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El desastre de los incendios

Evacuar a la gente en una catástrofe: así se organiza y así lo dificulta la ausencia de planes

Los bomberos y equipos de rescate topan con el eterno problema de la falta de perímetros de seguridad y de planes de evacuación en pedanías y urbanizaciones

Vecinos realojados en el el polideportivo municipal de Villamanta (Madrid), procedentes de localidades desalojadas por los incendios.

Vecinos realojados en el el polideportivo municipal de Villamanta (Madrid), procedentes de localidades desalojadas por los incendios. / José Luis Roca

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Juan José Fernández

Juan José Fernández

Madrid
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Esta vez no son montes olvidados en la España vaciada, sino lugares densamente poblados entre pinares, castañares y alcornocales. El megaincendio de la sierra noroeste de Madrid, el Valle de Iruelas en Ávila y el Valle del Tiétar en Toledo - también el de la sierra de Espadán, en Castellón- tiene una triple característica común:

Una, arden zonas en las que el desarrollo urbanístico no son las viviendas de los lugareños, sino segundas residencias de vecinos de grandes ciudades e instalaciones turísticas, campings y casas rurales... en pleno verano, cuando la población de lo que era un vergel se multiplica por tres.

Dos, por la riqueza de pastos y por tradición, abundan las explotaciones ganaderas dispersas y adentradas en campos, pero sin la ayuda del mosaico interceptor del fuego que producen los sembrados.

Y tres: por esas dos características anteriores las autoridades han tenido que afrontar el problema añadido de evacuar o confinar a 89.763 personas en la zona centro y 16.000 en Castellón. La situación tiene pocos precedentes en cantidad de vecinos y en extensión geográfica de la zona sometida a medidas excepcionales. El último parte del Ministerio del Interior señala este domingo 39 poblaciones bajo orden de evacuación en la Comunidad de Madrid y las provincias de Ávila y Toledo, y siete localidades más en ese ámbito sobre las que pesan instrucciones de confinamiento.

Órdenes para que nadie quede atrás

El protocolo que llevan las patrullas de la Guardia Civil en sus misiones de evacuación arranca por una comunicación clara de la orden, con megafonía, o casa por casa si es preciso. A la gente se la instruye, si da tiempo, a que lleve en una mochila lo justo: llaves, documentación imprescindible, medicación, móvil, cargardor del móvil y dinero en metálico.

Los vecinos reciben la instrucción de dejar abiertas las puertas de las fincas o jardines, para permitir el paso de los bomberos si es preciso.

Destilado por la experiencia, el personal de Protección Civil cuenta con un modus operandi que le alecciona para tratar de evitar que la gente caiga en errores comunes durante las evacuaciones como la tentación, a veces trágica, de coger el ascensor. Así, tratan de extender una sensación de calma para que la gente actúe "con serenidad, sin correr ni gritar", explica un manula de la Escuela Nacional de Protección Civil. Para sus técnicos, la evacuación misma en un punto concreto, y tras la recepción de un mensaje ES Alert en los móviles, comienza en el momento en que se difunde el mensaje oral con orden de salir.

Un vecino desalojado de una pedanía del incendio de Madrid duerme en el suelo, agotado, en el polideportivo de Villamanta.

Un vecino desalojado de una pedanía del incendio de Madrid duerme en el suelo, agotado, en el polideportivo de Villamanta. / José Luis Roca

En ese proceso, el personal se esfuerza en que el contingente evacuado utilice solo las vías habilitadas por el mando para salir del pueblo, una urbanización o un área precisa, evitar la dispersión que luego pudiera multiplicar la dificultad del rescate. A menudo, se hace también prohibiendo el uso del coche particular, para evitar atascos.

De la misma forma, los técnicos tratan de evitar que los evacuados se agolpen en un punto de la salida, pero sí buscan que se cumpla con la instrucción de verse en los puntos de reunión, que son claves para dos funciones: el triaje de heridos o de necesidades psicosociales y, sobre todo, el recuento para que los servicios de emergencias estén seguros de que nadie quedó atrás.

