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Empresario social

Andrew Funk, de estar en la calle a emprendedor: "El estrés mata. Dormir en la calle reduce la esperanza de vida"

El estadounidense ha ayudado a más de 3.500 personas sin hogar de todo el mundo: "Detrás de cada rostro en la calle hay una historia y cada historia tiene un nombre"

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Andrew Funk, fundador de la organización para personas sin hogar Homeless Entrepreneur.

Andrew Funk, fundador de la organización para personas sin hogar Homeless Entrepreneur. / Andrew Funk/Instagram

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Goundo Sakho

Goundo Sakho

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El sinhogarismo es una realidad que afecta cada vez a más personas. Según publicó el año pasado Naciones Unidas, al menos 300 millones de personas carecen de vivienda adecuada y, según los datos de la última Encuesta sobre las Personas Sin Hogar del Instituto Nacional de Estadística (INE), que recoge cifras del año 2022, en España hay 28.552 personas sin hogar registradas oficialmente.

Más que un problema humanitario, la magnitud de esta crisis se percibe como una cuestión económica y política. Así lo explica Andrew Funk, un estadounidense de 45 años que, tras pasar más de dos décadas viviendo en España y fundar su propia empresa, perdió su trabajo, su familia y su hogar: "Lo más complicado es cuando te sientes como un número rojo, cuando ya no te sientes como una persona", expresa en el pódcast Roca Project.

Sin ningún sitio donde ir

Funk decidió abandonar su domicilio familiar al ver que su situación económica estaba empezando a afectar a su esposa y a su hijo de nueve meses: "Salí, pero no tenía ningún sitio donde ir [...]. Lo más difícil para mí fue la primera noche fuera: me levanté porque podía escuchar a mi hijo llorar en la otra habitación, pero me di cuenta de que mi hijo no estaba conmigo", recuerda.

No obstante, al cabo de un tiempo, su pareja decidió abrirle las puertas de nuevo, pudo rehacer su vida y, en 2016, gracias a la ayuda de una amiga, fundó Homeless Entrepreneur, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a las personas sin hogar a salir de su situación mediante el empleo, la salud y el desarrollo personal. Según cuenta Funk, ya ha ayudado a más de 3.500 personas en 21 países y 4 continentes.

Dormir en la calle

El hombre es tajante cuando se le pregunta sobre los efectos de dormir en la calle: "El estrés mata. Dormir en la calle reduce la esperanza de vida entre 13 y 30 años".

Y no lo dice por decir. Una investigación, publicada en la revista 'Housing Studies' en 1999, reveló que las personas que duermen en la calle tienen hasta 25 veces más riesgo de morir que la población general.

Asimismo, el Royal College of Nursing señala que la edad media de fallecimiento de una persona sin hogar es de 44 años en hombre y 42 en mujeres.

Ser invisible para los demás

Lo cierto es que el cuerpo humano no está capacitado para soportar este tipo de condiciones: el estrés, el frío y la humedad constantes provocan la pérdida rápida de calor corporal, debilitan el sistema inmunológico y dañan los tejidos de la piel.

Pero el problema va mucho más allá, expone Funk, "el problema es la tercera noche, cuando tu cuerpo no puede más y te quedas frito. Es entonces cuando te roban y te pasan cosas".

Funk reitera que el aspecto más doloroso del sinhogarismo no es la falta de recursos ni la inseguridad, sino la marginalización y deshumanización: "Cuando estás en la calle, te conviertes en alguien invisible, porque te dejan de mirar [...]. ¿Es que las personas sin hogar son invisibles o los demás estamos ciegos? Ciegos o que miramos hacia otro lado", se responde.

Un cambio en el lenguaje

Un estudio, publicado en la 'National Library of Medicine', reconoce que la invisibilidad es una forma de violencia estructural y simbólica, dado que implica la indiferencia, el no reconocimiento y el ostracismo, lo que niega los derechos básicos de las personas: "Les robamos la dignidad al dejar de mirarlas y les devolvemos, a cambio de sus nombres olvidados, la etiqueta de sintecho, indigente o vagabundo", señala Funk.

Homeless Entrepreneur busca empoderar a las personas a través del empleo y la formación. Su filosofía es la de ayudar a quien quiere trabajar y comprometerse a devolver la inversión realizada en su reinserción cuando logre la estabilidad. "Lo que me motiva es salir de una conversación sabiendo que alguien ve la vida un poquito diferente y que podemos mejorar el mundo un poquito más", expresa Funk.

Sin embargo, cree que lo que realmente se necesita para ello es un cambio de lenguaje: "Vagabundo me molesta, no me asocio con ello. Sin hogar jode, porque significa que has perdido todo".

En su lugar, cree que hay que tratar a las personas sin hogar como lo que son, personas: "Detrás de cada rostro en la calle hay una historia y cada historia tiene un nombre".