Bosques
Más del 10 % de los árboles catalanes están gravemente debilitados, según el sistema de seguimiento forestal
Advierten de que el abandono de la gestión tradicional, el cambio climático y las plagas hacen más vulnerables a los bosques
Los bosques catalanes llegan al verano "más estresados" y con más riesgo de arder que hace un año

Corredoira inspeccionant la copa d’un arbre a la parcel·la de control d’Agricultura a Arsèguel / ACN / ACN

Más de un 10 % de los árboles de Catalunya presentan un grado de defoliación superior al 40 %, un umbral que los técnicos consideran un indicador de debilitamiento forestal. Así lo constata la última campaña de la red 8x8CAT, el proyecto de seguimiento de la salud de los bosques catalanes, que cada año inspecciona cerca de 9.000 árboles distribuidos en 375 parcelas por todo el territorio. Técnicos del Departamento de Agricultura alertan de que, más allá del cambio climático y de la aparición de especies exóticas, el abandono de la gestión forestal tradicional es uno de los factores que más contribuyen a aumentar la vulnerabilidad de los bosques frente a plagas y fenómenos meteorológicos extremos.
La red 8x8CAT es el observatorio de los bosques de Catalunya. Especialistas del Departamento de Agricultura y de la empresa pública Forestal Catalana recorren anualmente las parcelas distribuidas sistemáticamente por el territorio, siguiendo una metodología que lleva más de 35 años aplicándose en diversos países europeos. En cada parcela, los técnicos analizan los 24 árboles más próximos al punto central. Cada cinco años miden su diámetro y altura, y anualmente recogen otros parámetros que permiten seguir la evolución de la masa forestal. El principal indicador es el índice de defoliación, que se evalúa observando la copa del árbol y comparándola con la de un ejemplar ideal de la misma especie. También se inspeccionan los agentes que pueden causar daños y se recogen datos sobre la regeneración —la presencia de árboles jóvenes— para anticipar la evolución futura del bosque.
El jefe de la sección de sanidad forestal del Departamento de Agricultura, Jorge Heras, explica en declaraciones a la ACN que el estado fitosanitario de los bosques catalanes responde principalmente a tres factores. Se trata del "cambio climático —que favorece la sequía y los fenómenos extremos—, la globalización —que facilita la llegada de especies exóticas— y el abandono de la gestión forestal tradicional". Según Heras, los bosques catalanes "están acostumbrados a una gestión que se ha ido abandonando", lo que se traduce en una menor vitalidad. En este sentido, destaca que la defoliación es un indicador clave, ya que "cuanto más vital es un bosque, más resiliente se vuelve y más fácilmente sobrevive a los cambios y las adversidades".
La sequía todavía pesa, pese a los primeros signos de recuperación
Los bosques catalanes todavía arrastran los efectos de la sequía acumulada entre 2021 y 2024, aunque ya empiezan a detectarse algunos signos de recuperación. Heras señala que los bosques del Pirineo se encuentran "un poco mejor que el año pasado", pero advierte de que las consecuencias del estrés hídrico todavía están presentes. En paralelo, este 2026 los técnicos han registrado un aumento de los daños provocados por vendavales y olas de calor, dos fenómenos que pueden favorecer la aparición de plagas en las zonas afectadas.
Los técnicos destacan que la prospección de plagas exóticas prioritarias es fundamental para detectarlas de forma precoz y activar las medidas de emergencia. Para ello, recogen muestras de hojas —donde a menudo se detectan los primeros síntomas— que se analizan en laboratorios especializados. Si se confirma su presencia, se actúa de inmediato: se intensifica la vigilancia en las zonas próximas y se intenta erradicar el foco. Los especialistas constatan una tendencia progresiva al empeoramiento del estado fitosanitario de los bosques catalanes, marcada por el cambio climático, la aparición de plagas y enfermedades exóticas y el abandono de la gestión tradicional. Para hacer frente a esta situación, defienden un seguimiento continuado y una gestión forestal activa que refuerce la vitalidad de las masas forestales, ya que los bosques más vitales son también los más resilientes.
La oruga del boj, de plaga a especie invasora
La oruga del boj se encuentra todavía en fase de expansión en el Pirineo, aunque en algunas zonas su incidencia ha disminuido. Se trata de una especie poco resiliente a las olas de calor: habitualmente completa dos ciclos y medio al año, pero las temperaturas extremas de este verano han reducido su frecuencia. Esta mariposa se alimenta exclusivamente de boj, por lo que desaparece en las zonas donde esta planta se agota.
No es un insecto tóxico, pero su impacto sobre el bosque es elevado. Heras explica que en jardinería puede controlarse con diversos tratamientos anuales, pero que esta opción no es viable a escala forestal, ni económica ni ecológicamente. Por este motivo, los técnicos ya no la consideran una plaga puntual, sino una especie exótica invasora, lo que implica un cambio en la estrategia de gestión.
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