Depredador escondido
El pederasta Miguel Ángel Flores, en paradero desconocido un mes después de plantar a la Audiencia de Barcelona
El día que debía presentarse a juicio por violar a su hija, condujo ebrio durante horas y terminó en el hospital de Mataró
La fiscalía cree que Flores agredía sexualmente a la menor por las noches y que, durante el día, la golpeaba

El acusado de pederastia Miguel Ángel Flores Díaz, durante una declaración judicial. / Archivo

Miguel Ángel Flores Díaz, un depredador sexual de menores, se encuentra en paradero desconocido un mes después de dejar plantada a la Audiencia de Barcelona. La sección 20 pretendía juzgarlo el 30 de junio por violar de forma continuada a su hija, pero esa mañana Flores, en lugar de dar la cara, cogió su coche en Abrera (Baix Llobregat) y condujo hacia la costa mientras se inflaba a pastillas y alcohol. Fue localizado por la tarde en Mataró semiinconsciente en el interior del vehículo e ingresado en la UCI del hospital de la capital del Maresme. Tres días más tarde, Flores, sin que nadie se lo impidiera, salió del hospital y se marchó.
Un mes después de aquella huida temeraria y de aquel plantón a un tribunal, nadie ha movido ficha. Ni se ha investigado si Flores –conduciendo durante tantos kilómetros bajo los efectos del alcohol y de estupefacientes– supuso un riesgo para otros coches o peatones, ni los magistrados plantados han interpuesto ninguna orden de búsqueda y captura por su incomparecencia el 30 de junio.
Tras recuperarse de la intoxicación, Flores justificó su ausencia en el juicio arguyendo que se encontraba en el hospital. Era cierto, aunque solo en parte: el pederasta ingresó en el hospital por la tarde y el juicio era a las diez de la mañana. El tribunal de la sección 20, en cualquier caso, entiende que la excusa de Flores ha resultado acreditada con documentos –ingreso hospitalario por intento de suicidio– y la decisión que ha tomado es buscar una nueva fecha para el juicio, sin más represalias para el acusado, que estará en libertad hasta la nueva vista oral.
La hija de Flores, la víctima de esta historia, llevaba esperando cuatro años a que su padre se sentará en el banquillo de los acusados para responder por sus violaciones, palizas y vejaciones.
Alta voluntaria y fuga
Según las fuentes consultadas por este diario, Flores pidió el alta voluntaria en el hospital de Mataró el 2 de julio, tres días después de su ingreso, y ya no regresó a su domicilio de Abrera, en el que había residido hasta entonces junto a su ya expareja. Buscó otro lugar.
Flores es un hombre que se encuentra con la libertad de movimientos restringida: no puede salir del país porque contra él sigue vigente una medida cautelar dictada durante el proceso de instrucción de los supuestos delitos perpetrados contra su hija mientras ambos residían en el domicilio familiar de Viladecans (Baix Llobregat). Pero se ignora en qué parte de España está escondido. Los Mossos d’Esquadra lo están buscando, aunque por otro motivo.
La policía catalana tiene desde hace pocos días una orden de búsqueda y captura contra Flores procedente de un juzgado distinto. Se trata de un juzgado especializado en violencia de género que lo investiga por otra denuncia de malos tratos. Según remarca un portavoz policial, los agentes catalanes actualmente sí están intentando dar con él, pero, hasta la fecha, no han podido localizarlo.
Antecedentes
En 1997 y en 2011 Flores ya fue juzgado por abusar de niñas. Originario de Perú, lleva décadas viviendo en España. Había regentado una tienda de golosinas junto a un colegio de Sant Boi de Llobregat. Gracias a ese negocio entabló contacto con la víctima de 2011. En ambos casos, Flores sí afrontó los juicios, y los perdió. El martes 30 de junio decidió huir.
La fiscalía, por estos hechos pendientes de juicio, acusa a Flores de violar a su hija desde que la niña cumplió los 6 años. En su escrito, el ministerio público subraya que, dado que la madre murió en el parto, la menor se crio con un único progenitor, su padre, que tenía sobre ella una gran ascendencia, un poder que usaba para violarla "con una frecuencia de entre tres y cuatro veces por semana".
Flores, según la fiscalía, por las noches, la violaba. Cuando la menor cumplió 13 años, sostiene la acusación, Flores comenzó a eyacular "fuera de la vagina" por miedo a dejarla embarazada.
Violaciones de noche, golpes de día
Flores violaba a su hija durante la noche y, según remarca el ministerio público, la maltrataba durante el día. "Le pegaba con el cinturón, le daba azotes en las piernas, en los brazos y en la espalda, le propinaba puñetazos y manotazos en la cabeza y en el tórax y le arrojaba objetos”. La fiscalía mantiene que Flores, en alguna ocasión, llegó a arrastrar a la niña por el suelo, a abroncarla por haberse comido una lata de atún sin su permiso o dejarla encerrada en el domicilio.
La violencia física de Flores contra su hija fue tal, según la víctima, que se perdió una semana de curso de 2º de ESO porque tenía la cara llena de moratones. El escrito también subraya que este padre insultaba y humillaba a su hija.
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