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Proyecto europeo

Europa convierte el Moianès en un laboratorio sobre cómo talar árboles para frenar grandes incendios

El proyecto comunitario, que experimenta con diferentes tipos de gestión e incluye propietarios, ambientalistas, científicos, ganaderos y técnicos, se centra también en preservar la biodiversidad de los bosques mediterráneos

MULTIMEDIA | Objetivo bosques: ¿Es viable lograr bosques maduros?

Europa convierte el Moianès en un laboratorio sobre cómo talar árboles para frenar grandes incendios

Thomas Baertl / Centre de la Propietat Forestal

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Guillem Costa

Guillem Costa

Castellterçol
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"Poseer un bosque es como tener un pelo largo y bonito: para mantenerlo, hay que llevarlo a la peluquería e ir cuidándolo y cortándolo de forma periódica", explica Antoni Masferrer, propietario de una arboleda, 'La Noguera', en la localidad de Castellterçol, situada en el corazón del Moianès. Desde hace unos meses, un potente proyecto europeo guía los pasos que los trabajadores forestales deben seguir a la hora de talar árboles y trata de responder a preguntas como las siguientes: ¿cuáles conviene dejar en pie y cuáles no? ¿Cuánta cantidad de madera se debe extraer y cuánta puede dejarse en el interior del bosque una vez cortada? ¿Qué hay que hacer con los pinos albares que murieron tras la última sequía?

Imagen de Moianes
Imagen de Moianes

El plan forma parte del laboratorio demostrativo llamado Transformit, financiado por la Unión Europea con siete millones de euros, y que se desarrolla en diferentes lugares del continente como Finlandia, Suiza, Francia, Croacia, Austria y Eslovaquia. En el altiplano del Moianès, el séptimo enclave de los bosques escogidos, se han seleccionado 30.000 hectáreas, entre las cuales hay espacios protegidos como los Cingles de Bertí, Gallifa y la Riera de Muntanyola.

¿Pero qué se está haciendo exactamente en estos terrenos forestales? Se han empezado a realizar talas de árboles pensando, principalmente, en tres objetivos: adaptar los bosques a la realidad climática, poder frenar incendios forestales (o al menos rebajar su potencial) y conservar la biodiversidad de la zona.

Mapa de ubicación interactivo.

Teresa Baiges, responsable de innovación y transferencia del conocimiento del Centro de la Propiedad Forestal de la Generalitat (CPF), admite que se trata de un "reto mayúsculo". "A día de hoy no disponemos de muchas iniciativas que integren criterios de biodiversidad y amoldamiento al cambio climático", sostiene. "Lo que estamos haciendo en el Moianès puede ser un gran ejemplo porque testeamos las diferentes prácticas de gestión en el contexto mediterráneo, muy diferente al de otros bosques de Europa", añade.

Comarca de transición

Aun así, cabe decir que el Moianès es un lugar todavía más complejo, puesto que no es el caso canónico de paisaje mediterráneo. Pilar Clapers, miembro de el grupo ecologista El Fanal, lo define así: "Nuestra comarca es un lugar de transición, a medio camino entre el Prepirineo y el monte mediterráneo".

"Tenemos bosque de pino albar, pero también pino negro, robledos y, a la vez, pinares jóvenes que son el resultado de la expansión natural del bosque tras el abandono de antiguos pastos y cultivos", añade. Mientras lo explica, señala un imponente roble que preside la entrada en la finca de Masferrer. "Todos teníamos claro que este árbol, por ejemplo, no se podía talar bajo ningún concepto; es un poderoso refugio de biodiversidad", destaca Clapers.

Marcaje de árboles.

Marcaje de árboles. / Centre de la Propietat Forestal

Pero este "clima de transición" no era el único aspecto intrincado del territorio escogido como laboratorio. "En la zona, la propiedad se reparte entre muchas personas que ostentan una pequeña parte de cada bosque", precisa Baiges. Por este motivo, el Centro de la Propiedad Forestal decidió crear una mesa de trabajo en la que participaran tantos actores como fuese posible. Propietarios como Masferrer y representantes del sector ambiental como Clapers (su presencia en la finca evidencia la transversalidad del plan) se reúnen junto con ganaderos, científicos, bomberos y técnicos de la Generalitat para intentar consensuar qué acciones llevar a cabo.

