Estudio científico
Comer más proteína no es siempre mejor: para la mayoría de la población, reducir su ingesta puede favorecer un "envejecimiento más saludable"
Una revisión de estudios internacionales concluye que, al contrario de lo que proclaman muchos gurús de la nutrición, el exceso de proteínas puede resultar contraproducente para la población sedentaria
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Diferentes tipos de proteínas saludables, incluyendo salmón y legumbres, en una imagen de archivo. / JCOMP. FREEPIK

El consumo de proteínas es esencial para nuestra salud, pero, lejos de lo que pregonan muchos gurús de la alimentación y del deporte, que recomiendan consumir grandes cantidades de alimentos proteicos, la ciencia recuerda que no estamos ante ningún santo grial y que, de hecho, su ingesta excesiva no es buena para la salud. Una revisión de más de 350 estudios internacionales sobre esta cuestión afirma que, para la gran mayoría de la población, especialmente las personas sedentarias, un exceso de proteínas podría hacer más daño que bien. Y que, en cambio, reducir moderadamente la ingesta de proteínas podría activar mecanismos biológicos asociados con un envejecimiento más saludable y hasta prolongar la esperanza de vida. Para los expertos, la conclusión es clara. "La proteína no es el enemigo, pero tampoco una solución universal", afirman los científicos detrás de este trabajo.
Los científicos advierten de que el auge de alimentos 'proteicos' no siempre se traduce en beneficios para la salud y recomiendan adaptar el consumo a cada individuo
El trabajo, publicado este viernes en la revista científica 'Cell Press Blue', llega en un momento en el que muchas guías nutricionales han incrementado las recomendaciones de proteína para determinados grupos de población. En Estados Unidos, por ejemplo, recientemente se ha propuesto elevar la ingesta diaria hasta 1,6 gramos por kilogramo de peso corporal, casi el doble de las recomendaciones tradicionales. Los autores consideran que estas recomendaciones no solo carecen de evidencia científica, sino que, en muchos casos, pueden resultar contraproducentes. El análisis, de hecho, indica que según la evidencia científica disponible solo se debería recomendar aumentar el aporte proteico a deportistas, mujeres embarazadas y personas mayores con riesgo de pérdida. Pero más allá de estos, afirma el trabajo, los estudios indican que "la mayoría de los adultos sedentarios probablemente no obtienen beneficios adicionales consumiendo productos enriquecidos con proteínas".
"Está claro que la proteína favorece el crecimiento muscular y mejora la respuesta al ejercicio en personas activas. Pero como la mayoría de la población es relativamente sedentaria, muchas personas están consumiendo más proteínas de las que necesitan"
El auge de los alimentos enriquecidos con proteínas, desde yogures hasta cervezas, ha contribuido a instalar la idea de que "más proteína" equivale automáticamente a "más salud". Sin embargo, esta revisión científica sugiere que esa afirmación, a parte de tramposa, no puede aplicarse a toda la población. Pero lejos de demonizar este nutriente, los investigadores proponen abandonar las recomendaciones universales y adaptar la ingesta a las necesidades reales de cada individuo para entender realmente a qué perfiles y en qué momento se recomienda aumentar su ingesta y cuándo, en cambio, vale la pena reducirla. "Está absolutamente claro que la proteína favorece el crecimiento muscular y mejora la respuesta al ejercicio en personas activas. Pero como la mayoría de la población es relativamente sedentaria, muchas personas probablemente están consumiendo más proteínas de las que realmente necesitan, y eso podría tener consecuencias negativas para la salud", explica el investigador Dudley Lamming, autor principal del trabajo.
Explicación científica
Durante décadas, la investigación ha demostrado que restringir las calorías puede retrasar el envejecimiento y reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad, como algunos tipos de cáncer. El problema es que mantener una dieta hipocalórica durante largos periodos resulta muy difícil para la mayoría de las personas. Es ahí donde algunos expertos afirman que la restricción de proteínas podría convertirse en alternativa más viable. Diversos estudios en moscas, gusanos y roedores han demostrado que reducir únicamente las proteínas sin disminuir el aporte energético total podría ser una vía para aumentar la longevidad. Además, varios ensayos clínicos recientes en humanos han observado que una menor ingesta proteica puede reducir el peso corporal, disminuir la grasa acumulada y mejorar el control de la glucosa en sangre, incluso cuando los participantes consumen más calorías.
Los expertos abogan por abandonar las recomendaciones universales de proteína y adaptar la ingesta a las necesidades reales de cada persona y momento vital
Según los investigadores, estos efectos se explican porque limitar las proteínas modifica la forma en que las células detectan la disponibilidad de nutrientes, mejora el metabolismo, reduce el daño celular y ayuda a preservar el funcionamiento de los tejidos durante el envejecimiento. Uno de los mecanismos mejor estudiados implica a la hormona FGF21 (factor de crecimiento de fibroblastos 21), cuyos niveles aumentan cuando el organismo detecta una menor disponibilidad de proteínas. Esta hormona incrementa el gasto energético, mejora el metabolismo de la glucosa y reduce la inflamación. En modelos animales, los ratones con niveles elevados de esta hormona vivieron más tiempo que aquellos con concentraciones normales. Algunos estudios en humanos también indican que este fenómeno también se da en personas que realizan poca actividad física.
"El mensaje razonable es consumir una cantidad adecuada, no necesariamente máxima, prestando atención a la calidad y procedencia de los alimentos y adaptándola a cada persona"
Según argumenta José M. Ordovás, investigador senior en el Centro de Investigación Jean Mayer sobre Nutrición Humana y Envejecimiento, "este trabajo sirve como contrapeso a la idea, cada vez más extendida, de que más proteína siempre es mejor" y sugiere que "las necesidades de ingesta cambian con la edad, la actividad física, el estado nutricional y la situación clínica". En este sentido, tal como relata el especialista en declaraciones al Science Media Center, "no deberíamos sustituir el eslogan "más proteína es mejor" por otro igualmente simplista como "menos proteína alarga la vida" sino que el mensaje razonable es consumir una cantidad adecuada, no necesariamente máxima, prestando atención a la calidad y procedencia de los alimentos y adaptándola a cada persona".
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