Literatura
Ada Klein Fortuny, escritora: "Cuando una mujer escribe un libro, aunque sea sobre extraterrestres, la pregunta es qué hay de ti en esta novela"
La escritora y médica gerundense visitó hace unos días el ciclo Punt de Lectura de Agullana para hablar de su primera novela, Lisa Cohen, con la que explora el amor, el deseo y la libertad individual de una mujer
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La escritora Ada Klein Fortuny, fotografiada en los jardines de la Sociedad de Agullana. / Josep Ribas
Ada Klein Fortuny (1976) se la veía feliz el viernes pasado en Agullana, pueblo que visitaba por primera vez para asistir al ciclo literario Punt de Lectura y hablar de su primera novela, Lisa Cohen (L'Altra Editorial). «Nunca sabes si un libro gustará o no gustará y este era más difícil que 'La plaga blanca'. Lisa Cohen es un producto muy diferente, tenía ganas de hacer otra cosa», explicaba de entrada. En cierto modo, la escritora gerundense, y de raíces ampurdanesas que se entrevén en la novela, asumió un riesgo, igual que hace la protagonista de su historia con los amores que elige a lo largo de la vida.
Como Lisa Cohen, usted también se ha puesto en situaciones diferentes estos últimos años: de médica de enfermedades infecciosas, profesión que no ha abandonado, a escritora bajo el seudónimo de Ada Klein Fortuny. Al principio ni siquiera había fotografías suyas. ¿Era un deseo de esconderse?
Siempre ha sido así. El seudónimo no viene de la literatura, sino que me hice una cuenta en Twitter. Es que es muy triste, tan triste como eso. Twitter lo tengo para divertirme, básicamente. No quiero que se relacione con mi vida pública profesional y era una manera de separar. Si quiero hablar de los zapatos que me he comprado, o si he ido a un restaurante y no me ha gustado nada, o si los políticos lo hacen fatal, no quiero que se relacione con mi carrera profesional. Son dos cosas separadas.
Y lo hizo extensible a la literatura.
En el momento en que teníamos que publicar el libro y la editora Eugènia Broggi me preguntó cómo quería que lo publicáramos, con mi nombre o con Ada Klein, lo discutimos en casa y todo el mundo dijo: no, no, Ada Klein. Durante mucho tiempo la gente pensó que me había inventado un personaje y no es cierto, soy la misma persona. Simplemente, poner un nombre me ayuda a separar las dos cosas: mi vida privada y profesional, y todo lo que hago en literatura, cultura, lo que sea.
También escondía su imagen, al principio.
Sí, pero ¿sabes qué pasa? Que hay mucha gente que me conoce y entonces daba igual. Tampoco es que tenga nada que esconder.
Su seudónimo es muy peculiar. ¿Hay algo detrás?
No, fue así. Tenía delante un libro de Nabokov que es Ada o el ardor. Así salió Ada y el resto, como los nombres de los personajes.
Se dio a conocer con el ensayo La plaga blanca. Tengo entendido que costó un poco publicarlo.
Costó mucho porque era un libro complicado de vender porque, claro, ¿qué explicas? Vida de tuberculosos. Eso no vende mucho, ¿no? Cuando escribí 'La plaga blanca' lo hice para mí, no tenía ninguna intención de publicarlo. Lo que pasa es que soy amiga de Adrià Pujol Cruells y estábamos trabajando juntos en aquel momento. Mientras hablábamos me preguntó si tenía algo escrito, y le dije: «Esto». Lo leyó y creyó que valía la pena publicarlo. Después él y Marina Espasa, a quien conocí a través de él, me convencieron de que lo enviara a unas editoriales. Se lo envié primero a Eugènia Broggi, que me contestó enseguida y me dijo, sin haberlo leído, que no le interesaba el tema, con lo cual, gracias, pero no. Lo envié a varias a la vez, entre ellas a la editora Rosa Rey, que es muy maja; me dijo que le había gustado mucho, pero que no sabía cómo venderlo, que era imposible. Otras editoriales, no diré cuáles, no me contestaron directamente o me contestaron muy mal, pero no pasaba nada porque yo no tenía ningún interés.
