicioso hasta la fecha de reducción de emisiones. La comunidad científica advierte de que, si estas negociaciones fracasan y la cumbre del clima no logra forjar un pacto realmente ambicioso y transversal, el mundo se expone a un aumento extremo de las temperaturas que se traducirá en un auge aún más marcado de extremos climáticos y desastres naturales. Mucho se ha hablado de todo lo que perderíamos si eso ocurre pero...
¿Qué pasaría si logramos salvar el planeta? ¿Qué ganaríamos reduciendo emisiones? ¿De qué serviría recuperar nuestra relación con la naturaleza y los demás seres vivos?
En EL PERIÓDICO resumimos todo lo que ganaríamos si, efectivamente, conseguimos salvar el mundo y te explicamos tres historias de éxito donde, contra todo pronóstico, nuestra especie logró lo extraordinario. "No podemos quedarnos paralizados en el miedo. Si necesitamos fuerzas para seguir luchando, el combustible para lograrlo es la esperanza", resume el divulgador Javier Peña.
Reducir emisiones ayudaría a frenar el avance del calentamiento global y de los desastres naturales
El principal motor que impulsa el avance del cambio climático es la emisión de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano. Estas sustancias, en su mayoría derivadas de la quema de combustibles fósiles, son las principales responsables del efecto invernadero que está provocando el aumento global de las temperaturas y, con ello, las condiciones para que surjan más extremos climáticos y desastres naturales. Son muchos los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) o del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que afirman que la primera medida, y la más importante, para hacer frente a esta crisis no es otra que recortar drásticamente las emisiones.
La ciencia sostiene que si reducimos nuestras emisiones de forma drástica y sostenida desde ahora mismo, podríamos llegar a una reducción de más del 50% para 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, lo que podría limitar el calentamiento global a un "umbral seguro" de 1,5ºC de media. Esto no solo podría limitar el aumento global de la temperatura sino que, además, también minimizaría el riesgo de sufrir un incremento de extremos climáticos como sequías, lluvias torrenciales, inundaciones y huracanes. En España, por ejemplo, limitar el calentamiento global podría contribuir a reducir el riesgo de desertificación de algunos territorios, minimizar la aparición de sequías extremas y hasta esquivar un incremento mayor de lluvias torrenciales en el Mediterráneo.
La buena noticia es que desde la puesta en marcha del Acuerdo de París, hace ya 10 años, la humanidad ha logrado reducir su proyección de emisiones. La mala es que, según constatan los modelos, aún estamos muy lejos del escenario óptimo para salvar el planeta.
Menos emisiones evitarían siete millones de muertes al año por contaminación
Reducir emisiones no solo resultaría beneficioso para la salud planetaria sino que también podría salvar vidas en todo el mundo. Según argumenta Maria Neira, directora del Departamento de Salud Pública y de Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), reducir la contaminación permitiría evitar al menos siete millones de muertes prematuras al año a escala global. O dicho de otra forma, salvar siete millones de vidas en el conjunto del globo.
En Europa se estima que una "reducción ambiciosa" de la contaminación atmosférica podría salvar hasta 250.000 vidas al año. Solo en España se calcula que podrían evitarse hasta 22.000 muertes al año, según el último informe 'Lancet Countdown'. Es más. Varios análisis elaborados por centros de investigación punteros como ISGlobal estiman que en ciudades como Barcelona, por ejemplo, la aplicación de medidas para reducir un 25% del tráfico permitirían evitar cerca de 200 muertes prematuras anuales. Todo esto, por reducir la exposición a la contaminación.
La lucha por garantizar un aire limpio también podría convertirse en una herramienta clave para rebajar la prevalencia de enfermedades crónicas como el asma, patologías cardiovasculares y hasta algunos tipos de cáncer. También hay trabajos que señalan que las medidas para reducir la polución como el diseño de ciudades más peatonales y más verdes se asocian con una mejora de la salud mental y del bienestar general de la población.
