Guía para las escuelas
Nuevas medidas antibullying en España: 5 días para recabar información y 48 horas para emitir dictamen
El Ministerio de Educación y FP publica una guía para orientar a las direcciones de escuelas e institutos en la redacción de los protocolos antiacoso, con plazos cortos y definidos
Pablo Duchement, perito judicial: “No todo el 'bullying' es una cuestión de autoestima, hay niños que son psicópatas”

Un alumno de secundaria, mostrando su repulsa ante el bullying. / M. B.

Una de las frases más repetidas por parte de las familias cuyos hijos han sufrido bullying es que el colegio “no hizo nada” al respecto. Ante la inacción del centro a la hora de activar el protocolo y solucionar el caso, una de cada cuatro familias toma la decisión de cambiar de centro, según un reciente estudio de Funcas. Para cubrir esta laguna, el Ministerio de Educación y FP acaba de publicar una guía redactada por varias expertas en educación y convivencia para orientar a las direcciones a la hora de diseñar los protocolos antibullying. La hoja de ruta incluye una clara definición de qué es el acoso escolar, establece unos plazos muy rápidos y concretos para atajar los casos, y recomienda extender la cultura del buen trato en la escuela.
"Un conflicto puntual entre personas en condiciones similares no debe tratarse como acoso"
La primera alerta deberá comunicarse a la dirección del centro o la jefatura de estudios en un máximo de 24 horas. El equipo de intervención activará medidas de protección en el mismo plazo: 24 horas. La recogida de información ocupará no más de 5 días hábiles (si puede ser 3, mejor) y el dictamen se emitirá en 48 horas. A partir de ahí, el plan de intervención arrancará en un máximo de 10 días hábiles y el seguimiento deberá mantenerse durante, al menos, 6 meses lectivos.
En España, según el informe elaborado en 2023 por la Universidad Complutense de Madrid e impulsado por la Fundación ColaCao, el 6,2% de los estudiantes de los cursos comprendidos entre 4º de primaria y 4º de ESO admiten que sufren acoso escolar. Mientras, el 2% se reconocen como acosadores. Es decir, en cada clase hay casi dos alumnos que son víctimas y por cada dos grupos hay un acosador.
Qué es bullying y qué no lo es
Elaborada por cuatro especialistas del ámbito educativo y con experiencia en orientación, inclusión, convivencia escolar, educación emocional y ciberseguridad, la guía define claramente qué elementos deben concurrir para que un caso sea considerado bullying: intencionalidad de causar daño, reiteración y desequilibrio de poder.
La guía subraya que no hay que esperar meses para actuar. Un segundo episodio ya puede constituir una señal suficiente si existen intención y desigualdad de poder. “Un conflicto puntual entre personas en condiciones similares no debe tratarse como acoso”, aseguran las autoras, Ana Angulo Fernández-Pacheco, Elena Campaña Marqués, María Amparo Cortell Escrivá y Andrea Escrivà Ferrer.
También dejan claro lo que muchos expertos llevan diciendo años: la mediación ordinaria no es buena para solventar el bullying porque no estamos delante de un conflicto entre iguales.
Ciberacoso
Las autoras destacan que, en el ciberacoso, el daño se amplifica. “Puede producirse las 24 horas del día, difundirse de forma masiva, permanecer en internet y verse favorecido por el anonimato”, destacan dejado claro que más de siete de cada diez víctimas de ciberacoso también sufren hostigamiento presencial. La guía incorpora riesgos digitales muy actuales: videojuegos y plataformas de juego, suplantación de identidad, difusión de imágenes, deepfakes y otros contenidos generados con IA. Ante el ciberacoso, la guía recomienda conservar las pruebas sin editarlas ni recortarlas, no reenviar el contenido y documentar fecha, hora, plataforma, perfil y alcance de la difusión.
Detección temprana
Siguiendo las recomendaciones de las expertas, en los futuros protocolos se tendrá en cuenta que la detección temprana es fundamental, pero requiere vigilancia activa (no vigilancia indiscriminada). Hay que estar atento a señales de alerta, como cambios bruscos de conducta, aislamiento, tristeza, somatizaciones, ansiedad ante notificaciones, uso compulsivo o abandono repentino del móvil y rechazo a determinadas aplicaciones. “Los canales internos de ayuda o denuncia deben ser seguros, confidenciales, conocidos por el alumnado y revisados diariamente”, reclaman las especialistas.
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