¿No la desanimaron?
No, me daba absolutamente igual.
Lo único que sabemos de usted es que es médica de enfermedades infecciosas.
Sí, pero básicamente de tuberculosis.
¿Tuvo alguna influencia a la hora de escribir el ensayo?
Es que lo escribí porque a mí me interesaba el tema, me dedico a esto. Iba leyendo, recopilando. Al principio era para un objetivo de mi trabajo, pero después me interesaban más las vidas personales. Entonces lo presenté a los premios de Girona y quedó finalista. Fue cuando la gente que lo había leído empezó a interesarse, pero comenzó la pandemia. En aquel momento, muy al principio, Eugènia Broggi, que es muy lista, recordó que tenía aquel texto. Así recuperó el archivo, pero habían pasado tres años. Se puso en contacto conmigo asegurando que le había encantado y que lo quería. Entonces otras editoriales me contestaron, pero con Broggi me entiendo, es una gran editora y la editorial es muy bonita y ya está bien.
Del ensayo, pero ahora ha pasado a la novela, Lisa Cohen, cambio de género. ¿Ha sido un camino largo?
Me interesaba hablar, por un lado, de estos temas porque veo a la gente joven muy desanimada en el tema amoroso, pensando que no encontrarán a nadie, hay un ambiente de pesimismo total y absoluto, en el que no creo en absoluto, porque la vida es muy complicada y muy rica y hay millones de cosas que te pueden pasar, y todo suma, a mi entender. Me deprime un poco que la gente joven... Hay como una regresión, ahora parece que se trate de encontrar pareja y hacer vida de matrimonio a los 18 o 20 años, pero la vida da muchas vueltas.
Lisa Cohen es el modelo opuesto a eso. Ella es una mujer que quiere disfrutar de sus experiencias y de los demás.
Claro, porque puede que quieras mucho a una persona y no vaya bien, o puede que una relación vaya muy mal y eso no significa que invalide todo lo que ha pasado. Vas pasando etapas y de todo se aprende, aunque sea para decirte que con un cabrón así no volveré a juntarme nunca más.
¿Y la segunda razón?
Pues que eso lo haces con la libertad individual. Este es un libro que trata de la libertad individual. Leí un artículo que escribió una chica de Valencia que decía que era un libro sobre el perdón. Yo no lo había planteado así. Me da igual si al lector le cae bien o mal Lisa, pero quiero que entienda que esta señora hace lo que hace porque cree que en ese momento es lo mejor.
Lo plantea como una carta que Lisa, que ya supera los sesenta años, dirige a la pareja que tiene en ese momento, repasando sus anteriores amores con la idea de que cada persona la ha influido y la ha hecho ser como es ahora.
Para mí no era tanto escribir una carta, pero eso es lo que ha entendido prácticamente todo el mundo. Para mí era: vas en tren y, cuando estás mirando por la ventana, vas pensando, como si estuvieras hablando con alguien. Es verdad, todo el mundo se lo ha tomado como una carta y es curioso, también. Lisa hace balance como si tuviera que encontrarse con aquella persona.

Ada Klein Fortuny con el historiador Enric Tubert durante el acto en Agullana. / Cristina Vilà
El libro está escrito en primera persona.
Eso fue un problema. Yo tenía muy claro que esto tenía que ser una novela, porque depende de la historia que tú quieras contar, tiene que ser una cosa u otra. Cada historia pide una voz diferente. Y yo pensaba que, siendo una mujer madura, aunque Lisa figura que tiene más años que yo, que tengo 50 años, dirán: una mujer, en primera persona, y me daba mucha pereza porque cuando una mujer escribe un libro, da igual de qué escriba, aunque sea sobre extraterrestres, la pregunta es qué hay de ti en esta novela. Siempre, siempre, y sobre todo si el entrevistador es hombre. Es algo muy curioso porque a los hombres no se lo preguntan. Así que decidí convertirla en tercera persona, pero no funcionaba porque cada historia pide lo que pide.
