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Una lacra que no cesa en el mar con demasiados cómplices en tierra

Las mafias del furtivismo vuelven a operar con fuerza en Galicia: "No hay marisco en las lonjas, pero sí en las playas"

La colaboración de Gardacostas y cofradías recupera 160 kilos de almeja en uno de los bancos marisqueros cerrados por cese de actividad

Mientras los profesionales del mar esperan su recuperación, los piratas y sus compradores esquilman las rías

Un miembro de Gardacostas de Galicia en uno de los operativos contra el furtivismo.

Un miembro de Gardacostas de Galicia en uno de los operativos contra el furtivismo. / M. Méndez

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Manuel Méndez

Arousa
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En las últimas semanas se han llevado a cabo diferentes operaciones participadas por Gardacostas de Galicia, vigilantes de diferentes cofradías de pescadores, Policía Autonómica y Guardia Civil tendentes a «dar caza» a los furtivos que están castigando a los bancos marisqueros en las diferentes rías. Y la principal conclusión que puede extraerse es que las mafias del furtivismo están de vuelta.

Aunque no es prudente aportar demasiados datos, dado que hay operativos de vigilancia en marcha con los que se quiere sorprender a los ilegales, y no sería bueno darles pistas al respecto, sí puede recordarse, porque FARO DE VIGO ya lo explicó entonces, que hace apenas diez días los vigilantes de la cofradía mancomunada de San Martiño, con socios de O Grove, Poio, Ribadumia, Sanxenxo y Cambados, se toparon en el entorno de O Facho y Castrelo, entre la costa cambadesa y la isla de A Toxa, unos 160 kilos de almeja extraída ilegalmente que permanecía escondida en sacos a la espera de su transporte clandestino.

La almeja decomisada hace un par de días cerca de A Toxa Pequena.

La almeja decomisada hace un par de días cerca de A Toxa Pequena. / FdV

Ahora puede añadirse que en esa misma zona, a la altura de la isla A Toxa Pequena, vigilantes de varias cofradías y Gardacostas de Galicia, que llevaban muchas noches montando guardia, incluso escondidos entre rocas y en el monte, se incautaron de 228 kilos más de almeja japónica, además de raños y otros útiles.

Salieron huyendo

Sucedió de madrugada, entre el jueves y el viernes, confirmándose la presencia de cuatro furtivos a bordo de una planeadora dotada de motores con gran potencia que se dieron a la fuga en cuanto fueron sorprendidos.

Podrían citarse otros casos de furtivismo en bancos marisqueros que, como los situados en la zona citada, están cerrados por cese de actividad, a la espera de que den fruto los planes de regeneración en marcha.

Pero, como se decía anteriormente, la vigilancia continúa y las investigaciones siguen abiertas, con demasiadas personas implicadas e incluso identificadas a las que no se pueden dar pistas.

Es preciso sorprenderlas con las manos en la masa, para que así puedan aplicárseles castigos más severos que una simple sanción administrativa, sin descartar la posibilidad de poder imputar a algunos por vía penal.

En cualquier caso, lo que está claro es que las mafias del furtivismo vuelven a activarse en Galicia. Cierto es que las capturas ilegales de bivalvos nunca dejaron de existir, pero habían quedado relegadas a un segundo plano debido a la pérdida de productividad de los bancos marisqueros, centrándose la actividad de los piratas de las rías en el centollo, pulpo, nécora, percebe y otras especies de elevado valor comercial.

Útiles decomisados en el operativo entre Cambados y O Grove.

Útiles decomisados en el operativo entre Cambados y O Grove. / FdV

Pero una cosa son esas capturas relacionadas con la pesca ilegal, practicadas por el llamado «furtivo legal», que, aunque parezca contradictorio, es como se conoce a quienes esquilman los recursos aprovechándose de sus permisos de explotación y demás beneficios que tienen como profesionales del mar, y otra bien diferente es el furtivismo organizado y/o profesional.

En este apartado se integran las redes de explotación que buscan el beneficio económico ilícito mediante la venta masiva de piezas o especies en veda o, como en el caso de la almeja y el berberecho, sometidas a planes de gestión dependiente de cofradías u organizaciones de marisqueo a pie y a flote.

Vigilantes de la cofradía San Martiño en Castrelo.

Vigilantes de la cofradía San Martiño en Castrelo. / Noé Parga

Esas son las mafias que ahora vuelven a operar en la comunidad, casi siempre aprovechándose del «furtivo marginal», que vienen a ser ciudadanos con carencias de integración social y necesidades económicas que también pueden actuar por su cuenta o riesgo, pero que encuentran amparo y dinero fácil en las redes organizadas.

Esto es, hay que insistir, lo que está ocurriendo en Galicia, tal y como confirman a FARO DE VIGO diferentes miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad, vigilantes y biólogos de cofradías de pescadores, mariscadores y efectivos de Gardacostas de Galicia, cuya labor está resultando crucial para, al menos, evitar que las rías se conviertan en una jungla sin ley.

Cuando hace dos décadas se daban los primeros pasos para tipificar esta lacra como delito, el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil ya explicaba en el informe «El furtivismo marino y su incidencia en la Comunidad Autónoma de Galicia», encargado por la Fiscalía General, que los furtivos marginales son «personas que, por sus circunstancias personales, se encuentran en alguna situación de falta de integración social, por presentar psicopatologías adictivas y comportamientos y conductas de desarraigo tales como toxicomanías, alcoholismo, desempleo crónico por falta de adaptación y similares».

«Furtivos marginales»

Esos mismos «furtivos marginales» son los que ahora actúan de nuevo. Y que nadie dude de que pueden causar más daño que hace veinte años, porque actualmente ya no existe la abundancia de antaño y el marisqueo está al ralentí en Galicia, sometido a planes de recuperación tras los daños sufridos con las riadas de 2023 y la puntilla que supuso para los bivalvos el tren de borrascas del pasado invierno, cuando el brutal descenso de la salinidad remató a un sector productor ya castigado por la subida de la temperatura del agua, deficientes planes de gestión, aumento de depredadores y otros males.

Sacan tajada

Lo que está ocurriendo, en definitiva, es que mientras se afrontan cierres o ceses de actividad, a la espera de que la almeja y el berberecho crezcan lo suficiente para regresar a las lonjas, los furtivos sacan tajada, y aprovechan que los mariscadores están parados para atacar sus bancos y colocar producto en los mercados o incluso venderlo a para su resiembra.

Dicho de otro modo, que «no hay marisco en las lonjas, pero sí en las playas, de ahí que los furtivos vayan en aumento», confirman tanto productores como depuradores y comercializadores.

Consumidores cómplices

Los mismos que ponen el dedo en la yaga cuando señalan a los consumidores que compran producto a los furtivos que se pasean puerta a puerta con bolsas de almejas en la mano que venden tirando los precios. Al igual que cuestionan a los restauradores en cuyos negocios se despachan bivalvos también adquiridos en el mercado negro.

Situaciones que llevan a la Consellería do Mar, dirigida por Marta Villaverde, no solo a redoblar esfuerzos en esta lucha a través de Gardacostas de Galicia, sino también a hacer el enésimo llamamiento a la colaboración de todos, porque solo evitando la complicidad con los piratas de las rías será posible acabar con el furtivismo y evitar que acabe arruinando por completo a un sector, el del mar-industria, que atraviesa, quizás, el peor momento de su historia.

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Fuente: Faro de Vigo

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