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Puente de Vadillos

Nahum, farmacéutico de 23 años en un pueblo de 150 habitantes: "La farmacia rural ya es mucho más que una farmacia"

El joven farmacéutico habla de sus muchas responsabilidades y largas jornadas laborales

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Nahum, farmacéutico

Nahum, farmacéutico / SPORT.es / El Digital de Cuenca

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Cristian Miguel Villa

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Trabajar en una farmacia de un pequeño pueblo del entorno rural es una experiencia profundamente distinta a la de ocuparse de una farmacia en una gran ciudad. El joven Nahum Salinas, un farmacéutico de 23 años, ha hablado acerca de cómo es su día a día en este contexto.

Así es la vida de un joven farmacéutico rural

Nahum cuenta que dejó Valencia, su ciudad, para ocuparse de una pequeña farmacia en Puente de Vadillos, un pueblo de Cuenca con 130 habitantes. Pero no solo eso: también se encarga de atender dos botiquines farmacéuticos situados en Cañizares y Peralejos de las Truchas.

El joven farmacéutico comenzó a gestionar esta labor a partir de finales de mayo, y desde entonces su vida ha cambiado por completo. Una gran diferencia que Nahum resalta es la acogida de los vecinos, con los que tiene un trato mucho más personal que en Valencia.

Medicamentos en una farmacia.

Medicamentos en una farmacia. / sport

De hecho, Nahum llega a comentar que en algunos casos no ejerce solo como farmacéutico, hay con quien también ejerce de consejero o confidente. Dicho esto, en general destaca cómo trabajar en un pueblo pequeño le permite tener un mucho mayor control sobre los tratamientos de sus clientes.

A pesar de que está satisfecho con su labor y de que asegura que lo tratan como si estuviera en casa, la vida no es sencilla para Nahum. Y es que pese a lo que pueda parecer de puertas hacia fuera, la vida de farmacéutico rural es extremadamente exigente.

Archivo - Imagen de recurso de una farmacia.

Archivo - Imagen de recurso de una farmacia. / EUROPA PRESS - Archivo

Nahum tiene jornadas que pueden alargarse desde las nueve y media de la mañana hasta las nueve de la noche. Además, debe desplazarse a otros municipios para atender los dos botiquines y adaptar buena parte de su tiempo libre a las necesidades del trabajo.

Por si todo esto no fuera poco, tanto las guardias como los viajes de fin de semana a Valencia para visitar a su familia limitan todavía más sus posibilidades de descanso y ocio. Es, indudablemente, un ritmo de vida exigente.

Imagen de una farmacia extremeña.

Imagen de una farmacia extremeña. / EL PERIÓDICO

Ese es uno de los grandes problemas que reflejan situaciones como las de Nahum: muchas farmacias rurales actúan prácticamente como un servicio público, pero en este caso es un solo encargado el que debe cargar con muchas tareas adicionales.

Aun así, e incluso por lo general sin una remuneración especial, Nahum anima a otros jóvenes farmacéuticos a probar suerte en un contexto rural; porque sí, asegura que es un trabajo de mucho sacrificio, pero también de grandes oportunidades y de proporcionar un servicio esencial.

En definitiva, trabajar en una farmacia rural no es sencillo. Hace falta tener la diligencia que muestra Nahum y ser consciente de que se trata de un empleo que va a pedir mucho de ti cada día. Pero si se está de acuerdo con ello, la gratificación personal es inmensa.

Fuente: Sport