Convencer a todos, sin embargo, no ha sido sencillo. En el Moianès conviven propietarios con una larga tradición de gestión forestal, otros que apenas intervienen en sus fincas y algunos que han heredado recientemente los terrenos y se muestran "más abiertos" a probar nuevas fórmulas. "También están quienes son más reacios y prefieren esperar y ver qué resultados obtienen sus vecinos antes de tomar una decisión", reconoce Masferrer, a quien, convencido de que hay que sacar árboles del bosque, enseguida le pareció bien aceptar el asesoramiento.

Teresa Baiges muestra las parcelas en las que se ha actuado.

Teresa Baiges muestra las parcelas en las que se ha actuado. / El Periódico

El proyecto busca anticiparse a posibles conflictos que tradicionalmente han acompañado a muchas talas. En ocasiones, un propietario decide intervenir en su finca y una entidad ecologista critica después el resultado. "Si se integran todas las voces, podemos avanzarnos a estos problemas y romper la polarización, creando espacios de diálogo", prosigue.

Figura cercana

"Cuesta, pero poco a poco va cambiando la manera de entender cómo se debe tratar el bosque", defiende Baiges. En la comarca, existen algunas agrupaciones de propietarios que han optado por escuchar. "Hay propietarios pioneros, con ganas de trabajar el bosque desde esta nueva mirada", señala Mercè Vilardosa, una figura clave en este proceso. Vilardosa es la técnica forestal asignada a la comarca. Como su trabajo consiste en acompañar a los propietarios, escuchar sus problemas y trasladarles posibles soluciones, los propietarios confían en ella: "No es alguien que venga de fuera sino una persona cercana que conoce el territorio".

Pinos muertos durante la última sequía, ya cortados, ante un bosque gestionado.

Pinos muertos durante la última sequía, ya cortados, ante un bosque gestionado. / Centre de la Propietat Forestal

En la finca de Masferrer, los responsables de Transformit han ensayado varias fórmulas. En una de las zonas se ha retirado prácticamente toda la madera muerta. En otra, situada algo más arriba, se puede ver cómo se ha optado por dejar troncos de dimensiones considerables en el suelo, necesarios para que insectos, hongos, aves y pequeños mamíferos encuentren alimento y refugio. En un tercer espacio se ha aplicado una "solución intermedia": una parte de la madera se ha extraído y otra se ha conservado.

Gestión y reducción de la intensidad

La comparación entre estas parcelas permitirá evaluar cómo evoluciona cada una de ellas, qué tratamiento favorece más la biodiversidad, cuál reduce mejor el riesgo de propagación de un incendio y cómo responde el bosque a futuros episodios de sequía. Josep Maria Espelta, investigador del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales), mientras pasea por una de las parcelas, lanza una reflexión: "Este tipo de proyectos son imprescindibles para mejorar la gestión forestal y demostrar las posibilidades que ofrece el bosque". No se trata únicamente de extraer madera, sino de comprobar sobre el terreno qué actuaciones ayudan a crear masas forestales más resistentes.

Asier Larrañaga, miembro del GRAF (Grupo de Actuaciones Forestales) de los Bombers de la Generalitat, recuerda que los incendios más peligrosos avanzan con especial intensidad cuando encuentran grandes extensiones continuas de vegetación y combustible: "Mantener bosques gestionados es clave para que los bomberos tengamos oportunidades de trabajo cuando se declara un incendio". Las zonas tratadas no impiden el paso de las llamas, pero pueden reducir su intensidad. Una de las complicaciones, a la hora de transmitir qué se debe cortar y qué no, por su valor ecológico y por el tipo de estructura que se pretende dar al bosque, es trasladar los criterios a los trabajadores, a menudo sin apenas formación, que no siempre ejecutan la actuación como estaba prevista.

Al final de la visita, un camión cargado de troncos abandona lentamente la finca de Masferrer. Esta madera, que podrá entrar a formar parte del circuito de la bioeconomía, resume bien el objetivo general del laboratorio que se ha creado en la comarca del Moianès y que la Generalitat no descarta expandir a otros puntos de Catalunya. Cada árbol retirado forma parte de un ensayo más amplio para preparar el territorio ante los incendios, la sequía y el aumento de las temperaturas.

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