Lisa Cohen es una historia que nos habla del amor, pero también del deseo de una mujer.
Se trataba de decir cómo hablas del deseo sin que pase el punto de la grosería, la pornografía, porque tampoco me interesa, no es mi línea. Creo que es una cuestión que ha pasado mucho en la literatura actual. No, hay que reivindicar el deseo femenino. Es como ahora que en la mayoría de las películas sale gente, sobre todo señoras, en el lavabo haciendo pis. Qué necesidad hay. ¿Aporta algo a la historia? No, nosotras también hacemos pis. Pero creo que se tiene que poder hablar de todo.
Con esta libertad que reclama. Hay un momento en que Lisa exclama: «No amar no ha sido nunca una opción». Para ella es un punto muy importante.
Sí, yo creo que para la mayoría de la gente lo es. Entonces tienes más suerte o menos suerte, o un carácter más abierto o menos abierto, pero sí.
También añade: «El amor es bendición y maldición».
Es que siempre es eso: con una pareja, con los padres, con los hijos, siempre es eso. Vivir solo es mucho más fácil. Bueno, no sé si lo es, de fácil.
Uno de los temas que aborda es el abuso de poder dentro de una relación amorosa y cómo Lisa lo acepta porque todavía siente vivo aquel amor.
Pasa mucho en la literatura contemporánea, en el cine y en las series, que parece que de un día para otro cambias de opinión y ya está, abandonas a aquella persona y se ha acabado. Las cosas se dejan, pero no solo la pareja, también los trabajos. Antes de dejar algo que es importante, la gente se lo piensa, duda. Lo mismo pasa con el aborto. No son cosas banales, la gente no es tan estúpida ni tan tonta. En general todos intentamos evaluar, no nos lo tomamos a la ligera. Pues también quería expresar eso, que las cosas cuestan.
Lisa vive sus errores, también, pero sin remordimientos ni amarguras. Los asume como un aprendizaje para seguir adelante.
Yo no sé si sería tan así (ríe), pero como la he puteado bastante le quería dar una pareja, es decir, como una salida y un final feliz, porque a mí me gustan los finales felices. Y después, un poco, por eso, para decir: si no le das un carácter que sea capaz de superar, este habría sido un libro de desgracias. Y ya hay muchos libros de desgracias.
En esta novela, el lector ve el inicio y el clímax de un amor, pero también la decadencia.
Ve la vida.
Y después de este libro...
Casi estoy acabando uno nuevo y cuando lo tenga todo se lo daré a la editora para ver qué dice, si le gusta, si no le gusta, si lo quiere publicar.
¿La escritura le roba mucho tiempo?
Yo me levanto a las 6 de la mañana y entre las 6 y las 8, aparte del cuarto de hora que tardo en ducharme y arreglarme, es el tiempo que tengo para mí, cada día. Normalmente es cuando escribo y después, en ratos robados, a veces grabo voz con el móvil. Cuando se me ocurren cosas, enseguida las apunto y también voy con una libreta. Después, el fin de semana es cuando lo paso a limpio, ordeno y edito. Es cuando tengo más tiempo.
Es un ejercicio bastante marcado.
No soy nada ordenada y me he obligado a tener un orden bastante estricto porque, si no, sería el caos personificado.
¿La escritura es importante para usted?
Sí, pero no solo la literatura, aunque me ayuda a ordenar las ideas, a ponerlas en orden, a estructurarme.
En los dos libros que ha publicado ha volcado muchas cosas, muchas referencias sutiles al mundo del arte, por ejemplo.
Es que me interesa todo, es verdad. Tengo esta suerte o esta desgracia, soy una culillo de mal asiento.
Se podría pensar que un médico no tiene vida cultural o creativa.
Yo creo que los médicos tienen bastante, son personas con mucha inquietud. Prácticamente todos los médicos que conozco hacen música, de manera amateur, o escultura, pintura o escriben, muchos, muchos. Es algo que puedes hacer con las manos y solo por hacerlo así, con las manos, ya te ayuda a pensar menos.
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Fuente: Empordà
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