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Estimación

Las presas de las cuencas internas retienen cada año más de un millón de toneladas de sedimentos

Un estudio encargado por la ACA señala cuánto material deja de avanzar por la intervención humana: identifica el Ter, el Llobregat, el Foix y el Gaià como las cuencas más afectadas

Catalunya abrirá compuertas en los embalses del Ter y el Llobregat para recuperar las playas

La presa del embalse de Sau.

La presa del embalse de Sau. / LOURDES CASADEMONT / ACN

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Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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Los ríos de las cuencas internas de Catalunya dejan de transportar cada año hacia sus tramos bajos y las playas más de un millón de toneladas de arenas y gravas como consecuencia de la intervención humana. Es la estimación de un informe encargado por la Agència Catalana de l'Aigua (ACA) al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, que analiza hasta qué punto las presas, los azudes, las canalizaciones y otras transformaciones interrumpen el movimiento natural de los sedimentos.

El documento compara la cantidad de fangos que actualmente llega al litoral desde cada río con la que se transportaría en ausencia de las infraestructuras y la actividad humana. "En los trabajos se incluyó una estimación realizada con cálculos matemáticos de los sedimentos que llegan desde cada cuenca a la costa", explica Albert Rovira, técnico de la ACA. La suma de los principales sistemas estudiados alcanza las 1.064.705 toneladas anuales, lo que equivaldría al peso de un millón de coches.

Mapa de visualización

La cuenca del Llobregat encabeza la lista, con 426.380 toneladas retenidas cada año, seguido muy de cerca por la del Ter, con 424.257. A mayor distancia, se sitúa la del Muga, con 131.186 toneladas. Las cifras no proceden únicamente del material acumulado en el fondo de los grandes pantanos. Para elaborar las aproximaciones, los autores estudiaron la bibliografía existente, analizaron fotografías aéreas y localizaron las zonas más sensibles a la erosión y los principales puntos de aportación de materiales y algunas canteras.

Casos singulares

La posición de los pantanos es clave para determinar el grado de afectación sobre la falta de sedimentos. En el Ter y el Llobregat, los grandes embalses se encuentran principalmente en la cabecera, por lo que numerosos afluentes siguen aportando materiales una vez superadas las presas. Esto no impide que ambas cuencas concentren, por su tamaño, las mayores cantidades de sedimentos retenidos.

Vista desde la Torre Mirador de Cal Francès de la desembocadura de la riera de Sant Climent y la playa de Viladecans, en el delta del Llobregat, donde está previsto aplicar crecidas controladas inspiradas en el modelo del río Ebro para favorecer el aporte de sedimentos en la desembocadura. A 5 de agosto de 2026. Sociedad. AUTOR: MANU MITRU

Desembocadura de la riera de Sant Climent, uno de los brazos del Llobregat. / MANU MITRU / EPC

En proporción, destaca la situación de dos ríos, el Foix (12.342 toneladas de sedimentos bloqueados al año) y el Gaià (4.790), cuyos embalses se encuentran cerca de los tramos finales de los ríos y cortan el recorrido de los materiales hacia la desembocadura. A pesar de que se trata de cuencas más bien pequeñas, la ubicación de las presas hace que estos dos casos sean sensibles. "En el Foix, se realizaron batimetrías y también un estudio sobre la acumulación de sedimentos", expone Rovira. En el Gaià, se llevó a cabo un trabajo similar y se han impulsado actuaciones ambientales para restaurar el tramo bajo del río y su desembocadura. En el Tordera, un río que no tiene una presencia destacada de embalses, se retienen unas 25.850 toneladas de sedimentos cada año.

Los embalses, no obstante, no son la única causa que frena el transporte sedimentario. "También influye el cambio en los usos del suelo", advierte Rovira. El abandono de los campos de cultivo y el aumento de la superficie forestal han extendido la cobertura vegetal, que protege el suelo de la erosión e impide que una parte de las arenas llegue, primero, a los cauces y, después, a la desembocadura. A esta transformación se suman los cambios en el régimen de precipitaciones. La lluvia puede caer de una manera más intensa y concentrada, pero las crecidas son más cortas y presentan una dinámica distinta a la de décadas atrás, expone el informe. Esto modifica la erosión del terreno pero también la capacidad de los ríos para arrastrar y distribuir los materiales aguas abajo.

Nueva red

Para conocer mejor todos estos procesos, la ACA prevé crear una red de seguimiento de la morfodinámica de los ríos. "Queremos poner en marcha un sistema para realizar un control más detallado de los sedimentos", sostiene Rovira. El objetivo será medir cuánto material circula en suspensión, identificar los puntos donde queda retenido y comprobar si las medidas adoptadas permiten recuperar una parte de su tránsito natural.

La recuperación de los sedimentos también pasa por cambiar la forma en la que se han canalizado los ríos. La ACA estudia rebajar o retirar algunas motas (diques de tierra construidos junto con el lecho para contener el agua y evitar que se desborde hacia terrenos adyacentes). La idea de estas actuaciones basadas en la naturaleza y que ya se aplican en puntos del Ebro es que los cauces puedan expandirse lateralmente durante una crecida, reduciendo la velocidad del agua y depositando materiales de forma natural.

Pero este tipo de actuaciones todavía son difíciles de aplicar. Los agricultores de los alrededores del río Tordera, por ejemplo, se han opuesto a la medida y todavía se busca una solución de consenso. ¿Cuál es el argumento para eliminar motas? Cuando una avenida supera una mota, el agua puede inundar los terrenos situados detrás y encontrar después dificultades para regresar al cauce, lo que convierte la inundación en peor. En cambio, si no hay mota, el agua inunda los campos pero regresa más rápidamente al cauce, al no tener obstáculos. A pesar de estos motivos, los agricultores no suelen ver claras estas intervenciones.

Sedimentos en la desembocadura del Ter, tras el temporal Gloria.

Sedimentos en la desembocadura del Ter, tras el temporal Gloria. / El Periódico

"Las motas generan una sensación de seguridad entre la población y, cuando se plantea retirarlas, todo son temores", admite Mònica Bardina, jefa del departamento de planificación y restauración del medio de la ACA, que apuesta por realizar "pequeños ejemplos demostrativos".

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