Acelerar la transición evitaría pérdidas económicas y crearía puestos de trabajo
Si la crisis climática sigue avanzando como hasta ahora, se calcula que sus efectos podrían reducir casi una cuarta parte del PIB mundial per cápita para finales de siglo. En total, esto equivaldría a pérdidas de más de 36 billones de euros anuales en todo el mundo. En España, según un análisis de 'Nature', los extremos climáticos podrían hacer perder a cada ciudadano una media del 18% de su poder adquisitivo para 2050. Frente a esto, son muchas las entidades del ámbito económico que reclaman acelerar las políticas de transición ecológica para esquivar estos escenarios y garantizar la prosperidad global a largo plazo.
El Foro Económico Mundial, así como entidades de la talla de la International Renewable Energy Agency (IRENA), calculan que la transición energética por sí sola podría crear más de 40 millones de puestos de trabajo de aquí a 2050. China, la Unión Europea y, eventualmente, Estados Unidos podrían destacar entre los más beneficiados por esta 'revolución verde' en la que destacan desde oportunidades de trabajo en el sector de las renovables hasta expertos en movilidad eléctrica.
También hay informes que afirman que, más allá de la transición energética, las medidas para proteger la naturaleza, restaurar ecosistemas y revertir la pérdida de biodiversidad resultan enormemente beneficiosas para nuestra especie. Según destaca el último gran informe del Panel Intergubernamental de expertos sobre biodiversidad de Naciones Unidas (IPBES), el impulso de estas "políticas transformadoras" en pro de la naturaleza podría generar hasta 10 billones (con b en español, el equivalente a 'trillones' en inglés) de dólares en oportunidades de negocio y hasta 395 millones de empleos adicionales en todo el mundo para 2030. Por no hablar de que el cuidado de los recursos naturales permitiría garantizar el sustento, la alimentación y los recursos de millones de personas en todo el globo. Y eso tiene un valor incalculable.
Cuidar de la naturaleza salvaría especies en peligro de extinción y preservaría la actividad económica
Los humanos apenas somos una de las especies que habita el planeta y, aun así, según calcula la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), hemos puesto en peligro la existencia de hasta 1 millón de especies de animales y plantas. Impulsar medidas para la conservación y restauración de la naturaleza permitiría garantizar la existencia de otras formas de vida amenazadas por nuestra expansión y, a su vez, garantizar el equilibrio de los ecosistemas de los que dependemos todos. Incluidos nosotros. Uno de los ejemplos más ilustrativos es el de las abejas, unos insectos en declive de los que dependemos para la polinización de cultivos y el equilibrio de innumerables ecosistemas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que, si estas especies desaparecen, hasta el 75% de los cultivos mundiales podrían verse afectados, de ahí que, dándole la vuelta al argumento, preservar estas especies es clave para garantizar la producción alimentaria global.
El último gran informe 'Nexus', del grupo internacional de expertos sobre biodiversidad (IPBES), estima que más de la mitad de la economía global depende de la naturaleza. Y por eso mismo, según afirman los expertos, las acciones para proteger especies en peligro también son esenciales para garantizar dinámicas esenciales como la polinización, la purificación del agua, la regulación del clima y muchos otros servicios que necesitamos para seguir habitando el planeta. Y si todo esto no fuera de por sí suficiente, investigadores como Jofre Carnicer invitan a pensar en que "cada vez que desaparece una especie es como si perdiéramos una obra de arte en un museo". "Es una pérdida de patrimonio natural que nos afecta a todos", afirma.
