Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El show de la Tramuntana durante el eclipse: flotadores en la carretera, picnics en los arcenes y extranjeros ‘pasando’ de la policía y las restricciones

DIRECTO| Última hora del eclipse del 12 de agosto

La peligrosa y serpenteante carretera de la Tramuntana se ha convertido en una improvisada pasarela de aspirantes a espectadores, con estampas dantescas y, en ocasiones, surrealistas

El show de la Tramuntana por el Eclipse

El show de la Tramuntana por el Eclipse / Pere Morell

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Pere Morell

Esporles
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Se rifan papeletas para ver el eclipse desde el cielo. Los pronósticos auguraban una tarde de locura en la Serra de Tramuntana. Los colapsos circulatorios eran el mal menor que todos sabían que llegaría y que ha provocado que todos los accesos por carretera a la sierra estén ya cerrados. Hay colas en Esporles de hasta 50 minutos, donde se ha instalado un control de la Guardia Civil. Pero, aun así, residentes y extranjeros han ideado nuevas formas de intentar ver el eclipse. Algunas rozando la temeridad y otras llegando, directamente, a la estupidez.

Cerca de La Granja, en el desvío hacia Valldemossa donde está el control, mucha gente ha dejado el coche mal aparcado y ha empezado a caminar para llegar hasta Banyalbufar o el Port des Canonge. El resultado deja imágenes dantescas: personas con muletas o con carritos de bebé afrontando un trayecto de más de siete kilómetros por el asfalto, bajo el sol de un caluroso 12 de agosto.

La peligrosa y serpenteante carretera de la Tramuntana se ha convertido así en una improvisada pasarela de aspirantes a espectadores del eclipse: gente sin camiseta caminando en medio de la calzada, sin demasiado respeto por su propia vida, y otras estampas particulares.

En el Hotel Continental, en Valldemossa, había una línea infinita de coches mal aparcados. Un policía local sorprendía a uno de los conductores intentando dejar el coche donde no debía y le indicaba con el dedo que no podía hacerlo. El hombre, viendo la interminable fila de vehículos aparcados donde les parecía, hacía caso omiso de la indicación. El agente, humillado, solo podía marcharse meneando la cabeza.

La nula presencia policial en algunos lugares ha hecho que muchos extranjeros pasen directamente de las restricciones y accedan a lugares prohibidos. En Béns d’Avall, decenas de coches de alquiler cruzaban sin demasiados complejos el cartel de prohibido el paso. Algunos conductores llegaban hasta la señal, frenaban durante cinco segundos con cara de bobo y, tras la pausa dramática, procedían a pasar igualmente.

Eso sí, también hay residentes que cuentan con el privilegio de tener la mejor entrada posible para el espectáculo: una vivienda propia. «Hay dos árboles delante que no podemos cortar, pero lo miraremos desde aquí», explicaba uno de los propietarios, dispuesto a disfrutar del eclipse sin necesidad de saltarse ninguna barrera.

Paseando por la carretera se podían encontrar otros personajes. Un grupo de unos 20 turistas alemanes ha estacionado en medio de la carretera hacia Deià para disfrutar del eclipse. Los visitantes llevan desde primera hora de la mañana instalados en la zona, jugando a las cartas y esperando el momento. «Mallorca es el mejor lugar del mundo, no podíamos ir a otro sitio a ver el eclipse», asegura uno de los integrantes del grupo.

Algunos mallorquines han apurado hasta el último minuto y, apenas 12 minutos antes del cierre de los accesos, han podido pasar el control. Es el caso de Pol Capilla y Pau Martorell, que han aparcado en la carretera y se disponían a ver el eclipse desde Llucalcari. «Es nuestra playa preferida y no estará tan llena de gente», explican. Martorell bromea asegurando que iban escoltados por dos «camiones militares» y que había muchos turistas sentados por el camino.

La carretera es una postal: gente haciendo picnics en las ‘marjades’, y algunos buscando cualquier rincón desde el que contemplar el espectáculo. «A algunos les pegará un jamacuco después de ocho horas al sol. Nosotros, como mínimo, haremos un capfico», explican.

Este diario también fue escoltado por dos furgones policiales desde Llucalcari hasta sa Foradada, donde los accesos están cerrados. Allí, sin embargo, la estampa era espectacular: gente con flotadores en medio de la carretera, algunos dormidos entre dos sillas, otros con telescopios y todo tipo de improvisados equipos para contemplar el eclipse. Algunos cruzan de largo la línea que separa la valentía de la temeridad. Otros, directamente, han conseguido superar incluso la frontera entre la temeridad y la estupidez.

Cala Banyalbufar, a las nueve de la mañana, ya era un hervidero de personas. El día anterior, los aparcamientos ya estaban completos, al igual que en Cala Estellencs. Banyalbufar y Estellencs ya están blindados a prueba de coches debido al colapso que sufren por el eclipse. En otros lugares, como la torre situada en la urbanización George Sand de Valldemossa, la escena tampoco se queda atrás: sombrilla sobre sombrilla, hasta reventar. Sin embargo, cuando las nubes hicieron acto de presencia y las sombrillas dejaron de ser necesarias, apareció otro problema mucho más grave: el miedo al eclipse nublado.

No obstante, algunos municipios se han librado de la psicosis colectiva. En Puigpunyent, el ambiente es tranquilo, mientras que en Bunyola hay tanta calma que el Ayuntamiento, gobernado por el PP, ha decidido cortar el suministro de agua en hasta siete calles del municipio durante la mañana. Y, como viene siendo habitual por parte del consistorio, ha informado a los vecinos horas después de haber cortado el suministro.

Suscríbete para seguir leyendo

Fuente: Diario de Mallorca