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Pla Alfa

Más del 90% de Catalunya se encuentra en riesgo alto, muy alto o extremo de incendio

Se activa el nivel 4 de riesgo extremo en comarcas como Noguera y Pallars Jussà, prohibiendo el fuego en espacios abiertos

DIRECTO | Incendios forestales en España hoy, en directo: última hora de la situación de los fuegos activos en Vall d'Uixó, Madrid y Zamora

Un helicóptero durante las labores de extinción de un incendio.

Un helicóptero durante las labores de extinción de un incendio. / Lorena Sopêna / Europa Press

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Cristina Sebastián

Barcelona
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Catalunya afronta este jueves una de las jornadas de mayor riesgo de incendios forestales del verano, en un contexto marcado por las altas temperaturas y el inicio de una nueva ola de calor. La última actualización del mapa del Pla Alfa, el procedimiento operativo de la Generalitat para establecer el nivel de riesgo de incendio forestal en Catalunya, indica que el 93,3% del territorio presenta un nivel alto, muy alto o extremo de peligro, una situación que afecta a casi todas las comarcas catalanas y que obliga a extremar las medidas de prevención.

Alrededor de 29.950 kilómetros cuadrados de los 32.107 que conforman la superficie de Catalunya se encuentran en los niveles 2, 3 y 4 del Pla Alfa, las categorías de mayor riesgo previstas por el operativo.

Zonas con mayor riesgo

El mapa del Pla Alfa sitúa el nivel 4, de riesgo extremo, en el 36,8% del territorio de Catalunya, principalmente en el interior y el Prepirineo occidental. Las zonas principales que han alcanzado este nivel se encuentran en las comarcas de Noguera, Pallars Jussà, Solsonès y Alt Urgell. También destacan importantes áreas de Bages, Segarra, Anoia, Conca de Barberà, Priorat y Ribera d'Ebre, algunas de ellas con restricciones de acceso a espacios naturales debido a la elevada probabilidad de que se produzca un incendio y a la rapidez con la que este podría propagarse.

En el nivel 3, que supone un riesgo muy alto de incendios y afecta al 27,6% de la superficie catalana, se encuentran buena parte de las comarcas centrales y del interior de Tarragona, como Osona, Lluçanès, Garrigues, Terra Alta, Alt Camp y Selva. En las zonas en las que se activa este nivel se intensifican las medidas preventivas y quedan prohibidas actividades que puedan provocar incendios. Entre ellas se encuentra la prohibición de encender fuego en cualquier espacio abierto, la suspensión de las autorizaciones para realizar quemas agrícolas y forestales y las restricciones en el uso de maquinaria o herramientas capaces de generar chispas o descargas eléctricas en terrenos forestales o en una franja de 500 metros a su alrededor.

Riesgo elevado en el litoral y el Pirineo oriental

El nivel 2, considerado de riesgo alto, está presente ya en el 29% de Catalunya y predomina en buena parte del litoral y prelitoral, incluyendo el entorno metropolitano de Barcelona y comarcas como Baix Llobregat, Garraf, Baix Penedès, Tarragonès, Baix Camp y Montsià, además de varias zonas de las comarcas de Girona, como Garrotxa, Pla de l'Estany y Gironès.

Aunque este nivel implica un riesgo inferior al de las categorías 3 y 4, las autoridades insisten en que las condiciones siguen siendo favorables para la aparición y propagación de incendios, especialmente durante las horas centrales del día, cuando las temperaturas alcanzan sus valores máximos.

Las áreas en nivel 1 o 0 son ya muy reducidas y se concentran principalmente en la Vall d'Aran, algunos sectores del Ripollès, Alt Empordà y Baix Empordà, así como en municipios aislados del área metropolitana de Barcelona y del Camp de Tarragona.

La ola de calor aumenta el riesgo de incendio

España atraviesa actualmente la cuarta ola de calor de este verano que se alargará como mínimo hasta la semana que viene. Se prevé que las temperaturas superen los 40 grados en algunos puntos del nordeste, centro y sur de la Península y aumente considerablemente el riesgo de incendios.

Las temperaturas extremas secarán aún más la vegetación y aumentarán la facilidad con la que cualquier pequeño fuego puede convertirse en un incendio de rápida propagación. A este escenario se suma la entrada de viento que, aunque no se prevé especialmente intenso, puede contribuir a reactivar los frentes de fuego, modificar su comportamiento y complicar las labores de extinción. Además, el calor extremo supone un desafío añadido para los servicios de extinción, ya que reduce el tiempo durante el que los efectivos pueden trabajar de forma continuada sobre el terreno.

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