Cómo se decide evacuar

"Las instrucciones de las fuerzas de seguridad no son sugerencias, hay que cumplirlas", insiste el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, desde que, en el siniestro de Los Gallardos (Almería), los guardias civiles que trataban de evacuar zonas aisladas y dispersas se encontraban con la desesperada resistencia de los vecinos a abandonar sus casas y sus granjas.

El Sistema Nacional de Protección Civil tiene integrado un protocolo para las evacuaciones y confinamientos en caso de catástrofe natural. Ese protocolo se articula en tres niveles: municipal, provincial y autonómico, dependiendo de la extensión de la zona afectada, y vincula a los despliegues de Guardia Civil, Policía, Mossos u otros cuerpos.

Desalojo de vecinos entre Almorox (Toledo) y Villa del Prado (Madrid) por la Guardia Civil el pasado día 22.mp4

IGAT

Toda la cascada de acontecimientos de una evacuación surge, antes que nada, de la determinación de la gravedad de la situación en la mesa de coordinación de la emergencia. La evacuación de población aparecerá siempre cuando ese nivel de emergencia es 2 o 3. La decisión final sobre la evacuación la emite el mando de la emergencia, en este caso el general jefe de la UME. Puede optar por un confinamiento si es más seguro mantener a la gente en un lugar al que no pueden acceder las llamas del monte.

En la decisión influyen detalles como la velocidad y dirección del viento y la existencia de vías suficientes de salida de una zona determinada. En el incendio de Madrid, un ejemplo es el camping de El Escorial. El término de esa localidad madrileña estaba aún lejos de la zona que ardía junto a Robledo de Chavela, pero las autoridades decidieron evacuarlo en la tarde del viernes para evitar que sus 5.000 inquilinos se atascaran en la carretera El Escorial-Guadarrama en caso de urgencia.

"Dejémonos de pamplinas"

Un veterano y reconocido bombero catalán, con experiencia en siniestros urbanos y forestales, se indigna con estos sucesos estivales. "No hemos hecho los deberes, no están claras las fórmulas para proceder a las evacuaciones", denuncia. "A la gente no la puedes machacar cuando trata de defender su casa", apunta tras las situaciones de tensión a las que se ha enfrentado en alquerías, pedanías y urbanizaciones.

Se refiere a la sensación, muchas veces fundada, de los vecinos de que, si abandonan su casa, el riesgo de que se queme aumenta. "Y sí, puede ser que, si se quedan, pueden apagar con la manguera o con un cubo o a pisotones un conato de fuego que, si se deja, se podría hacer con la casa, pero..." Su pero se refiere a la gran disyuntiva de la evacuación: pesa en el criterio de las autoridades una prioridad aplastante: salvar vidas antes que propiedades.

De todas formas, "dejémonos de pamplinas: ¿dónde están las instrucciones de seguridad de las urbanizaciones?", clama a este diario, cansado, el veterano de la extinción de incendios, que tantas veces ha llegado a una urbanización y se ha encontrado con que nadie sabe nada, ni hay ficha elaborada. "No vale que haya estudios, tiene que haber una ficha, vale un plan público y accesible, que diga: 'Se evacúa por aquí', 'el punto de reunión es este...'. Si el plan no es público, no hay nada; si no se conoce ni se puede acceder a él, es que no hay plan y punto".

Un Real Decreto de noviembre de 2013, el 893, hizo pública la "Directriz básica de planificación de protección civil de emergencia por incendios forestales". Esa ley establece como obligatoria la existencia en cada urbanización de "planos de situación de la zona así como de vías de acceso y paso, depósitos y tomas de agua, extintores portátiles, vías de evacuación y lugares de concentración para caso de evacuación".

Incide este profesional consultado por EL PERIÓDICO en que, además, "si no se tiene buena comunicación", todo el trabajo queda comprometido. A menudo llegan los efectivos a zonas sin 5G, o donde solo opera, como mucho, una compañía telefónica. Se lamenta: "Hay quienes quieren que el monte no se toque nada, que no se instalen antenas de telefonía, que todo permanezca salvaje, pero cuando llega la emergencia..."

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