Garantizar un futuro para las generaciones venideras
El que quizá es el argumento más importante, según destacan los científicos, es que la lucha climática es la única herramienta de la que disponemos para garantizar un futuro habitable y sano para las generaciones venideras. Un reciente estudio de la revista 'Nature' calcula que los niños que nacen hoy podrían vivir entre dos y siete veces más extremos climáticos que sus abuelos. Según afirman los expertos, las acciones que tomemos ahora para frenar el avance de la crisis climática serán clave para moldear el planeta del futuro y, por ejemplo, reducir la exposición de las nuevas generaciones a temperaturas cada vez más elavadas, olas de calor extremas y sequías de gran intensidad. La ciencia advierte de que aún estamos a tiempo de minimizar estos riesgos y crear un mundo mejor para todos pero que, para ello, necesitamos tomar acciones contundentes, ambiciosas y rápidas desde ya.
"La ecoesperanza, es decir, la idea radical de que necesitamos dejar de lado el derrotismo y seguir luchando para crear un mundo mejor es el gran reto de esta generación", afirma el joven activista Francisco Vera Manzanares. "El gran problema que tenemos ahora mismo es que la gravedad de la situación ha hecho que muchas personas han perdido la capacidad de imaginar un futuro mejor. Frente a eso, lo más revolucionario que podemos hacer es volver a recuperar la confianza en que sí podemos crear un futuro justo, digno y sostenible para todos. Y no solo para imaginarlo como una utopía sino, sobre todo, para llevarlo a cabo", reivindica.
Dos ejemplos de lo que hemos conseguido
Frenar el avance del cambio climático y, en definitiva, salvar el planeta es una tarea colosal pero que, pese a todo, sigue estando a nuestro alcance. Las razones para lograrlo son muchas. Y la buena noticia es que, por enorme que nos resulte este reto, no es la primera vez que nuestra especie se enfrenta a un problema ambiental gigantesco y que logra solucionarlo.
En 1970, por ejemplo, se detectó que el uso de una sustancia empleada en los aerosoles, refrigeradores y productos industriales estaba destruyendo la capa de ozono en la atmósfera y que, de hecho, sobre la Antártida se estaba generando un gran agujero. En 1987, los gobiernos de todo el mundo firmaron el Protocolo de Montreal, un acuerdo global para prohibir estas sustancias a escala global. Tras décadas de esfuerzos globales y cooperación, los análisis indican que la capa de ozono ya se está recuperando. Y que, de seguir así, volverá a la normalidad hacia mediados de siglo, marcando el final de una historia que ya ha sido descrita como uno de los mayores ejemplos de cooperación ambiental de nuestra especie.
También hay ejemplos esperanzadores que muestran cómo, con esfuerzo y cooperación, la humanidad ha podido salvar de la extinción a especies emblemáticas. Las ballenas jorobadas, por ejemplo, estuvieron a punto de desaparecer tras décadas de caza masiva pero tras la aprobación de tratados internacionales para proteger esta especie, allá por 1986, se ha observado una recuperación esperanzadora de su población. Lo mismo ocurrió con el lince ibérico, que a principios de siglo era considerado como uno de los felinos más amenazados del mundo y que ahora, tras años de programas de conservación, empiezan a recuperarse con éxito.
Todos estos argumentos a favor de proteger el planeta, y en definitiva vidas como la nuestra, resonarán en los próximos días en los pasillos de la cumbre del clima de Brasil. Por ahora, todo apunta a que el debate girará entorno al despliegue del Acuerdo de París, el pacto lanzado hace más de una década para reducir emisiones y que, hasta ahora, aún no ha logrado limitar la subida global de las temperaturas. Cuando se ideó este acuerdo, el mundo se exponía a un calentamiento de más de cuatro grados de media. Ahora, según las últimas proyecciones, vamos hacia un escenario de aumento de las temperaturas de 2,5 grados, casi un grado por encima del "umbral seguro" que establece la ciencia. ¿Logrará Belém bajar esas previsiones y salvar el planeta? Y no solo para esquivar el peor de los escenarios sino, sobre todo, para lograr un mundo mejor para todos. Al fin y al cabo, motivos no faltan.
Un reportaje de EL PERIÓDICO
Textos:
Valentina Raffio
Diseño e ilustraciones:
Andrea Hermida-Carro
Coordinación:
Rafa Julve