Crisis migratoria
El Trampolín de Ceuta: un campamento improvisado donde 1.500 migrantes rehacen su vida
Sobre la arena se levantan alrededor de una veintena de chozas, construidas artesanalmente
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Numerosos inmigrantes permanecen en la playa del Trampolín que se ha transformado en un asentamiento. / Reduan / EFE

La playa del Trampolín de Ceuta se ha convertido en los últimos días en el improvisado hogar de alrededor de 1.500 inmigrantes que, sin espacio en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), sobresaturado, permanecen en este enclave mientras esperan una salida a su situación. El 80% son subsaharianos y, entre ellos, hay un grupo de unos 150 sudaneses que ha comenzado a organizarse por su cuenta para mantener limpia la zona en la que viven.
La estampa que ofrece actualmente el arenal poco tiene que ver con la de una playa utilizada únicamente como lugar de paso. Sobre la arena se levanta alrededor de una veintena de chozas, construidas artesanalmente por los inmigrantes, que han encontrado en las cañas, ramas y otros materiales del entorno los elementos necesarios para protegerse del sol y disponer de un espacio propio.

Imagen de la playa del Trampolín tras la crisis migratoria. / Reduan / EFE
Las estructuras parten generalmente de una armazón de cañas que se cubre con ramas, plásticos, telas y otros materiales. No todas tienen las mismas dimensiones: algunas apenas permiten cobijar a unas pocas personas y otras han sido preparadas para acoger a grupos de entre diez y quince. Son construcciones frágiles y también una señal de que la estancia se está alargando más de lo que inicialmente estaba previsto. Dentro y alrededor de las chozas se acumulan las pertenencias de quienes las ocupan: bolsas, ropa, recipientes y otros enseres que convierten estos pequeños espacios en algo más que un refugio para pasar una noche. Son lugares para dormir, descansar, guardar sus cosas y protegerse del exterior mientras continúan a la espera.
Limpieza de la playa
Entre los residentes hay además iniciativas que tratan de hacer más llevadera la convivencia. El grupo de unos 150 sudaneses ha asumido voluntariamente parte de las labores de recogida de residuos y colabora en mantener limpia la playa, al margen de la brigada medioambiental que trabaja en la zona. Quienes participan en esta tarea consideran que, aunque se trate de una situación provisional, el lugar se ha convertido en su hogar y quieren mantenerlo en las mejores condiciones posibles.

Los numerosos inmigrantes que permanecen en la playa del Trampolín. / Reduan / EFE
La población de El Trampolín es diversa. Además de los subsaharianos, que constituyen la mayoría, hay inmigrantes de nacionalidad marroquí, argelina, yemení y tunecina. Todos comparten un espacio en una playa que, en cuestión de días, ha tenido que asumir funciones muy diferentes a las que tenía antes de la crisis migratoria. En la explanada próxima se han instalado diez baños y unas treinta duchas, además de puntos de agua, y se han realizado trabajos de electricidad y alumbrado. También se ha habilitado una carpa para proporcionar sombra. Cruz Roja mantiene diariamente el reparto de alimentos y la atención sanitaria, con apoyo policial.
El origen de esta situación está en la presión migratoria registrada tras la entrada masiva producida el pasado 30 de julio y en la imposibilidad de absorber en el CETI a todas las personas que permanecen en la ciudad. Ante la falta de espacio, la playa se ha convertido en una solución de emergencia que, con el paso de los días, empieza a adquirir una apariencia más estable.

Los inmigrantes de autogestionan para recoger residuos y mantener la playa limpia. / Reduan / EFE
Las chozas sobre la arena son la imagen más evidente de esa transformación. No se trata de construcciones destinadas a permanecer, pero sí de refugios que sus ocupantes están mejorando y adaptando mientras esperan abandonar la playa. En medio de esa precariedad, la decisión de algunos de recoger los residuos y cuidar el entorno refleja el intento de hacer habitable un lugar en el que, por ahora, les ha tocado vivir.
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