Aumento de los satélites
Contaminación lumínica, residuos y choques espaciales amenazan el cielo: "No deberíamos permitir taparlo"
El crecimiento exponencial de satélites presenta nuevos riesgos no solo para la astronomía sino también para el medio ambiente y para la población
Algunos artículos del Tratado del Espacio Exterior, de 1969, podrían permitir limitar el lanzamiento de dispositivos
La carrera por llenar el cielo de satélites complica la detección de asteroides peligrosos

Una hora de satélites sobre el norte del desierto de Atacama en Chile, en Octubre de 2025 / CRÉDITO: Credit: F. Kamphues, ESO/M. Kornmesser

La astronomía profesional está afectada por la multiplicación de constelaciones de satélites, pero el problema va mucho más allá de ello. "El cielo no es sólo cuestión de ciencia. No permitiríamos poner un telón para tapar la vista de la Sierra Nevada desde Granada. De la misma forma, no deberíamos permitir tapar el cielo, que es la otra mitad del paisaje", afirma David Galadí, astronómo y divulgador experto en contaminación lumínica.
La contaminación lumínica tiene impacto en el reloj biológico de humanos y otros animales; en las culturas para las cuales el cielo tiene un valor espiritual; y en el turismo astronómico. Además, los satélites también emiten señales radio, que interfieren día y noche con los radiotelescopios, dispositivos que captan las señales más sutiles y remotas del universo.
"Cada dos días cae un satélite de Starlink. Esto deja toneladas de residuos en la atmósfera y en el mar"
Otro reto es la multiplicación de residuos. "Cada dos días cae un satélite de Starlink. Esto deja toneladas de residuos en la atmósfera y en el mar, lo cual tendrá consecuenias ambientales", afirma John Barentine, presidente de la organización estadounidiense Centro para el Ambientalismo Espacial.
Otra preocupación es el riesgo de choque en órbitas sobrepobladas. "Si dos grandes satélites chocaran, generarían muchos fragmentos, que chocarían entre ellos, en una especie de reacción en cadena llamada Síndrome de Kessler. La multiplicación de residuos impediría lanzar nuevos satélites o cruzar el cinturón de basura", apunta Barentine.
Grietas legales
Sobre el asunto específico de los satélites espejo, la entidad que le ha otorgado el permiso en los Estados Unidos (Federal Communication Commission) se ha lavado las manos sobre la contaminación lumínica, alegando que su competencia se limita a asignar frecuencias del espectro radioeléctrico.
Un portavoz de Reflect Orbital asegura a EL PERIÓDICO que "la mayoría de la gente en la mayoría de los sitios nunca verá" la luz de sus satélites; que la empresa mantendrá zonas de exclusión alrededor de los observatorios astronómicos; y que los satélites estarán apagados por defecto cuando no presten servicio. La empresa es un miembro industrial del centro para la protección del cielo nocturno de la Organización Astronómica Internacional (IAU).
El astrónomo Olivier Hainaut valora positivamente esa membresía pero apunta al hecho de que la empresa tiene un incentivo económico para mantener sus satélites en servicio durante más tiempo posible, y estima que la zona de exclusión debería tener un radio enorme, de 400 kilómetros.
"El marco es el Tratado del Espacio Exterior, de 1969, cuando las constelaciones ni se imaginaban"
El enfoque legal al asunto es complicado. "El marco es el Tratado del Espacio Exterior, de 1969, cuando las constelaciones ni se imaginaban", señala Frans von der Dunk, profesor de ley del espacio en la Universidad de Nebraska.
Un gancho legal posible viene del articulado que afirma que una actividad espacial no puede interferir con otra, lo que está ocurriendo cuando los satélites ciegan los telescopios astronómicos. Otro es el artículo 9. "Si lanzas algo que puede perjudicar a otro país tiene que pedirle el permiso", resume Olga Zamora, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Los científicos españoles están trabajando para que el Gobierno de España emplee este artículo frente a Estados Unidos.
Von der Dunk cree que la solución es política. "Si un número suficiente de países se niegan a utilizar los servicios de esos satélites, las empresas verán que no pueden hacer dinero con ellos", afirma.
"El cielo nocturno es un recurso público", defiende Marcel Agüeros, presidente de la Sociedad Astronómica de Estados Unidos (AAS). "Cualquiera que lo haya experimentado ha sido cambiado por esa visión. Va a ser cada vez más difícil apreciar que la Tierra es parte de un universo maravilloso", lamenta.
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