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Fenómeno astronómico

¿Cómo de especial será el supereclipse solar del 12 de agosto? Todos los antecedentes desde 1900

Aunque los eclipses han nutrido a la ciencia durante siglos con conocimientos sobre el universo y los astros, hoy el interés es más bien sociocultural

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Seguimiento de un eclipse.

Seguimiento de un eclipse. / LAURA GUERRERO

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Ona Sindreu Cladera / Laura Cercós Tuset (Verificat)

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Los baleares, catalanes, valencianos, castellanos, vascos, cantábricos y gallegos se encuentran entre el afortunado 0,19% de la población mundial que podrá ver cómo el Sol es cubierto por completo por la Luna en el esperadísimo eclipse solar del 12 de agosto. Un acontecimiento que ha levantado mucha expectación entre los medios de comunicación y toda la población. Tanta, que hasta el Govern balear restringirá el acceso a la Serra de Tramuntana. Pero, ¿hasta qué punto estamos a punto de vivir un fenómeno excepcional?

“Será un eclipse total como muchos otros”, explica a Verificat Kike Herrero, director del Observatori del Montsec, quien lo compara con el que se vio desde Estados Unidos en 2024. “No hay nada concreto que lo haga especial, excepto la singularidad de que se verá desde aquí”.

Un eclipse cada 16 meses

Así, la excepcionalidad del eclipse solar total de este agosto no la explica la astronomía, sino el calendario: a pesar de que en el mundo ha habido un eclipse de estas características aproximadamente cada 16 meses, la última vez que lo vimos desde la Península Ibérica fue hace más de un siglo.

De hecho, en los primeros años del siglo XX se enlazaron tres eclipses totales, según el registro de Time and Date, una plataforma que aglutina información sobre husos horarios, calendarios oficiales y eclipses. 

El primero, en mayo de 1900, empezó a verse en Porto, luego en Castilla y Alicante, antes de contemplarse desde todo el Magreb. El segundo, en agosto de 1905, se vio desde Asturias hasta las Baleares, e incluso desde el sur de la Península Arábiga. 

Visualización de dispersión

El de abril de 1912, aquí solo fue visto primero desde Portugal, León y Asturias y luego a través de toda Europa para finalizar en Siberia. En la hemeroteca, la fascinación por este eclipse compartió páginas con la tragedia del 'Titanic', naufragado tan solo dos días antes.

Desde entonces, sequía de eclipses totales en la Península que, en cambio, ha sido afortunada con 15 eclipses parciales, donde la Luna tapa una parte del Sol. Un fenómeno más fácil de ver, ya que no requiere encontrar-se en el ancho de menos de 200 kilómetros donde se ve la alineación perfecta, como ocurre con el eclipse total, sino que se puede observar desde continentes enteros con parcialidades distintas.

Visualización de pictogramas.

Los próximos eclipses

Tras un siglo sin que el Sol desaparezca por completo para los peninsulares, se acerca una racha inédita: en menos de un año veremos dos eclipses solares totales. Además del del 12 de agosto de este año, el verano que viene tendremos otro: será el 2 de agosto de 2027, aunque menos gente lo podrá gozar. Empezando en el Atlántico y muriendo en el Índico, en España solo será visible desde el sur de Andalucía y las ciudades autónomas. 

Eclipse ordinario, ilusión social

Aunque hoy el eclipse tiene más interés social y divulgativo que de investigación científica, como explica Herrero, no siempre ha sido así. Tras siglos de relacionarse con los eclipses desde la mística y la religión, los humanos hemos aprendido mucho mirando al cielo en estos momentos. Desde profundizar en los conocimientos sobre nuestra estrella (los griegos confirmaron así que la Luna estaba más cerca que el Sol, explica National Geographic) hasta confirmar una de las predicciones de la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

Lo consiguió el astrónomo Arthur Eddington en el eclipse total de 1919. Fotografiando el cielo, vio que las estrellas de alrededor del Sol quedaban aparentemente desplazadas, algo que solo sería posible si la gravedad afectara a la luz, tal como había teorizado el científico alemán. Sin el cielo a oscuras habría sido imposible verlo, relata la física Noelia Freire, divulgadora en la revista científica. 

Hoy, muchos de estos experimentos se podrían hacer sin necesidad de un eclipse, y el interés se ha desplazado de los astros hasta las personas que los miran. Herrero explica que hoy es más interesante estudiar el comportamiento colectivo, o sus impactos socioeconómicos o culturales.

Ciencia ciudadana para estudiar nuestra reacción

Precisamente, un proyecto del centro de investigación del Vall d’Hebron y del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya junto con el Govern quiere estudiar “la reacción humana ante un fenómeno astronómico excepcional como lo es un eclipse solar total”, según explica el comunicado del proyecto Solaris.

El estudio analizará la frecuencia cardíaca y las respiraciones antes, durante y después del eclipse. Un ejemplo de ciencia ciudadana: aunque la conducirá un grupo de investigadores, usará datos anónimos recogidos por voluntarios con sus relojes inteligentes.

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