Sostenibilidad
Sensores que leen tu ropa usada y máquinas que 'resucitan' sus fibras: así teje la tecnología el futuro de la moda circular en España
Héctor Viniegra Bernal, responsable de desarrollo de negocio y líder del sector textil en Tecnalia, centro de referencia europeo: "No es solo reciclaje, es rediseñar todo el sistema para que genere menos residuos y aproveche más valor"

Reciclaje químico. / TECNALIA
Una cámara de alta resolución escanea una montaña de ropa usada en una planta de reciclaje textil en España. En apenas milisegundos, un sensor de infrarrojos identifica la composición exacta de una camiseta vieja: 62% de algodón y 38% de poliéster. De inmediato, un brazo robótico la intercepta y la lanza a su contenedor correspondiente.
La secuencia podría pertenecer a cualquier película de ficción. Pero, en verdad, el escáner NIR, una herramienta que interpreta la interacción de la luz infrarroja con las fibras textiles, se sitúa a pie de realidad. Ya no solo desempeña un papel fundamental en el proceso del reciclaje textil, sino que también es capaz de generar datos esenciales para el novedoso Pasaporte Digital de Producto (DPP). El código QR que la Unión Europea exigirá antes de que termine la década para rastrear cada prenda desde su origen hasta su despiece final.
Un sensor capaz de leer la ropa usada o una máquina regeneradora de fibras que son solo el punto de partida de toda una red de innovaciones tecnológicas que teje el futuro de la moda sostenible y circular. Algo indispensable en un sector con las industrias más contaminantes del mundo, responsable de hasta el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según organismos internacionales como Naciones Unidas (ONU).
La tecnología, "pieza clave"
Héctor Viniegra Bernal, responsable de desarrollo de negocio y líder del sector textil en el centro de investigación Tecnalia —referente europeo con sede en Vizcaya—, sostiene que este despliegue técnico es la "pieza clave" que permite "pasar del discurso a la operativa real". Un giro urgente hacia una circularidad real en un país donde cada ciudadano desecha anualmente unos 20 kilos de textil, de los cuales solo el 12% se recoge de forma separada para su reciclaje, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO). "Gran parte del material ni siquiera entra en el circuito, donde podría reusarse", concluye.

La tecnología NIR escanea varias prendas y las divide / TECNALIA
Estas soluciones, que son digitales, químicas y mecánicas, están en plena fase de expansión y pretenden transformar cada etapa del ciclo textil. Según el ingeniero industrial, su aplicación permite optimizar los recursos de origen, prolongar la vida de los productos y también recuperar los materiales cuando ya no se pueden usar más. Un cambio profundo que va mucho más allá del concepto del mero reciclaje: "Es rediseñar todo el sistema para que genere menos residuos y aproveche más valor".
Diseñar para no desperdiciar
La revolución comienza mucho antes de que la ropa llegue al contenedor. En los proyectos más comprometidos con el medioambiente, los retales que el diseño tradicional generaba como desperdicio han pasado a una mejor vida. Hoy, el relevo lo toman innovaciones disruptivas que, en palabras de Viniegra, "evitan la pérdida de materiales por corte", como la impresión 3D, que construye objetos capa a capa, o el tejido digital, capaz de crear prendas sin costuras (seamless).

Impresora 3D / Shutterstock
En este sentido, el experto en circularidad pone sobre la mesa hitos transformadores de firmas deportivas del calibre de Nike, pionera al presentar antes de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 la tecnología Flyknit. Un proceso de tejido digital que permite confeccionar la parte superior de la zapatilla en una sola pieza que se ajusta al pie como un calcetín.“Llevan años mostrando cómo reducen el desperdicio frente al corte y confección tradicional, con una media del 60% menos de residuo”, añade.
Hacia el hilo nuevo
En las plantas de reciclaje textil, la visión artificial —una de las tecnologías más prometedoras según el experto en Tecnalia— no descansa. Una cámara detecta botones, cremalleras y etiquetas que un sistema de corte láser se encarga de separar. Más tarde, los brazos robotizados, "capaces de realizar tareas con una exactitud y velocidad superiores al trabajo manual", son los encargados de retirar estos elementos no textiles.
Tras la limpieza y trituración de las telas en fragmentos, Viniegra explica que el reciclado químico permite "separar y recuperar" la celulosa (fibra natural) y el poliéster (hilo plástico), incluso en "mezclas complejas sin apenas valor". Bajo su criterio, este proceso logra transformar lo que es basura en una materia prima útil, lista para situarse en la línea de salida y dar así otra vuelta al círculo.

Brazos robotizados en el proceso del reciclaje. / TECNALIA
En este escenario de transformación, la invisible y silenciosa inteligencia artificial (IA) adquiere un papel fundamental que va mucho más allá de la predicción de composiciones a partir de señales ópticas. Integrada ya en los procesos industriales, esta tecnología también es clave para anticipar el comportamiento del mercado. "Puede ayudar a prever demanda, ajustar surtidos, reducir sobrestock, optimizar consumos y detectar defectos. Me consta que las grandes ya están en ello", añade Viniegra.
Una moda sostenible, cada vez más accesible
Aunque la posibilidad de imprimir en casa nuestra propia ropa con materiales reciclados aún parezca lejana, los avances futuristas ya están remando con fuerza para reducir la huella del ser humano en el sector. Un gesto que, según apunta el ingeniero industrial de Tecnalia, hará que la moda sostenible sea cada vez más accesible para el consumidor, aunque matiza que este cambio "no se producirá de forma automática ni inmediata", ya que, "al principio, muchas tecnologías en fase temprana encarecen el producto".
En esta muy necesaria transformación de la industria textil, Europa y España, de la mano, miran en la misma dirección con normas firmes. Muestra de ello son el Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR), que prohibirá a partir de julio a las grandes empresas destruir la ropa y el calzado no vendidos, o el proyecto de real decreto para regular los residuos textiles a nivel nacional, que pretende que se llegue a reutilizar el 30% de las prendas recogidas en 2030. Directrices que exigen resultados "cada vez más difíciles de cumplir sin tecnología", zanja Héctor Viniegra. Ahora sí, bienvenidos al futuro de la moda circular.
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