El riesgo del 'copy-paste'
La IA se normaliza en las aulas, pero solo uno de cada diez alumnos verifica siempre sus respuestas
Un estudio de la escuela Pía de Catalunya y la UOC piden a las escuelas una estrategia para fomentar una verdadera competencia digital
Nace una herramienta para detectar los trabajos escolares hechos íntegramente con IA
La 'AI-lessphobia' llega a las aulas: casi un 5% de los escolares que usan IA teme rendir peor si estudia sin ella

Un estudiante de 1ª de ESO pregunta a ChatGPT cómo hacer análisis morfológicos. / O. P.

Un estudio de la escuela Pía de Catalunya y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) sobre el uso académico de la inteligencia artificial en las aulas concluye que la verificación de la información es uno de los puntos débiles. Solo uno de cada diez estudiantes contrastan siempre las respuestas obtenidas. Un 23,8% de los menores afirma que las verifican a menudo, mientras que más de la mitad señalan que lo hacen a veces o raramente, y un 11,5% reconocen que no las verifican jamás.
"La cuestión clave ya no es si el alumnado utiliza la IA, sino cómo lo hace"
El informe, el primero de estas características que se realiza a escala europea, recopila patrones de comportamiento sobre la IA a partir de una muestra de 3.700 alumnos de ESO y Bachillerato de 17 centros concertados catalanes. El estudio expone que el conocimiento de la IA entre el alumnado es desigual: un 34% declara un conocimiento bajo o muy bajo de la tecnología de última generación, mientras que un 46% se sitúa en niveles altos.
Así aprenden a usar la IA
El estudio, además, revela que la principal vía para aprender a utilizar la IA es el autoaprendizaje. Según Marta López Costa, miembro del equipo de coordinación del estudio y una de las responsables del grupo de investigación en Educación de la UOC (GREDU), la escuela tiene un papel relevante. Las conclusiones del análisis muestran que actualmente el uso más extendido de la IA entre el alumnado es el textual. Es decir, la utilizan para generar principalmente contenido escrito. Mucho menos frecuentes son los usos más avanzados, como crear imágenes, vídeos o 'prompts', instrucciones que el usuario escribe para pedir algo a la IA.
Los autores también han constatado que la tecnología ya forma parte de la vida académica cotidiana. Más de la mitad (55%) de los adolescentes declara utilizar dispositivos electrónicos para estudiar entre una y tres horas diarias, y un 27% señala que los usa más de tres horas.
"Hay que transitar de un uso intuitivo de la IA a una competencia digital académica crítica y sistematizada"
Profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, López Costa considera que la prioridad pasa por "construir una cultura pedagógica de uso de la IA". En su opinión, el primer paso es que la escuela asuma un papel activo de manera que el autoaprendizaje pase a un segundo plano. "El centro tiene que pasar de la tolerancia o la reacción puntual a una estrategia explícita, progresiva y compartida", propone la investigadora. "Hay que transitar de un uso intuitivo a una competencia digital académica crítica y sistematizada", añade.
Ramon Puig, impulsor de la iniciativa y miembro de la comisión sobre IA de la Escuela Pía de Catalunya, destaca la importancia de tener en cuenta la edad a la hora de trazar la estrategia. "El análisis de los datos muestra que la escuela no puede dar la misma respuesta en todas las etapas. En la ESO hay que alfabetizar en IA, mientras que en Bachillerato hay que exigir autoría y capacidad de defender el proceso que se ha seguido", señala.
Enseñar a verificar la información
Enseñar a verificar la información obtenida de la IA es, para la investigadora López, el segundo reto de los centros escolares. "Tiene que ser una competencia central: contrastar respuestas, buscar fuentes fiables, detectar errores, entender sesgos y no confundir fluidez textual con veracidad". De hecho, como parte del estudio se ha elaborado un conjunto de recomendaciones para los centros educativos que insiste en que la verificación debe convertirse en una exigencia habitual de las tareas escolares con inteligencia artificial.
"El alumnado necesita saber cuándo la IA es una ayuda legítima, cuando hay que limitar su uso y qué parte del proceso tiene que ser propia", destaca López Costa. "Esto afecta directamente a la evaluación: pedir un producto final no es suficiente. Hay que pedir evidencias del proceso, justificación de decisiones y trazabilidad del uso de la IA", subraya.
Para Puig, la cuestión clave ya no es si el alumnado utiliza la IA, sino cómo lo hace. "A medida que avanza la etapa educativa, esta tecnología entra más en las tareas académicas, y también aumenta el riesgo de que sustituya partes esenciales del aprendizaje", detalla el docente.
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