Artesanía
El ganchillo, el bordado y el punto ya no son cosa de abuelas: "Labores devaluadas son ahora válidas, legítimas y necesarias"
La vuelta a lo tradicional y lo hecho a mano coincide con la necesidad de las jóvenes de desconectar de las redes sociales y los trabajos de oficina

Una mujer borda en oro sobre terciopelo negro, el manto, de donación Real, pertenece a la Ilustre Hermandad de la Santa Misericordia. / Real Fábrica de Tapices
Es sencillo evocar la imagen de una mujer de una cierta edad sentada en un sillón, frente a un brasero, con las gafas casi al límite de la nariz, el pelo recogido en una pinza y una aguja (o dos, depende de la técnica) en la mano. A sus pies, un ovillo o un carrete de hilo que decrece a la vez que toma forma una creación única de lana, ganchillo o bordada. Lo que puede conllevar más esfuerzo es sustituir a esa adorable abuelita por una chica de unos 20 o 30 años que aún ve bien de cerca y ve 'Los Bridgerton'. O aprovecha para escuchar una playlist de Bad Bunny antes de ir o rememorar uno de sus conciertos. Aunque cueste creerlo, se trata de una estampa fidedigna.
La vuelta a las aficiones manuales, las que parecían reservadas a las sénior, es una realidad. En plena era digital, cada vez son más las que se decantan por rescatar la tradición como forma de desintoxicarse de redes sociales, trabajos de oficina o evadirse de un mundo a ratos turbulento. Los beneficios de una tarde haciendo cerámica, en un curso de costura o de dedicar un par de horas a pintar con acuarela son incontables: mejoran la salud mental, suben la autoestima, fomentan la creatividad y reducen la ansiedad y el estrés. Remedios de toda la vida para problemas contemporáneos.
Es más, pueden convertirse en una forma de ganar un sueldo. Es el caso de Almudena Gutiérrez, granadina, que, aunque compatibiliza su don para el bordado con su trabajo 'normal', sueña con dedicar todo su tiempo a su proyecto, Bibabu, especializado en trabajos para bodas y eventos. Su arte le viene de su madre, de quien aprendió punto de cruz, y, sobre todo, de su abuela, la costurera de su barrio. "Cuando murió, nos dejó un montón de ovillos y decidimos usarlos para una manta de colores. Empezamos una por cada lado. Así aprendí a hacer crochet", recuerda.
Su emprendimiento ha ido evolucionando (vendió patrones, colaboró con marcas potentes, se centró en tejer…) pero, desde su propia boda, su camino lo labra entre puntadas. Tiene los encargos cerrados hasta octubre. "Aunque sigue siendo un 'hobby', el negocio empezó en septiembre, cuando me hice autónoma. Me hace feliz, hay bodas que espero como si fueran de mis amigas", subraya. Y, a cada paso, se acuerda de su padre: "Siempre disfrutó de mis éxitos como si fueran suyos y esta faceta le gustaba mucho".
"Cuando hablo con mis compañeras siempre decimos que no estamos haciendo nada novedoso y nos acordamos de tantas mujeres que habrán encontrado en las agujas un refugio ante la falta de cariño, la falta de atención…"
Almudena admite que estas aficiones "siempre van a estar asociadas a señoras mayores", pero cree que las jóvenes han encontrado en ellas "una vía de escape". "Cuando hablo con mis compañeras siempre decimos que no hacemos nada novedoso y nos acordamos de tantas mujeres que habrán encontrado en las agujas un refugio ante la falta de cariño, de atención…", afirma. Y, en la era del 'fast fashion', reivindica la artesanía: "Son trabajos hechos a mano, pero hay gente que intenta regatear. Pido que se valore, hay muchas tiendas con opciones más baratas. Pero nunca van a ser únicas", defiende.
Hacer comunidad
El negocio también está en enseñar. Lo explica Marta Monar, propietaria de La Laborteca de Julia, un espacio con 15 años de historia en el centro de Madrid, entre la Plaza Mayor y el Teatro Real. Ofrecen talleres de punto, ganchillo, bordado, acuarela y costura, además de cursos monográficos. El alza de la demanda ha sido tal que no han dejado de programar horarios nuevos. Los grupos son reducidos (máximo diez personas) y tienen lista de espera. "El de los viernes está completo desde hace ocho años", afirma.
"Ha habido un repunte del interés por lo tradicional y por las cosas hechas a mano. Mucha gente busca una afición que se salga de lo típico y otros, la sensación de comunidad", indica. El acompañamiento es total, tal y como explica: "Aprendemos de cero, los niveles están mezclados. Trabajamos por proyectos, las alumnas escogen qué quieren hacer y lo adaptamos".
Marta Monar certifica que el 'boom' se da, sobre todo, entre las jóvenes. Tanto es así que en La Laborteca de Julia se celebran cumpleaños y se organizan talleres para niños. "Hay cosas muy modernas, el ganchillo no es el tapete para la mesa camilla. Hay gente que hace virguerías", explica. Y destaca la conexión que se establece con las generaciones anteriores: "Algunas han puesto a funcionar la máquina de coser de su abuela para volver a ese cariño con el que veían tejer a sus mayores".
Una forma de 'mindfulness'
La satisfacción tiene que ver con que el resultado es tangible. Lo explica Andrea Acuña, psicóloga sanitaria especialista en mujer en el Grupo Carlota Casqueiro: "Un herrero podía ver sus herramientas, una redera podía ver sus redes, incluso en una fábrica se podía ver la utilidad de las tareas. Hoy en día, muchas personas trabajan en oficinas enviando correos, rellenando excels o reportando a managers. El trabajo se diluye en una red de puestos y muchas veces no existe un impacto directo que podamos reconocer", apunta.
Por eso cree que en la era de la inmediatez, la hiperestimulación y la globalización, las jóvenes abrazan unas aficiones que parecían condenadas al olvido. "Tomarnos un momento para elaborar algo manual, único, permitirnos lo imperfecto… es un respiro ante la atomización que vivimos. El 'mindfulness' que tanto oímos también se practica en este tipo de tareas. Las actividades manuales tienen un ritmo repetitivo que favorece la concentración y ayuda a regular la activación emocional", señala, y recalca la desestigmatización de "lo femenino": "Actividades que históricamente se han devaluado están siendo resignificadas como algo válido, legítimo y necesario".
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