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Una práctica habitual en verano

Arena de playa: los riesgos de usarla como exfoliante natural

Por más que la gurú del maquille Bobbi Brown lo recomendara, los médicos explican que frotarse la piel con tierra mojada es una práctica contraproducente porque puede contener microorganismos y contaminantes

Bañistas en la playa de Patacona de Albaraia, en València, este verano.

Bañistas en la playa de Patacona de Albaraia, en València, este verano. / Manuel Bruque / Efe

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Olga Pereda

Olga Pereda

Madrid
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La gurú del maquille Bobbi Brown recomendaba exofilarse la piel con arena de playa, un gesto que le sirvió de inspiración para uno de sus productos. Por más que muchos adeptos de “lo natural” sigan defendiendo este ritual de belleza, untarse la cara o el cuerpo con tierra de un arenal es una idea contraproducente. Que una sustancia sea natural no significa que sea más eficaz ni tampoco que sea más segura. La doctora Ana Huertas, especialista en medicina estética regenerativa, explica que cuando recogemos barro directamente de una playa, un río o cualquier otro entorno natural, no conocemos su composición. Y ahí está el peligro. “Puede contener microorganismos, materia orgánica, partículas irritantes y diferentes contaminantes ambientales”, advierte. El riesgo, añade la especialista, puede ser mayor si se aplica sobre una herida, una quemadura, una zona con dermatitis o después de depilarse o afeitarse.

Huertas recuerda que no todos los barros son iguales. Determinadas arcillas contienen minerales como caolín, bentonita o montmorillonita que tienen propiedades absorbentes y, por eso, llevan mucho tiempo utilizándose en formulaciones cosméticas y dermatológicas. Pueden absorber agua y lípidos de la superficie cutánea y también puede existir cierto efecto exfoliante. Pero eso no significa que el barro natural sea mejor que emplear un producto específicamente formulado. “Una cosa es una arcilla o un peloide [barro utilizado con fines terapéuticos] cuyo origen, composición, tratamiento y seguridad conocemos y otra muy distinta coger barro directamente de una playa y aplicarlo sobre la piel”, insiste.

Exfoliar la cara o el cuerpo, además, no siempre conlleva beneficio. “Si la hacemos muy agresiva o dejamos una sustancia muy absorbente demasiado tiempo podemos alterar la barrera cutánea y producir sequedad, irritación o sensación de tirantez”, aclara.

Balnoterapia

La evidencia científica respalda la peloterapia (el uso terapéutico de los peloides) y la balneoterapia en algunos casos. Huertas destaca que pueden contribuir a mejorar la descamación en pacientes con psoriasis. “El ejemplo más conocido es la climatoterapia del mar Muerto, pero sus resultados no pueden atribuirse solo al barro. Influyen también la composición mineral del agua, la exposición solar controlada y otros factores ambientales”, explica la doctora, que recuerda que se trata de tratamientos complementarios que no se pueden sustituir por la terapia dermatológica.

Acné y celulitis

Las arcillas y el barro (no las naturales, sino las formuladas específicamente) no curan el acné, pero sí pueden contribuir a controlar la grasa. Tampoco eliminan la celulitis, aunque hay tratamientos que combinan barro con masaje, presión o temperatura y pueden mejorar el aspecto de la piel.

Más allá de exfoliar, tampoco dejar secar el barro al sol multiplica sus supuestos beneficios. “Al perder agua, la arcilla aumenta la sensación de tirantez y puede retirar parte de los lípidos de la superficie cutánea. Esa impresión de que la piel está más tersa puede deberse simplemente al secado y a la contracción del material. En algunas pieles, dejar una mascarilla muy absorbente hasta que se seque por completo puede favorecer precisamente lo contrario de lo que se busca: irritación y sequedad”, advierte la doctora.

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