Los jóvenes sevillanos que renuncian a las vacaciones para trabajar a 40 grados: "Necesito poder pagarme el piso si quiero seguir independizado"
La necesidad de ingresos obliga a muchos jóvenes a buscar empleo durante la época de veraniega para pasar un invierno "más holgado" en términos económicos

Manuel es peón en una bodega para poder continuar estudiando y viviendo independizado el próximo curso en Sevilla / emma rocha
Mientras Sevilla queda casi desértica tras la marcha de quienes huyen de las olas de calor en busca de playas y de un termómetro más aliviado, muchos estudiantes y trabajadores permanecen en la capital durante toda la temporada estival. Su objetivo es poder costearse los estudios, seguir pagando el alquiler de un piso compartido o financiar sus gastos personales. Ante la necesidad de alcanzar cierta autonomía económica, la solución para muchos se reduce a una: trabajar.
Y lo hacen cambiando sus potenciales vacaciones por largas jornadas laborales, mientras otros disfrutan de un parón para descansar y desconectar. Con estos empleos de temporada, los jóvenes encuentran oportunidades principalmente en la hostelería, en trabajos relacionados con piscinas o parque acuáticos, y sobre todo en Andalucía, en el campo.
"Necesito poder pagarme el piso compartido si quiero seguir viviendo independizado" relata Manuel, un joven de Cádiz que trabaja en la vendimia de una bodega. "El mes de agosto es etapa de vendimia y yo me encargo de toda la parte logística" "Proceso los pedidos, embotello los depósitos, repongo las cajas de uvas o limpio las máquinas" cuenta Manuel. Su trabajo en la empresa es un poco de "hombre comodín", un peón al que se asignan distintas tareas cada día en función de las necesidades. "Considero que está bien pagado, aunque son muchas horas porque es una época intensa y la uva no se te puede pasar". "Lo peor es que es un trabajo que requiere de bastante esfuerzo físico, pero está bien recompensado", afirma Manuel.
Manuel asegura, que, al fin y al cabo, se siente cómodo en este trabajo de verano. El ambiente es muy familiar, distendido y favorable para una persona joven que ha decidido renunciar a unas vacaciones por ganar algo de dinero. "Aquí no se pasa mal", asegura el joven gaditano con una sonrisa. Lo hace como un estudiante que desea seguir matriculado el próximo año en la Universidad de Sevilla y necesita ese "empujón" económico porque, según confiesa, no dispone de los recursos suficientes para hacerlo sin esos ingresos.
Por su parte, Francisco ha encontrado en el campo una oportunidad laboral durante la temporada estival. Tras haber finalizado su grado universitario, este joven comprendió la necesidad de ponerse manos a la obra para conseguir un colchón económico con el que afrontar sus gastos de cara al próximo curso, cuando empezará a repartir currículums y a preparar unas oposiciones. Con el objetivo de no tener que preocuparse tanto durante sus meses de estudio y pasar un invierno «más holgado», Francisco intenta evitar tener que compaginar la preparación de las oposiciones con una jornada laboral. Para ello, ha decidido sacrificar durante este verano parte del descanso y la desconexión.
Además, Francisco toca el clarinete en una banda de música de un municipio de Sevilla. Durante el verano son muchas las procesiones y romerías, tanto en los pueblos como en la capital, que recorren las calles y requieren acompañamiento musical. Como este joven sevillano, numerosas personas encuentran en su habilidad para tocar un instrumento una oportunidad de obtener ingresos extra, también más allá de la propia Semana Santa.
El coste del trabajo estival no es únicamente laboral, sino también social: implica renunciar a casi todos los planes con amigos, a las escapadas improvisadas y a las vacaciones en la costa. Manuel reconoce que le da pena perderse parte del verano por estar trabajando, aunque mantiene la vista fija en sus metas: "Me apetece mucho salir, pero también quiero no pasarlo tan mal en invierno".
El esfuerzo de jóvenes como Manuel y Francisco evidencia, sin duda, lo que ya se ha convertido en una tendencia para muchos: el empleo de verano ha dejado de ser una opción para obtener ingresos complementarios o caprichos superfluos para transformarse en un indispensable para garantizar la continuidad de los estudios, costear proyectos o asegurar el pago de una vivienda en un mercado cada vez más inaccesible para todos.
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Fuente: El Correo de Andalucía
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