Necesidades económicas y formativas
La 'generación sisi' crece en España: uno de cada tres jóvenes que trabaja también estudia
Las personas entre 16 y 29 años que tienen empleo y también vida académica aumentan siete puntos desde 2019
La opción es especialmente beneficiosa cuando la ocupación está relacionada con la formación

Varios jóvenes usan sus ordenadores, en una cafetería de Madrid. / David Castro

En España hay cada vez más jóvenes que trabajan y estudian, los llamados 'sisi' en contraposición a los 'ninis'. Antes de la pandemia, una de cada cuatro personas ocupadas entre 16 y 29 años también estudiaba. Ahora, una de cada tres. Es decir, en 2019 eran el 26% frente al 33% actual. La tendencia al alza se explica por las necesidades económicas de una juventud precarizada y la creciente conciencia de que la formación es necesaria para progresar profesionalmente, mejorar las condiciones laborales o aspirar a un cambio de empleo. Los expertos ven con buenos ojos el incremento de los 'sisi', reflejado en la Encuesta de Población Activa (EPA). Pero hay matices.
Combinar vida laboral y académica aporta experiencia, madurez y autonomía personal y financiera a los jóvenes. También permite desarrollar competencias y habilidades. "El hecho de trabajar mientras se estudia ofrece oportunidades de aprendizaje difíciles de reproducir únicamente en el aula", explica Lourdes Guàrdia, profesora de los estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del grupo Edul@b.
"Si eres universitario y consigues un empleo en hostelería o en un comercio, quizá te sea más difícil dar el salto más tarde a puestos relacionados con tus estudios"
Sin embargo, ser un 'sisi' es especialmente positivo cuando se dan dos condiciones: el trabajo está relacionado con los estudios y la jornada es moderada y no resta protagonismo a las clases, ya sea la universidad, FP o cualquier formación. “Trabajar mientras estudias es un plus de cara a la inserción laboral. Las empresa valoran mucho esa experiencia, especialmente si el oficio está relacionado con los estudios”, señala Joan Miquel Verd, director del Centre d’Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball y catedrático del departamento de Sociología de la UAB.
Las prácticas son fundamentales
El profesor e investigador resalta el papel “fundamental” de las prácticas durante la universidad, ya sean extracurriculares (se las busca el alumno por su cuenta) o curriculares, que forman parte del currículo académico y no suelen estar pagadas, aunque sí cuentan en la cotización a la Seguridad Social. Verd recuerda que las empresas acuden a las facultades para crear bolsas de trabajo, un terreno en el que los campus privados están ganando espacio frente a los públicos. Esas bolsas no suponen las mismas oportunidades para todos los universitarios. Las ramas científicas y tecnológicas suelen partir con ventaja frente a las humanidades.
Según encuestas de la Fundación Universidad Empresa (FUE), el 87% de los universitarios que realizan prácticas relacionadas con sus estudios son contratados o se encuentran en procesos de selección una vez finalizan su vida académica. Además del plus en la inserción laboral, el catedrático de la UAB recuerda que combinar estudios y un trabajo relacionado también sirve de orientación profesional. “Es una manera de conocer el mercado laboral y saber, de verdad, si te gusta o no lo que has escogido”, asegura.
Empleos de baja cualificación
Ahora bien, ¿qué pasa cuando el estudiante trabaja en puestos alejados de su campo de estudios o de baja cualificación? En estos casos, Verd introduce algunas reservas. Asegura que el trabajo, sea el que sea, aporta recursos económicos al joven, algo que el experto considera positivo. Pero advierte del posible riesgo de encasillamiento. “Si eres universitario y consigues un empleo en hostelería o en un comercio, quizá te sea más difícil dar el salto más tarde a puestos relacionados con tus estudios”, puntualiza.
Manejar la presión, saber solucionar problemas y tratar con clientes son competencias que se pueden trasladar, en el futuro, al mercado laboral
Otros expertos ofrecen una visión más favorable y sostienen que incluso los empleos de baja cualificación pueden aportar beneficios psicológicos y profesionales. Manejar la presión, saber solucionar problemas y tratar con clientes son competencias que se pueden trasladar, en el futuro, al mercado laboral.
Sergi Macip, profesor de los estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, investigador del grupo PDINA eHealth y experto en psicología del trabajo y las organizaciones, señala que el empleo durante la etapa formativa contribuye a la construcción de la identidad personal, la independencia y la confianza en uno mismo. Además, mejora competencias prácticas como la gestión del tiempo, la organización personal o la educación financiera, una asignatura pendiente de la juventud. Según el último informe PISA, el 17% de los estudiantes de 15 años suspenden en competencia financiera en España.
Habilidades apreciadas por las empresas
El catedrático Verd coincide y menciona las 'soft skills': habilidades blandas especialmente apreciadas por los departamentos de recursos humanos: resolución de problemas, planificación, organización y capacidad de aprender de manera autónoma. Pero añade un matiz: “Un trabajo, cualquier trabajo, te aporta eso. Pero ese tipo de habilidades y conocimientos también los puedes adquirir en un voluntariado, por ejemplo”.
El profesor de los estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC recuerda que, sea cual sea el trabajo, lo fundamental es que la carga laboral no pese demasiado. El exceso de horas reduce el tiempo disponible para estudiar, limita el descanso y dificulta la concentración. “Según varios estudios, los efectos positivos se dan cuando el trabajo implica una dedicación moderada, de aproximadamente 10 a 20 horas semanales”, concluye. El experto advierte de varias señales de alerta: descenso sostenido del rendimiento académico, dificultades para asistir a clase, cansancio persistente, pérdida de motivación y sensación ctagonstante de falta de tiempo.
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